En kioscos: Agosto 2020
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu
Artículo precedente: « Ritalin, la pastilla de la obediencia »
Siguiente artículo: « Elige un bebé sano »
>

Arte y revolución: Nadia Khodasevich

Las formas del compromiso

Pocos días antes de la Fiesta de L’Humanité, del 13 al 15 de septiembre pasado, tuvo lugar un singular acontecimiento en las instalaciones de Artcurial, una casa internacional de subastas, ubicada en la rotonda de la Avenida Champs-Élysées, en París. Recibida por promotoras vestidas de pioneras soviéticas y cantos revolucionarios. una multitud de curiosos acudió al vernissage de una exposición de pinturas de Nadia Léger (1904-1982) y a la presentación de su monumental biografía lujosamente ilustrada (1), coordinada por Aymar du Chatenet, editor, por otra parte, de El pequeño Nicolás. ¿Acaso le hubiese gustado a “Nadia, la roja” que sus cuadros, que representan mineros y revolucionarios, fueran objeto de una puesta en escena al estilo de la “DAU” (2)? No es seguro. Hace algunos años, su obra Lénin Aéroflot, exhibida en la vidriera de la empresa aeronáutica, fue una provocación para los negocios de lujo de la avenida…

La obra reúne toda la documentación existente sobre esta artista poco conocida, o simplemente desconocida, que firmaba sus obras no sólo como Nadia Léger (en 1952 se casó con el pintor Fernand Léger), sino también (y, sobre todo) como Nadia o Nadiejda Khodasevich, Wanda Nadzieja Chodasiewiczowna, Nadia Grabowska, Wanda Chodasiewitch-Grabowska, Nadia Grabowski, N. Khoda, etc. Identidades múltiples a las que se suman su nombre de resistente durante la ocupación -Georgette Paineau- y su nombre de casada con Georges Bauquier, su tercer marido.

Nadia Khodasevich, nacida en Bielorrusia, tiene 13 años cuando su familia, huyendo de los combates y de la hambruna de la Primera Guerra Mundial, se refugia en Beliov, cerca de Toula (Rusia central). Allí asiste a clases en el Palacio de las Artes creado por el nuevo poder soviético, antes de partir sola, a los 15 años, hacia Smolensk, donde se habían abierto los Talleres Nacionales Superiores de Bellas Artes. En esta institución, tiene dos encuentros decisivos: en primer lugar, Wladyslaw Strzemiński, que enseña con su esposa Katarzyna Kobro; y luego, Kasimir Malevitch, invitado a dar conferencias por la pareja de artistas, que había estudiado con él en los Talleres Libres del Estado en Moscú.

En 1919 estalla el conflicto entre la Rusia soviética y Polonia. Malevich se muda a Vítebsk, convocado por Marc Chagall, comisario de Bellas Artes del gobierno de la ciudad desde 1918. Mientras Strzemiński, que era polaco nacido en Rusia, deja Smolensk para ir a Vilna (Lituania es aliada de los soviéticos), Nadia Khodasevich se dirige a Varsovia. Allí frecuenta Bellas Artes y propaga entre los estudiantes el «bacilo» del suprematismo, movimiento que rechaza cualquier referencia figurativa mediante una reducción formal y de color que tiende a lo inmaterial. Nadia conoce allí a un joven pintor, Stanislas Grabowski, con quien se casa en 1924. Convencidos de que debían ir a París con motivo de la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas de 1925, ambos terminan exponiendo en la galería de arte contemporáneo del boulevard Raspail, en 1926. Ingresan a la Academia Moderna, dirigida por Fernand Léger y Amédée Ozenfant, que recibe a alumnos de todas las procedencias.

Nadia Khodossievitch dirá más tarde que, en Smolensk, se había deslumbrado, pero también había conocido la decepción, porque, en 1919-1920, las vanguardias soviéticas preconizaban el abandono de la pintura de caballete y la expansión del arte al espacio social, a los objetos cotidianos, a la prensa, a la arquitectura. Es la lectura de una revista la que la atrae a París: L’Esprit nouveau de Le Corbusier y Amédée Ozenfant, que abre una vía conciliadora entre las artes y la vida moderna en todas sus manifestaciones (pintura, escultura, cine, urbanismo, deportes, ingeniería, ciencias…). Fernand Léger es la figura destacada de este movimiento en el ámbito plástico con sus obras “mecánicas”, composiciones inspiradas en piezas de máquinas (hélices, engranajes, pistones) que lo conducirán al borde de la abstracción. La joven pintora, (...)

Artículo completo: 2 026 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de enero 2020
en venta solo en versión digital (PDF) a $1.500
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

Adquiera los periódicos y libros digitales en:
www.editorialauncreemos.cl

François Albera

Profesor emérito de la Universidad de Lausana, jefe de Redacción de la revista 1895. Revue d’histoire du cinéma. Su último libro es Le Cinéma au défi des arts, Yellow Now, Crisnée (Bélgica), 2019.

Compartir este artículo