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Hacia la I Cumbre CELAC-UE

Una historia entre sonrisas y puñaladas

Santiago de Chile se prepara para acoger la I Cumbre CELAC-UE durante los días 27 y 28 de enero de 2013. Se trata de la séptima versión de la cumbre Cumbre Unión Europea- América Latina y el Caribe, que desde 1999 ha venido reuniendo cada dos años a los mandatarios de ambos continentes.

El nacimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en febrero de 2010, no sólo implicó un cambio en la denominación de la cumbre, sino que ha mostrado que la dinámica misma de este encuentro ha tomado un nuevo cariz, que es posible de constatar si se realiza una evaluación retrospectiva del proceso seguido en los últimos doce años.

Cuando en mayo de 1999 se constituyó en Río de Janeiro la primera cumbre UE-América Latina la iniciativa había partido desde la Comisión Europea que buscaba por medio de la llamada “diplomacia de cumbres” agilizar la agenda externa de la Unión. El objetivo declarado: alcanzar una asociación estratégica bi-regional basada en tres pilares: diálogo político, cooperación y liberalización comercial. El objetivo implícito, pero verdadero motor del proceso: implementar una “Zona Euro Latinoamericana de Libre Comercio”, como contra-oferta europea a la Zona de Libre comercio de las Américas (ALCA) ofrecida por Estados Unidos.

La “diplomacia de cumbres”, nacida en los años 90, se basaba en una idea muy simple: los mecanismos diplomáticos institucionales, basados en la interacción bilateral de embajadores y representantes de alto nivel carece del dinamismo y celeridad que la realidad del siglo XXI demanda. Para ello era necesario que los propios jefes de Estado y de gobierno “busquen caminos expeditos para mejorar las relaciones de sus respectivos países, a través de un mecanismo del más alto nivel de diálogo político... bien de manera directa o a través de encuentros sistematizados” (1). De esta forma las cumbres presidenciales buscarían reducir los tiempos de deliberación colectiva de los Estados por medio de “un mecanismo de consulta abierto que tiene, como aparente contradicción, la de ser un mecanismo multilateral que favorece la bilateralidad” (2).

Un balance general muestra que la UE no logró imponer a América Latina su “Zona Euro Latinoamericana de Libre Comercio” pero bilateralmente consiguió “acuerdos de asociación” con México (1997) Chile (2002) y ahora en 2012 con Centroamérica, Perú y Colombia. En 1999 nada hacía prever que América Latina se iba a resistir con tanta fuerza a la propuesta comercial europea. En ese momento la fiebre por firmar tratados de libre comercio enceguecía a los gobernantes latinoamericanos, que competían por acumular el mayor número de acuerdos. Y a la vez la UE trataba de ser selectiva en sus pactos, tratando de moldear con exquisita precisión los acuerdos de asociación desde sus propias prioridades. Pero con los años los papeles se fueron invirtiendo y la desesperación latinoamericana por firmar, casi a ciegas, lo que la UE pusiera por delante se fue calmando y a la vez la paciencia europea se fue desvaneciendo.

El primer acuerdo que naufragó fue con el Mercosur, que demandó una relación comercial basada en la reciprocidad que la UE no tuvo voluntad de satisfacer. De esa forma, luego de una latencia de las negociaciones entre 2002 y 2007, a partir de 2008 no se ha vuelto a hablar de una acuerdo de asociación Mercosur-UE y las negociaciones entre ambos bloques se han reducido a la implementación de un “Acuerdo marco (...)

Artículo completo: 1 731 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de enero 2013
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Álvaro Ramis

Teólogo, especialista en Ética Aplicada.

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