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La pulseada de López Obrador con los mercados financieros

¿Quién manda en México?

El 1° de diciembre de 2018, día de la asunción de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el semanario británico The Economist lo describía como “El presidente mexicano más poderoso en décadas”. Tras dos intentos frustrados de llegar a la presidencia (2006 y 2012), logró una victoria absoluta. No solo arrasó con sus rivales al obtener el 53% de los votos en las elecciones del 1° de julio de 2018, sino que la coalición encabezada por su partido, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), obtuvo la mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso Federal, así como también en 19 de los 27 Congresos locales que renovaban bancas. Esta configuración le abrió las puertas a la posibilidad de revisar la Constitución, lo que implica que se podrían llevar adelante grandes reformas. El responsable de la sección “América Latina” de Financial Times, John Paul Rathbone, se mostró alarmado por esta perspectiva. El 27 de noviembre de 2018, escribió que López Obrador, quien se opone al modelo neoliberal, “representa una amenaza mayor para la democracia que [Jair] Bolsonaro”, el presidente brasilero de extrema derecha. De hecho, le reconoce a Bolsonaro el mérito de haber nombrado un economista ortodoxo a la cabeza del Ministerio de Economía.

En medio de una enorme ola de optimismo popular, AMLO prometió la “cuarta transformación” de México: un hito tan significativo como la independencia (1821), el periodo de la Reforma (1855-1863) y la Revolución (1910-1917). “Hoy no solo inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político”, declaraba en la toma de posesión del cargo. Asimismo, se negó a instalarse en la lujosa residencia presidencial, a la que prefirió convertir en centro cultural. También vendió el Boeing y la flota automotriz presidenciales, reemplazó el cuerpo militar que se ocupa de su seguridad por una veintena de jóvenes civiles desarmados (tanto hombres como mujeres) y les quitó las pensiones y los privilegios a sus predecesores. Marcó la hora de la “austeridad republicana”: puso a dieta a los altos funcionarios (quienes disfrutan de un estilo de vida particularmente cómodo) y recortó el salario presidencial en un 30% -a partir de ahora, sólo viaja en la clase económica de los vuelos comerciales-, pero aumentó el salario mínimo en un 16%.

Extremadamente activo, López Obrador multiplicó los desplazamientos para presentar sus programas sociales: becas desde jardín de infantes hasta la universidad, recursos para los jóvenes aprendices, subsidios para los pequeños agricultores, duplicación del monto de las pensiones para adultos mayores, microcréditos para los pequeños comerciantes y artesanos... En pocos meses, el Ejecutivo anunció quince millones de beneficiarios de sus diversos programas. Además, estos esquivan la burocracia intermedia para impedir la malversación de fondos.

En un país en el que el 43,6% de la población (126 millones de personas, en total) vive bajo la línea de pobreza, en el que el 60% de las personas económicamente activas trabaja en la economía informal -y un 15% del otro lado del Río Bravo, en Estados Unidos-, las medidas de López Obrador gozan de gran aceptación. En particular, porque se preocupa por mantener un contacto directo con el pueblo: todas las mañanas, a las siete en punto, brinda una conferencia de prensa. Esto le permite no dejarles la iniciativa a los medios privados, mientras se presta al juego de preguntas y respuestas con los periodistas. A pesar de que se trata de una práctica arriesgada, le dio buenos resultados entre 2000 y 2005, cuando estuvo al mando de la ciudad de México. Por el momento, estas “matinales” parecen reforzar la imagen de un dirigente incansable, accesible y transparente. Su popularidad supera el 70% (1).

Cambios y contratiempos
Cuando presentó el balance de sus primeros cien días de gobierno, AMLO aseguró haber cumplido 62 de los 100 compromisos que tomó en su discurso de asunción. Algunas reformas constitucionales todavía se están discutiendo, en particular las que buscan promover la democracia participativa o introducir el referendo revocatorio de mitad de mandato. Otras tres ya se aprobaron. Dos de ellas conciernen a los bienes mal habidos vinculados con el crimen y cambian la calificación de la corrupción y el fraude electoral a la de delitos graves. Estas cuentan fácilmente con el apoyo de todo el mundo.

La tercera, más polémica, crea la Guardia Nacional, que surge a partir de la fusión de varios cuerpos de la policía militar y que se encarga de luchar contra la inseguridad. Esta institución, inspirada ante todo en la gendarmería francesa, reafirma la posición del ejército en el centro del dispositivo de seguridad pública. La iniciativa, que cuenta con el apoyo de la mayoría de la población, agotada por la violencia diaria, constituye una manera de paliar el descrédito de las fuerzas policiales locales. Sin embargo, representa un paso hacia atrás para quien, durante su campaña, prometió retirar a las fuerzas armadas de la calle. Una avalancha de críticas llegó principalmente desde las (...)

Artículo completo: 2 531 palabras.

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Luis Alberto Reygada

Periodista.

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