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Elementos para una hermenéutica histórica

Las iglesias y la dictadura chilena

El golpe de Estado de 1973 constituye un “acontecimiento”, en el sentido de Alain Badiou: una “singularidad universal”, un hecho particular, localizado y temporal, pero que contiene una verdad universalizable, que abre a un nuevo horizonte de significados. Se trata de un momento de ruptura, que “hace un agujero en el saber”, que obliga a reinterpretar a todos los involucrados en él de una forma novedosa. Ni la iglesia Católica ni las iglesias Evangélicas escapan a ello.

La identidad de las iglesias mismas se van a redefinir profundamente a partir de ese momento. De allí que la mirada histórica al rol de las iglesias durante la dictadura no puede remitirse a un simple repaso de hechos y nombres sino que debe adquirir una dimensión hermenéutica, en cuanto crítica a las ideologías (y de las teologías) que pugnaban por dar sentido a la encrucijada chilena. Un intento de interpretación puede emerger desde un juego de espejos con otro acontecimiento similar, como puede ser la dictadura nazi en Alemania. En cuanto proyecto ideológico el Tercer Reich propuso una reinterpretación total del curso de la historia y del sentido de la vida, por lo que reclamó una catarsis completa en la teología cristiana. Por supuesto, un paralelo entre el régimen hitleriano y la dictadura pinochetista es un ejercicio precario, que no resiste equivalencias “aritméticas”. Pero en cuanto “acontecimientos” ambos momentos permiten lecturas sincrónicas, a pesar de la asimetría de sus horrores.

La iglesia del Reich y la Iglesia Confesante
El ascenso nazi llevó a profundas divisiones en las iglesias europeas. En el caso católico una parte de los obispos, encabezados por el obispo de Münster, el cardenal Clemens von Galen, ofrecieron fuerte oposición y resistencia a Hitler, pero otros, como el austriaco Alois Hudal, el eslovaco Josef Tiso, o el croata Aloysus Stepinac van a colaborar de forma activa con su proyecto. En las iglesias protestantes la división tuvo relación con el intento nazi de utilizar al cristianismo como seña de identidad alemana, subordinado a la ideología oficial, en tanto religión nacional. En 1933 impuso la unificación de las distintas iglesias protestantes en una única “Iglesia del Reich” (Reichskirche) e impuso como “Reich Bishop” al capellán militar de Königsberg, Ludwig Müller. Se elaboró una nueva teología, “purgada” de elementos judíos y “antinacionales”, para otorgar al nazismo un carácter mesiánico y escatológico, sustentada en el “Führerprinzip” que demandaba obediencia absoluta al líder. Esta nueva doctrina opuso el “cristianismo positivo”, nazificado, al “cristianismo negativo”, contaminado por el “materialismo judío” y el marxismo. La “Iglesia del Reich” introdujo el “párrafo ario” por el cual excomulgó a sus miembros con antecedentes raciales judíos, glorificó los principios de “sangre, raza y suelo”, y argumentó la necesidad de destruir a los enemigos ideológicos. Toda disidencia a la posición oficial se consideró una “politización” indebida de la iglesia. En enero de 1934, Müller decretó que “toda participación de un pastor en la política de la Iglesia será considerada como una infracción a la disciplina eclesiástica y la falta implicará la suspensión inmediata en sus funciones”.

En reacción surgió en 1934 la “Iglesia Confesante” (Bekennende Kirche), llamada así por la “confesión de Barmen” por la que un campo de protestantismos alemán rechazó la subordinación al Estado y el mesianismo hitleriano, inspirados por la “teología dialéctica” de Karl Barth. Para los “confesantes” la fe cristiana no constituía un objeto cosificable, sino una acontecer que emerge en la vida y exige respuesta. Van a establecer la “oficina Grüber”, un equipo humanitario destinado a proteger a los perseguidos por razones políticas y raciales. Clausurada en 1940, los miembros de la oficina fueron enviados a campos de concentración. Muchos miembros de la “Iglesia Confesante” terminarán luchando junto a la resistencia directa al régimen y perdiendo la vida en ello. La figura más emblemática es el pastor Dietrich Bonhoeffer, que participará junto al grupo de oficiales de la Abwehr (2) en el atentado contra Hitler del 20 de junio de 1944. La conciencia de la Iglesia Confesante se condensa en el famoso poema del pastor Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando (...)

Artículo completo: 2 140 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de septiembre 2013
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Álvaro Ramis

Teólogo, especialista en Ética Aplicada.

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