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Petrobras en manos de Jair Bolsonaro

En Brasil, privatización en aguas profundas

Nació con la premisa de ser “una empresa de petróleo nacional, pero de capital privado”, alcanzó el grado de mayor empresa latinoamericana y encauzó el sueño de Lula Da Silva de fomentar el desarrollo económico del país, pero ahora se la conoce como una de las más endeudadas del mundo. ¿Qué quedará del gigante Petrobras?

20.000 trabajadores movilizados, 130 fábricas, plataformas o refinerías bloqueadas... Hacía veinticinco años que el sector petrolero brasilero no vivía una huelga tan prolongada como la de febrero de 2020. Según Sérgio Borges Cordeiro, miembro de la dirección de la Federación Única de Petroleros (FUP) del Estado de Río de Janeiro, el movimiento se explica por la intención de los huelguistas de “alertar a la población” sobre una amenaza: “El gobierno desea privatizar Petrobras”. ¿Petrobras? El gigante brasilero del oro negro, la mayor empresa latinoamericana, nacida mixta, pero con el 75% en manos del Estado en 1995, contra el 50,2% en la actualidad.

Sin embargo, según el gobierno, la venta de Petrobras no está en su agenda. Cuando, en julio de 2019, el ministro de Economía Paulo Guedes anunció un “ambicioso” programa de ventas de empresas públicas, mencionó 17 sociedades, desde los servicios postales hasta los bancos, pasando por la lotería y la Casa de la Moneda (encargada de imprimir los billetes). La lista contenía incluso algunas “joyas”, como el mayor productor de electricidad de América Latina, Electrobras, o el puerto más grande de América Latina, situado en Santos, en el Estado de San Pablo. Pero Petrobras no estaba incluida...

Los trabajadores de la empresa ¿acaso sufrían de paranoia? No completamente. Si bien el nombre de la empresa no había sido mencionado, estaba en todas las mentes. Guedes jamás ocultó sus pretensiones respecto de ella y, un mes más tarde, confirmaba su “intención de privatizar la empresa” (1)... Ahora bien, el proyecto es impopular, y no únicamente en el seno de las Fuerzas Armadas (2): según una encuesta del Instituto Datafolha realizada en agosto de 2019, el 65% de los brasileños se opone a la privatización de Petrobras (contra el 27% que la desea). ¿Qué hacer cuando se planifica una operación que la población desaprueba? Negar que se piensa en ello: “La privatización de Petrobras no está en los planes del gobierno federal”, intentaba tranquilizar Salim Mattar, secretario especial de privatizaciones del Ministerio de Economía, en febrero de 2020.

Entonces, privatización ¿sí o no? Finalmente, la respuesta a esta pregunta importa poco, ya que, más allá de las declaraciones contradictorias del poder, la venta de la empresa de hecho comenzó. “Se parece a una privatización ‘por departamento’, sector por sector. Por supuesto, la dirección prefiere el término de ‘estrategia de desinversión’”, explica Felipe Coutinho, presidente de la Asociación de Ingenieros de Petrobras (AEPET). ¿Las razones de este abordaje en pequeños pasos? En primer lugar, el tamaño de Petrobras, una joya que pocos bolsillos están en condiciones de regalarse. Pero, sobre todo, la necesidad de eludir el Congreso. “Vender la empresa de una sola vez implicaría su aprobación, necesaria para la privatización de toda empresa pública. Ahora bien, el gobierno no tiene mayoría de diputados ni de senadores.”

Utopías opuestas
Desmembrar al gigante petrolero como quien corta un salchichón no fue siempre el proyecto de Brasilia. La idea surgió en el seno del gobierno provisional de Michel Temer del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), en 2016, tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT). Antes, Petrobras desempeñaba un papel clave en el modo en que el Estado conducía la economía. Sobre todo, a partir del descubrimiento, en 2005, de gigantescos yacimientos enterrados 5.000 y 7.000 metros bajo el nivel del mar, bajo una capa de sal cuyo espesor puede alcanzar los 2.000 metros: las reservas del presal. Mientras Lula da Silva (PT) estaba en el poder (2003-2010), Brasilia veía en Petrobras el modo de fomentar el desarrollo económico del país: la inmensa riqueza petrolera debía, según él, permitir la creación de astilleros, estimular la investigación y el desarrollo, ver florecer las pequeñas industrias subcontratistas, crear miles de empleos. En síntesis, facilitar el progreso del país en el sector industrial. Por entonces, Petrobras asociaba la expansión de su producción de petróleo a la de sus refinerías: producción, transformación y distribución se pensaban como un todo.

La destitución de Rousseff, el 31 de agosto de 2016, constituyó un punto de inflexión. La nueva dirección de la empresa decidió concentrarse en la explotación de las reservas de la cuenca presalífera con vistas a obtener un margen de maniobra financiera, a riesgo de vender la mayoría de las llamadas actividades de “logística”. En 2017, el 70% de sus 34.000 estaciones de servicio (BR distribuidora) fueron puestas en venta. En 2019, el (...)

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Anne Vigna

Periodista, Río de Janeiro.

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