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La pandemia profundiza la precariedad

Chile: La verdadera vida de las trabajadoras de casa

Chile, a partir del 18 de octubre de 2019, cambió y se puso en relevancia la enorme desigualdad que se desarrolló por más de treinta años. Quedó de relieve la desigualdad en educación, salud, vivienda, transporte, justicia, entre tantos otros problemas, y sobre todo que el desarrollo económico que Chile tanto ostentaba a nivel latinoamericano no llegaba a todos. Lo que es peor, solo era para un pequeño grupo de la sociedad.

Desde nuestro Sindicato de trabajadoras de casa particular la situación no complicaba demasiado; las compañeras tenían su trabajo y eso parecía no tocarlas, ellas solo se dedicaban a trabajar, largas jornadas en la modalidad puertas adentro (las trabajadoras viven en las casas de las personas a las que prestan servicio, en su gran mayoría de lunes a viernes). Mientras otras, con una movilización pública saturada en las cuales pasan casi dos horas de ida y otras dos de vuelta, las que desarrollan sus actividades puertas afuera.

Y era tal vez esos mismos motivos los que no le dejaban tiempo para analizar en profundidad lo que en Chile estaba ocurriendo. Así pasó octubre, noviembre y diciembre. En enero ya en periodo estival hubo incluso menor preocupación por lo que ocurría a nivel país, y es acá donde se empieza a conocer la situación que se comienza a dar al otro lado del mundo, el coronavirus. Pero era China, literalmente al otro lado del mundo, por lo tanto, no parecía que fuese a afectar mayormente.

A fines de enero ya se sabía que este virus era altamente contagioso, pero a nivel del gremio, tal vez aún se seguía viendo lejos. En lo personal, mis empleadores me ayudaron a dimensionar la gravedad de lo que se venía, al cancelar ellos sus vacaciones que tenían programadas por el sudeste asiático durante febrero, y cambiando todos sus panoramas en un plazo de cuatro días. Esto activó mis alarmas y comencé a informarme más fuertemente sobre qué era esto que se estaba dando.

Temor al desempleo
Conversando con dirigentas del sindicato, quienes trabajan con médicos que se desarrollan profesionalmente en clínicas de los sectores más pudientes de la capital de Chile, comenzamos a activar ya las alarmas, pero como sindicato teníamos en ese momento otras preocupaciones que mantenían nuestra atención plena, por eso se pasó gran parte de febrero viéndolo como de fuera pero ya con una angustiante espera de cuándo se produciría el primer caso acá; esto hasta el 25 de febrero, fecha en la que se registró el primer caso de coronavirus o Covid 19 en Chile.

Como organización comenzamos a ver la importancia de mantenernos informadas, ya que muchos de nuestros empleadores y a quienes prestamos servicios tienen la posibilidad de salir de vacaciones a todos esos lugares en los cuales se estaba dando la propagación de este virus, por lo que no sabíamos muy bien cómo enfrentar esa situación. Ante estas dudas nos comunicamos en una primera instancia con la autoridad del trabajo para ver y revisar la situación legal a la que debían enfrentarse las compañeras; sin embargo, la respuesta se demoró en llegar casi tres semanas de enviadas las consultas, cuando la situación en Chile ya estaba absolutamente desatada en lo que se refería a la salud y a lo laboral.

Como sindicato comenzamos a recibir la primera semana algunos llamados, los primeros eran relatos de trabajadoras con susto eran de compañeras de trabajo puertas afuera, a quienes sus empleadores le solicitaban cambiar la modalidad de trabajo y pasar a prestar servicio ahora puertas adentro, no tomando en consideración que esas mujeres son en su mayoría trabajadoras jefas de hogar. Al encontrarse sin formalización de su trabajo temían perder su fuente laboral si no accedían a lo que sus empleadores le pedían para resguardar su propia seguridad.

Trabajos desinformalizados
Las trabajadoras puertas afuera han sido las más perjudicas en este ámbito, también las trabajadoras migrantes tanto en el plano de la salud (por exponerse a diario para llegar a su trabajo) como en lo laboral, por la desvinculación, dejándolas sin ingresos.

Esto no solo es una pandemia de salud pública, sino también una pandemia en lo económico y laboral, y es ahora cuando se comienza a visualizar la verdadera cara de Chile respecto a los derechos de las trabajadoras de casa, con una ley, la 20.786, dictada en el 2015 pero que en la práctica jamás se llegó a la fiscalización e implementación plena de dicha normativa.

Así es como nos enfrentamos a la presencia de esta pandemia con un número -según la máxima autoridad de derecho laboral- de 180.000 trabajadoras del gremio que no presentaban ningún tipo de formalización del trabajo que desarrollan. Eso demuestra que durante cinco años la autoridad hizo muy poco o nada por velar el cumplimiento de la ley, dejando a este gran número de trabajadoras ante la disyuntiva de elegir si cuidan su salud o generan ingresos para sus familias. Ellas se ven enfrentadas a escoger si mueren a causa de contraer el coronavirus o mueren de hambre. Esto porque los bajos ingresos tampoco les permiten tener capacidad de ahorro, por lo que no pueden parar de trabajar para cuidarse y proteger a su familia, menos aun cuando son jefas de hogar.

La pandemia del Covid 19 deja en evidencia la vulnerabilidad de quienes desarrollamos el trabajo de casa particular, porque las autoridades aún no se quieren hacer cargo de la fiscalización, igualación y creación de derechos que puedan tener o faltar para este grupo de trabajadoras:
•La ley 19.728 (2001) sobre seguro de cesantía dejó fuera de su cobertura a las trabajadoras de casa particular. Este seguro opera a través de una cuenta individual donde se acumulan los aportes de las cotizaciones mensuales más un fondo de cesantía solidario, que es un fondo de reparto con aportes del empleador y del Estado, y se utiliza para complementar el beneficio cuando la cuenta individual es insuficiente.
•Las trabajadoras están afectas a la ley 19.010 (1991) que establece una cuenta de indemnización del 4.11% de la remuneración imponible con cargo al empleador; esta es una cuenta de ahorro de indemnización, cuyos fondos le pertenecen a la trabajadora.
•La ley 21.227 recientemente dictada permite que las trabajadoras puedan hacer uso de los fondos de su cuenta de indemnización; con la modificación se pretende asimilar a lo que sería un seguro de cesantía, pero con la diferencia que acá el Estado no realiza aporte, por lo que una vez más se discrimina a las trabajadoras del gremio.

Obligaciones incumplidas
En lo que respecta al convenio 189 que Chile ratificó el 15 de junio de 2015, también el Estado se encuentra en incumplimiento, ya que con su ratificación se compromete a adoptar diversos tipos de medidas legislativas y de políticas públicas para lograr la implementación y disposiciones de este convenio. Entre las obligaciones que establece el Convenio 189 están:
•Artículo 3, “todo miembro deberá adoptar, en lo que respecta a los trabajadores domésticos, las medidas previstas en el presente convenio para respetar, promover y hacer realidad los principios y derechos fundamentales en el trabajo, a saber … (d) la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación”.
•En su artículo 14, párrafo 1, “todo miembro, teniendo debidamente en cuenta las características específicas del trabajo doméstico y actuando en conformidad con la legislación nacional, deberá adoptar medidas apropiadas a fin de asegurar que los trabajadores domésticos disfruten de condiciones no menos favorables que las condiciones aplicables a los trabajadores en general con respecto a la protección de la seguridad social”.

Como sindicato hemos visualizado y llamado a las autoridades a consecuencia de esta pandemia a realizar un trabajo en lo inmediato y también a largo plazo, que serían:
•La incorporación inmediata de las trabajadoras de casa particular al fondo solidario de cesantía, esta medida permitirá que las mujeres trabajadoras formalizadas del sector puedan acceder en igualdad y solidaridad a las medidas implementadas por el gobierno.
•La implementación de una renta básica de emergencia digna y que permita a las mujeres trabajadoras no formalizadas del sector poder mantener a sus familias durante el periodo de la emergencia.
•Fondos especiales y frescos que permitan una verdadera fiscalización de parte de la Inspección de Trabajo sobre el cumplimiento de la ley nº 20.786 que obliga a los/as empleadores a escriturar e inscribir el contrato de trabajo.
•La modificación de la legislación interna, comprometida por el Estado chileno al ratificar el Convenio 189 de la OIT, con el fin de terminar con todo estatus especial para las trabajadoras de casa particular y la igualación a los derechos laborales de todos/as los/as trabajadores del país.

Como podemos observar el estallido social no era que no afectara o mostrara la desigualdad de Chile con este gremio. Era que las trabajadoras no tenían tiempo de parar y observar dichas desigualdades. Hoy la pandemia Covid 19 las obligó a parar y le mostró la dura realidad que estaban viviendo y que si no nos movilizamos y nos unimos no habrá cambio posible porque seguiremos siendo invisibilizadas y abusadas por los empleadores pero también por el Estado y sus distintos organismos. En aspectos sociales el Estado debe hacerse cargo y no se puede seguir permitiendo que sea el mercado el que regule.

*Presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, Región Metropolitana.

Retorno a la época colonial

Por Verónica Salas Brantti*

Para entender es necesario volver atrás en el tiempo y revivir situaciones que nos hicieron creer que habíamos logrado implementar ante la sociedad chilena esta labor realizada por miles de mujeres, que seria valorada socialmente y respetada legalmente una vez conseguida la puesta en marcha de la ley 20.786 y la ratificación por el Estado de Chile del Convenio 189 de la OIT sobre trabajo doméstico.

Pero todo esto se convertía en un sueño y muchas de nuestras compañeras comenzaron a vivir una pesadilla cuando se da la orden de cuarentena para las comunas más ostentosas. Las trabajadoras de casa particular puertas afuera quedan en una incertidumbre total, muchas de ellas son presionadas a cambiar su modalidad a puertas adentro o al término de relación laboral en forma unilateral.

Por otra parte, las que laboran puertas adentro son prácticamente obligadas a realizar cuarentena en conjunto con las familias y trabajar sin descanso de lunes a lunes volviendo de la noche a la mañana a la época colonial.

Que poco duró el sueño de sentirnos con derechos, no estábamos en las listas de trabajadoras necesarias, no estábamos reguardadas con la ley de cesantía, no existían los contratos, volvíamos a ser trabajadoras precarias con derechos muy mínimos.

Quienes lo realizan son mujeres madres de familia sostenedoras de hogares, mujeres migrantes que han dejado a los suyos por mejores oportunidades. Y comenzó a sonar el teléfono llamada tras llamada buscando alguna asesoría a su problema, qué hacer me pidieron la pieza, no puedo entrar al lugar donde trabajo, no tengo contrato, trabajo tres días a la semana, me quedo en el aire, me despidieron, no puedo salir el fin de semana hasta que termine la cuarentena.

Este encierro aumenta la sensación de menoscabo, ansiedad, falta de libertad, aislamiento e incertidumbre. Pero esta pandemia nos ha demostrado cuánto nos falta para sentirnos realmente trabajadoras con derechos iguales al resto de los trabajadores con reconocimiento y el respeto que merecemos. Necesitamos eliminar la precariedad y sentir que esta labor es parte del motor que mueve la economía del país.

*Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular

Luz Vidal Huiriqueo

Presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, Región Metropolitana.

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