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35 años de lucro, usura y exclusión derivados de la privatización del agua en Chile

En Chile existe un modelo de despojo de los bienes naturales comunes que no tiene parangón con otros países, y que se extiende de Norte a Sur, de Cordillera a Mar. Cuenta con un dispositivo institucional administrado por una casta política que actúa como guardia pretoriana de los que saquean y se enriquecen a costa del sacrificio de las mayorías sencillas.

La extrahección es una derivada del extractivismo; se define como la apropiación de los bienes naturales comunes desde la imposición del poder político y económico, desde la imposición de la fuerza.

Sin lugar a dudas, la mercantilización del agua, su privatización y transformación en un bien de capital que genera plusvalía a sus propietarios, es un reflejo de la extrahección. Fue realizado en plena dictadura, la que en octubre del año 1981 promulgó el actual código de aguas; código que transformó un bien natural común en mercancía, transable y regulada por los mecanismos de la oferta y la demanda.

Transcurridos 35 años, el código de aguas de la dictadura se mantiene plenamente vigente, y para decirlo con todo rigor, fue “perfeccionado” por los gobiernos de la Concertación, quienes en el año 1997 iniciaron el proceso de privatización de las empresas sanitarias, hoy en manos de empresas extranjeras. Fuera de todo sentido, o completamente “surrealista”, ESVAL (empresa sanitaria de Valparaíso) es de propiedad de los profesores de Ontario, Canadá, quienes mejoran sus pensiones precisamente con el “negocio” del agua.

Este es el contexto, en Chile el agua es objeto de lucro, usura y exclusión, y caminando los territorios nos encontramos con situaciones propias del “realismo mágico”, y con realidades que pareciendo fantásticas, son eso, realidades.

La bajada Salar del Carmen, ubicada en la intersección de las avenidas Padre Alberto Hurtado con Salvador Allende, comuna de Antofagasta (región del mismo nombre), es conocida como la Cachimba del Agua. Aquí, en este lugar, se concentran diariamente un número indeterminado de camiones aljibes, los que ejerciendo las prerrogativas del “libre mercado del agua”, compran “agua potable” a la empresa sanitaria Aguas Antofagasta, sanitaria cuyos dueños –el grupo Luksic– vendieron el año 2015 en alrededor de 965 millones de dólares al grupo de Empresas Públicas de Medellín (Colombia).

Pues bien, en la Cachimba del Agua los camiones aljibes compran agua “potable” a 3 mil pesos el metro cúbico, la que posteriormente venden al pueblo privado de agua a 8 mil pesos el mismo metro cúbico. En la previa a las elecciones municipales (octubre 2016), escuchamos de boca de uno de los candidatos a alcalde de Antofagasta sostener… “de ser electo alcalde me comprometo a duplicar la flota de camiones aljibes en la comuna...”

Chiloé sin agua
En el otro extremo del territorio, en el (...)

Artículo completo: 1 403 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de diciembre 2016
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Rodrigo Faúndez y Rodrigo Mundaca

Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio ambiente (Modatima).

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