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La sobriedad contra la austeridad

La Conferencia sobre el Clima de 2015, que se inaugurará el 30 de noviembre en París, parte mal encaminada. Desde la Cumbre de la Tierra en Río en 1992, la producción de combustibles fósiles ha aumentado regularmente. En 2013, solo los subsidios a combustibles responsables del efecto invernadero representaron 400 mil millones de euros, cuatro veces la cantidad gastada en energía renovable. Lanzado en 2011 por la ONU, el Fondo Verde para el Clima hasta la fecha solo ha podido reunir 10 mil millones de euros...

Un acuerdo internacional fracasará en el objetivo de limitar el calentamiento global a dos grados, como se prevé en la conferencia, si los gobiernos siguen subordinando sus decisiones a la preservación de un sistema de producción basado en la acumulación, el saqueo y el derroche. No responderemos al desafío del cambio climático sin la participación de la ciudadanía pero las iniciativas individuales y locales serán ineficientes sin una voluntad política global. La aceptación de una sociedad menos devoradora de energía, más frugal, que requerirá la modificación de muchos hábitos establecidos, es absolutamente necesaria en la perspectiva de mejorar la calidad de vida. No habrá transición energética digna de ese nombre sin transformación económica y social, sin redistribución masiva de los ingresos, tanto a nivel nacional como a nivel mundial. Los ricos deben dejar de destruir el planeta. En Occidente, la sobriedad se opone frontalmente a la austeridad, que aparece como un subterfugio para distribuir aún más desigualmente la riqueza. El camino de la disminución de las emisiones de carbono pasa por masivas inversiones en vivienda, transporte público, energía renovable, a la altura -por ejemplo- de las sumas que se entregaron para rescatar a los bancos en 2008... Tanto la búsqueda de la eficiencia energética como el mejoramiento de las condiciones de vida y de salud de la población pueden crear muchos puestos de trabajo, reducir la contaminación y generar en cada hogar un ahorro sustancial.

La sobriedad también conduce a definir el bienestar de otra manera: menos material, más mano de obra; menos máquinas, más inteligencia. Aumentar los impuestos de la bencina para reducir el uso indiscriminado de los aviones; aumentar el costo de transporte de los barcos para impedir la deriva del libre comercio y con ello promover (...)

Artículo completo: 1 169 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de julio 2015
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Philippe Descamps

Redactor jefe de Le Monde Diplomatique.

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