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Chile después de la revuelta

Entre el estallido social y la peste

En pocos meses lo real nos ha estallado en la cara y en las manos. Por una parte, en lo político, en la gestión del poder, los ciudadanos deciden desobedecer a las autoridades, la nación deviene insurrecta, y; por otra, en la globalidad de nuestra realidad sanitaria aparece el corona virus (covid-19) uno de esos tantos virus de rápida mutación que causan las anuales, desagradables y benignas influenzas, pero que de inmediato se muestra como la peste: altamente contagiosa, insidiosa y previsiblemente mortal para enfermos crónicos y personas de edad avanzada.

Chile, que desde el 18 de octubre del 2019 movilizó a cientos de miles de chilenas y chilenos hasta llegar a un millón y medio en una sola tarde, para rechazar el actual modelo político, económico y social, el 15 de noviembre del 2019, esa, la nación insurrecta fue controlada mediante la oferta de un plebiscito en el cual la población decidirá si quiere una nueva Constitución y por qué tipo de representación constituyente será elaborada, esa oferta fue hecha por casi la totalidad de los partidos políticos, pero sin la participación del movimiento social.

Las normas que rigen el funcionamiento de la constituyente la obligan a tomar decisiones por la mayoría calificada de los dos tercios de sus miembros, lo que en términos de poder, de imposición de la voluntad, es otorgarle el derecho a veto a un tercio minoritario de sus miembros, además, de mantener la intangibilidad de los tratados internacionales vigentes. La subordinación del poder constituyente a una minoría nacional y a los intereses externos, obviamente, merman la legitimidad de tal poder constituyente.

Lo que ha pasado aquí es que la teoría constitucional imperante en la academia y la experticia está reducida al miedo a las mayorías, el miedo constituyente a las mayorías es un miedo a la democracia. Pues, como dice Claudia Heiss: “Mientras se mantenga el respeto a los dos tercios, no tendremos una Constitución ni de extrema izquierda ni de extrema derecha”, a lo cual me permito agregar: sino que todo lo contrario. Pero, el “apruebo” a la elaboración de una nueva Constitución es la segura opción ganadora por una mayoría ostensible, lo que no está asegurado es la legitimidad de una nueva (...)

Artículo completo: 1 164 palabras.

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Ibán de Rementería

Docente e investigador.

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