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Luego de veinte años de espera y del fracaso del modelo

Es tiempo de transformaciones

Este año se cumplen cuatro décadas del golpe de Estado, momento de nuestra historia que no sólo trajo la muerte de más de 3.500 personas y la tortura para millares más, sino también impuso un cambio en las raíces de cada espacio del país: la Constitución y el sistema económico, político y social.

Desde la vuelta a la democracia no se han podido llevar a cabo transformaciones reales en la Constitución y en las bases del modelo existente, los candados impuestos a través de los altos quórum de aprobación, sistema binominal y atribuciones del Tribunal Constitucional han respondido perfectamente a la intención de sus creadores: “Si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque -valga la metáfora- el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella, sea lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil lo contrario”, dijo Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura y fundador de la UDI.

Sin embargo, pareciera que las nulas transformaciones estructurales del sistema no han sido sólo porque no se “ha podido” cambiar, sino también porque los representantes políticos que dicen buscar los cambios no han querido. En especial, la Concertación en dos oportunidades (con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet) tuvo la oportunidad de hacer cambios profundos a la herencia de la dictadura teniendo los quórum necesarios para modificar sustancialmente las instituciones económicas, sociales y culturales, entre ellas la ley de universidades y la ley antiterrorista, pero ha terminado prevaleciendo la visión conservadora y/o neoliberal por sobre avances en derechos sociales.

Lo que observamos es que en estos años se han logrado mejoras en algunas materias como cobertura de algunos derechos, disminución de la pobreza y crecimiento económico, pero también nos hemos convertido en el segundo país del mundo más segregado en educación y seguimos con los niveles más altos de desigualdad. Además pareciera que todo el espacio público se ha transformado en algo privado. Ejemplo de esta pérdida de lo público es lo que vemos día a día en nuestro Banco del “Estado” que lo único que busca es autofinanciarse y generar una mayor lógica de consumo y endeudamiento. Otro es nuestro canal estatal Televisión Nacional de Chile (TVN) que en vez de buscar generar cultura termina respondiendo a los dictámenes del raiting y lo que se ha transformado en un experimento único a nivel mundial. Nuestra educación “pública” desfinanciada por parte del Estado y seleccionando estudiantes por nivel socioeconómico a través de financiamiento compartido (con una discriminación de precios casi perfecta), terminando en lógicas mercantiles para lograr financiarse.

Lógica mercantil

Hoy cada espacio público o comunitario está bajo el influjo de la lógica privada o mercantil, priorizando siempre lo individual sin considerar el impacto colectivo que esto genera. Se ha llegado a decir que “hay que dejar la libertad de que las familias paguen la educación”, pero esa “libertad” limita el ingreso a la educación para quien no puede pagarla, por lo tanto se transforma en una libertad definida en relación al patrimonio propio y no en función de la libertad de elegir que supuestamente se pregona.

En el sistema político, vemos cómo la ciudadanía ha perdido poder, y finalmente el ejercicio democrático ha terminado respondiendo a una validación de negociaciones y transacciones entre dos coaliciones de poder. La lógica mercantil, ha inundado cada espacio donde estamos insertos, desde nuestros derechos sociales que son comprendidos como bienes privados hasta las relaciones familiares, donde las cosas se han trastocado a tal punto que lo principal hoy es asegurar un incremento en el patrimonio o directamente producir riqueza y cada acto de cariño se ha visto cercado por la lógica del intercambio mercantil, “yo doy esperando algo a cambio”.

Los (...)

Artículo completo: 2 077 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de marzo 2013
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Diego Vela

Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC).

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