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Lo que Pierre Rosanvallon no entiende

Controversias en torno al populismo de izquierda

La crisis sanitaria exacerbó la crítica a “los populistas”. Asimilados a Trump o Bolsonaro, éstos despreciarían las ciencias, la separación de poderes, las compejidades, el Estado de derecho... Defensor de una democracia tranquila, consensual, el intelectual francés Pierre Rosanvallon hace suyas muchas de estas críticas. Chantal Mouffe, destacada teórica de esta corriente le responde.

En su obra reciente, Le siècle du populisme (1), Pierre Rosanvallon se sorprende de que, contrariamente a otras ideologías de la modernidad, como el liberalismo, el socialismo, el comunismo o el anarquismo, el populismo no se asocia a ninguna obra de envergadura. Según él, se trataría sin embargo de una propuesta política dotada de una coherencia y una fuerza positiva, pero que no ha sido formalizada, ni desarrollada. En su libro, Rosanvallon se propone definir la doctrina populista y analizarla críticamente.

Construye esta doctrina de manera arbitraria, a partir de elementos que provienen de fuentes muy heterogéneas y retoma ciertos clichés que ya han sido expuestos en la mayoría de las críticas al populismo. Su definición no aporta nada a la tesis, retomada por numerosos autores, según la cual el populismo consiste en oponer un “pueblo puro” a una “elite corrupta” y en concebir la política como la expresión inmediata de la “voluntad general” del pueblo (2). Con algunas variaciones, encontramos esta visión en Le siècle du populisme.

Cuando se refiere a autores que defienden otra posición, lo hace travistiendo sus ideas para adaptarlas a la tesis que él defiende. Así, muchos de mis trabajos aparecen caricaturizados al punto de que cabe preguntarse si este historiador, que sin embargo goza de gran reputación, los leyó o si está demostrando una falta de honradez metodológicamente dudosa.

Afirma, por ejemplo, que rechazo la democracia liberal representativa cuando mi libro Por un populismo de izquierda subraya la importancia de inscribir esta estrategia en el marco de la democracia pluralista y de no renunciar a los principios del liberalismo político. Contrariamente a lo que pretende Rosanvallon, sostengo, en La paradoja democrática (3), que la democracia liberal resulta de la articulación de dos lógicas incompatibles en última instancia, pero que la tensión entre la igualdad y la libertad, cuando se manifiesta de manera “agonística”, bajo la forma de una lucha entre adversarios, garantiza la existencia del pluralismo. Del mismo modo, yo defendería, según él, la unanimidad como horizonte regulador de la expresión democrática, cuando la cuestión de la división social y de la imposibilidad de un consenso inclusivo se encuentra en el centro de mis reflexiones.

Surgen en las crisis
Pero si este texto, que apunta a construir la teoría del populismo, no contribuye a una mejor comprensión del fenómeno, se debe, en primer lugar, a la vanidad de su ambición: el populismo no existe en tanto entidad sobre la cual se podría elaborar una teoría o producir un concepto. Sólo existen los populismos, lo que explica, por otra parte, por qué la noción da lugar a tantas interpretaciones y definiciones contradictorias.

Más que intentar definir los principios del populismo, hay que examinar la lógica política implementada por los diferentes movimientos calificados de “populistas”. Siguiendo este enfoque, Ernesto Laclau mostró en La razón populista (4) que se trata de una estrategia de construcción de la frontera política, establecida sobre la base de una oposición entre los de abajo y los de arriba, entre los dominantes y los dominados. Los movimientos que la adoptan surgen siempre en el contexto de una crisis del modelo hegemónico. Analizado de esta manera, el populismo no aparece ni como una ideología, ni como un régimen, ni como un contenido programático específico. Todo depende de la manera en que se construye la oposición nosotros/ellos, así como de los contextos históricos y de las estructuras socioeconómicas en las que se desarrolla. Comprender los diferentes populismos implica partir de las coyunturas específicas de su emergencia en lugar de, como lo hace Rosanvallon, reducirlos a manifestaciones de una misma ideología.

En lugar de esclarecer su objeto, Rosanvallon revela en su estudio del populismo la naturaleza y los límites de su propia concepción de la democracia. La teoría democrática que estructura la ideología populista conlleva, según él, una “forma límite de la democracia” que consiste en censurar la naturaleza liberal y representativa de las democracias existentes. Y lo hace oponiéndoles una alternativa fundada en tres características: una (...)

Artículo completo: 2 244 palabras.

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Chantal Mouffe

Filósofa. Autora de Por un populismo de izquierda, Siglo XXI, Buenos Aires, 2019.

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