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Empleo y precariedad en Francia

Ni un día más en el trabajo

La movilización de diciembre en Francia impresionó tanto por su amplitud como por su diversidad: jóvenes y ancianos, abogados, artistas, docentes, estibadores, ferroviarios, empresarios, empleados, médicos, enfermeras, bomberos, músicos, carteros, estudiantes secundarios, aduaneros…, marcharon conjuntamente. Este estallido tiene lugar un año después del surgimiento remarcable de los “chalecos amarillos” (1), en un momento en el que el movimiento estaba dando signos de agotamiento. Emmanuel Macron y el gobierno pensaban aprovechar la marginalización de los sindicatos, rechazados por los “chalecos amarillos”; creían haber apaciguado la bronca de la Francia popular mediante medidas financieras y consultas ciudadanas. ¿Acaso no “cedieron” 10.300 millones de euros –desfiscalización de las horas extras, aceleración del aumento del salario mínimo a través de un bono incentivo, anulación del aumento del impuesto denominado Contribución Social Generalizada (CSG) para algunos jubilados, y pusieron lo mejor de sí para “escuchar lo que los franceses querían decir”?

No es común que un presidente de la República pase tanto tiempo debatiendo con los ciudadanos. Los canales de información mostraron la imagen de un hombre ostensiblemente comprometido, de pie, en mangas de camisa frente a una asamblea intensa; Macron escuchaba, tomaba nota, discutía, intercambiaba, y sobre todo explicaba. La opinión de los franceses debía supuestamente poder entrar a través del “gran debate” organizado por medio de la participación de los ciudadanos en plataformas virtuales, reuniones y de los “cuadernos de quejas” implementados en las comunas.

¿Por qué, en estas circunstancias, y luego de dos años de “concertación” sobre la reforma previsional, los trabajadores deciden poner el cuerpo en una movilización de tal magnitud? ¿Por qué sienten que el gobierno no los respeta?

Una movilización determinada
En realidad, muchos franceses se han dado cuenta de que el “ni izquierda ni derecha” de Macron fue reemplazado por un pensamiento puramente tecnocrático, donde lo “universal” remite al mercado, donde el “cambio” suplanta el progreso y los equilibrios construidos a lo largo del tiempo no merecen ninguna atención.

Algunos pensaban que los sindicatos ya eran cosa del pasado, en particular aquellos que no son considerados “reformistas”. Pero lograron sorprender. En una sociedad marcada por el individualismo y la competitividad sistemática, pudieron superar la trampa de la confrontación entre trabajadores tendida por el gobierno, que centró su discurso en torno a la denuncia de los “privilegios” de los funcionaros y de los beneficiarios de “regímenes especiales”.

La mayoría de los franceses conoce la utilidad de los servicios públicos, las difíciles condiciones de trabajo que allí operan, los bajos salarios. La división no solo no funcionó, sino que la cólera parece ser más grande con la cláusula denominada “abuelo”, “nieto”, o “hermano mayor”, aplaudida por varios ministros para desactivar la movilización –como si las mujeres dependieran todavía de los hombres de sus familias; como si los adultos pudiesen programar adrede un deterioro social para sus hijos–.

En una demostración de fuerza, los sindicatos enarbolan sus reivindicaciones y su intención de no ceder. Apuestan por la capacidad colectiva a defender los intereses de todos. Bien posicionados en su rol, están ganando legitimidad, indudablemente.

En las rotondas, los “chalecos amarillos” decían que estaba resurgiendo una cierta calidad en las relaciones sociales, la felicidad de juntarse, de compartir valores y esperanzas. En las manifestaciones contra la reforma previsional, el gusto por la reivindicación y por la rebelión es igual de tangible. La movilización, muchas veces bonachona, otras veces enfurecida, pero siempre determinada, muestra una voluntad de cohesión, de cuidado por los demás y de coraje. Porque hace falta coraje para ir a manifestar mientras se (...)

Artículo completo: 1 907 palabras.

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Danièle Linhart

Socióloga, directora de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), Cresppa-GTM-Universidad de París Oeste-Nanterre-La Défense, autora –entre otras obras– de Travailler sans les autres, Seuil, París, 2009.

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