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Los recortes en el sistema de Reino Unido

Salud en baja

En materia de progreso social, el Reino Unido perdió diez años. La salud de los británicos, medida con la vara de la esperanza de vida, se degrada mientras que desde hace más de un siglo se habían acostumbrado a su mejoría año tras año. En forma paralela, las desigualdades en materia de salud se profundizan. Y lo que era cierto para Inglaterra lo es todavía más para Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Toda la sociedad se para cuando la salud de una población deja de progresar. Así, los datos acumulados a nivel mundial confirman que el estado de salud es un buen indicador de progreso económico y social. Una sociedad desarrollada tiende a lucir una salud floreciente. A la inversa, profundas disparidades económicas y sociales se traducen por desigualdades en la salud.

Determinantes sociales
La manera en que el sistema sanitario de un país es financiado y administrado evidentemente es crucial, pero la salud de sus habitantes no depende solamente de eso. En gran medida descansa en las condiciones de vida y de trabajo, la cobertura de la vejez, así como las desigualdades en el reparto del poder y de los recursos. Todos esos factores constituyen los determinantes sociales de la salud.

La esperanza de vida en Reino Unido, que no dejó de aumentar desde fines del siglo XIX, en 2011 inició un descenso espectacular. Entre 1981 y 2010 se prolongaba alrededor de un año cada cinco años y medio entre las mujeres, y cada cuatro años entre los hombres. Entre 2011 y 2018 esa progresión se frenó considerablemente: las mujeres solo ganan un año cada veintiocho, y los hombres uno cada quince.

Para este indicador, una clasificación de las regiones en función del índice de privación múltiple -que agrega datos sobre el ingreso, el empleo, la educación, la formación, la salud, las condiciones de vida… y que se acerca al índice de pobreza multidimensional utilizado, por ejemplo, por Naciones Unidas- revela la existencia de un gradiente social -una variación según los niveles sociales- tan fuerte como constante. En otras palabras, cuanto más desfavorecida es una región, tanto más baja es allí la esperanza de vida. Sobre el período 2016-2018, los hombres que residen en la parte del territorio británico que figura en el 10% más favorecido (el primer decil) vivían nueve años y medio más que aquellos que residen en la comprendida en el 10% menos favorecido (el último decil). Entre las mujeres, la diferencia era de 7,7 años. El gradiente social de la esperanza de vida en buena salud es todavía más marcado. El tiempo vivido en mala salud incluso se alargó entre 2009-2011 y 2015-2017, pasando de 15,8 a 16,2 años entre los hombres y de 18,7 a 19,4 años entre las mujeres. Por último, pese a la ausencia de estadísticas regulares a este respecto, las cifras disponibles sobre la incidencia del origen étnico indican que la mitad de las minorías -principalmente los afrodescendientes, los asiáticos y los mestizos- tienen una esperanza de vida sin incapacidad física claramente más baja que la de los británicos blancos.

Este deterioro general no tiene nada de fatalidad. En 2008, conmoviéndose por la amplitud de las desigualdades de salud en (...)

Artículo completo: 1 599 palabras.

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Michael Marmot

Director del Instituto para la Equidad en materia de Salud del University College de Londres (UCL). Una versión de este texto apareció en British Medical Journal en febrero de 2020.

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