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Contra el monopolio del discurso público

Un síntoma de desposesión

Verlas por todas partes; no verlas en ninguna parte: en materia de conspiraciones, es raro que la discusión eluda uno de estos dos escollos simétricos.

En 2004, cuando las cinco grandes firmas de Wall Street lograron, a fuerza de presiones, una reunión que se mantuvo largamente en secreto, en la Securities and Exchange Commission (SEC), ente regulador de los mercados de capitales estadounidenses, para obtener la abolición de la “regla Picard” que limitaba a 12 el coeficiente de endeudamiento global de los bancos de inversiones, hacía falta una reticencia intelectual lindante con la lisa y llana obturación, para no ver allí la acción concertada y encubierta de un grupo de interés particularmente poderoso y organizado. Así que, conspiraciones, que las hay las hay. Como ésta, por ejemplo, que por otra parte se coronó con éxito.

Sin duda, no abarca la totalidad del análisis que la crisis financiera reclama, y quizá sea esa una de las debilidades más visibles de las teorías conspirativas, aun cuando señalen hechos comprobados: su “monoideísmo”, el elemento único que lo explicará todo, la idea exclusiva que da cuenta del todo, la reunión oculta que lo decidió todo. Ejemplo típico de monoideísmo conspirativo: Bilderberg (o la Trilateral)...

Artículo completo: 214 palabras.

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Frédéric Lordon

Economista. Autor de La Malfaçon. Monnaie européenne et souveraineté démocratique, Les Liens qui libèrent, París, 2014.

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