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Un escritor, un país

Babel joven e inocente

Yan Lianke, uno de los escritores más oníricos de su tiempo, se apodera de los males de la sociedad china, arriesgándose a veces a la censura en su propio país. Pero no cede un ápice de su compromiso, su humor y su pluma. En ocasiones, quien revela la verdad –o la simple realidad– lo paga con la muerte, como en este cuento escrito especialmente para Le Monde diplomatique.

El niño iba al pueblo.
Hacia el este, al amanecer del día siguiente.

Las vacaciones de verano brotaban como el sudor. El día anterior, la última clase fue muy simple, cual problema de matemática resuelto tras la lectura del enunciado.

Fin de la clase.

Empezaban las vacaciones.

El niño se precipitó fuera del aula. En la entrada de la escuela, la cartelera estaba llena de papelitos. En uno se leía: “Querida X, te amo tanto que todas las noches me veo obligado a satisfacerme a mí mismo”. En otro: “¡Zhang, todavía no me devolviste los tres yuanes que te presté este semestre!”. Entre todos esos papeles, había uno, color rojo oscuro, que tenía escrito, con una lapicera de trazo negro y grueso, una frase desconocida, en inglés:

“I fuck your mom”.
Esta secuencia de letras lo impactó como si una bandada de gansos salvajes se estuviera lanzando directamente sobre él. Llevó los pájaros a su casa. Dejó la mochila y se fue al fondo del pueblo, a lo del maestro de la escuela. El maestro estaba alimentando a los cerdos. El niño le dio el papel rojo; el maestro lo leyó, se sonrojó y luego hizo tres comentarios: —Realmente no sé lo que significa esta frase. Pero tampoco vale la pena ir a preguntarle a otra persona; de cualquier manera, el semestre que viene vas a pasar de grado y vas a aprender inglés.

El tercer comentario fue solo una recomendación insistente, mientras agarraba al niño que se volvía a su casa: —¡Ey! Hagas lo que hagas, no le preguntes a nadie, ¡estoy seguro de que no es una frase linda de escuchar!

El niño tenía aun más ganas de averiguarlo. Aun más ganas de saber qué significaba “I fuck your mom”. Al día siguiente, decidió ir al pueblo para preguntarle al profesor de inglés. Se levantó temprano, tomó el desayuno que su mamá le había preparado, el dinero de bolsillo que su papá le había dado y, mientras el sol apenas izaba su bandera, se fue de la casa. Caminó unos lis (1), tomó la ruta de la cima montañosa y esperó, al pie de una antigua sófora, un colectivo rural. En ese momento, un grupo de vaquitas de San Antonio pasó frente a él, tan rápido como un rayo, y luego le revolotearon algunas mariposas. Mientras las miraba, pensó que sería mejor ir caminando. A pie, uno puede observar el paisaje. Y así partió, tranquilamente, hasta la entrada del pueblo. Al llegar, le pareció abrazar el Ideal. Edificios, casas nuevas y el pórtico sobre una gran avenida. Los restaurantes a lo largo, los puestos y los feriantes rondando. Este era su destino. Aunque agotado, la sola idea de encontrar pronto al profesor de inglés le quitó el cansancio. Sacó el papel rojo de su bolsillo, lo miró y, cerciorado de que el papel con la frase “I fuck your mom” todavía estaba allí, pasó el pórtico. A unos diez metros de distancia, vio a una joven que vendía polleras. Le preguntó si sabía dónde vivía el profesor de inglés; ella le respondió que no. En ese mismo instante, apareció un joven detrás de ella, con una valija de polleras en brazos, que apoyó en el suelo antes de preguntarle: —¿Estás buscando al señor Zhao, el profesor de inglés de la secundaria?

El niño abrió los ojos de par en par.

—Es mi primo.
Añadió que era inútil buscarlo en su casa, que al ser día de mercado, el profesor Zhao seguro estaba en el Mundo del electrodoméstico, en la segunda avenida. Lo mandó al niño a (...)

Artículo completo: 2 092 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de agosto 2020
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Yan Lianke

Escritor. Entre sus obras principales se encuentran Servir al pueblo (Maeva, Madrid, 2018), Viaje a Xibanya. Escritores Chinos cuentan España (Siglo XXI Editores, Madrid, 2010) y El sueño de la aldea Ding (Automática, Madrid, 2013). Este texto ha sido traducido del chino (mandarín) al francés por Brigitte Guilbaud.

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