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El poder evangélico y su alianza con Bolsonaro

Así sea la segunda televisión brasileña

Son las 5:30 de la mañana. En las instalaciones del 22º Batallón de la Policía Militar de Río de Janeiro, los miembros de un equipo de televisión se ponen sus chalecos antibalas. Entre ellos se encuentra la estrella del periodismo Ernani Alves, quien trabaja en el programa Cidade Alerta (Ciudad Alerta), emitido a la tarde de lunes a sábado. ¿Su temática? El crimen, desde todos los ángulos posibles: durante dos horas, sin orden ni jerarquía, se suceden informes que van desde la más sórdida violación hasta un simple robo. El tono es siempre sensacionalista; los buenos visten siempre de uniforme. Cidade Alerta consigue los mejores ratings de Record, el segundo canal de televisión del país en términos de cobertura territorial.

Según un informe de la organización no gubernamental ANDI, elaborado en colaboración con el Ministerio Público Federal brasileño (1), el programa ostenta el récord de violaciones al derecho: incumplimiento de la presunción de inocencia y de las decisiones judiciales, exposición de menores, incitación al delito, expresiones de odio y prejuicios, violación del derecho al silencio, tortura psicológica, etc. Para Olivia Bandeira, antropóloga y coordinadora del colectivo de comunicación Intervozes, “su discurso es: ‘un delincuente bueno es un delincuente muerto’. Ignoran la violencia policial y defienden las intervenciones duras. En resumen, el mismo discurso que el presidente Jair Bolsonaro ha estado propagando durante años”.

Televisión evangélica
Pero la programación de Record no se limita a los “delincuentes” y los “violadores”: también presenta a los pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios (Igreja Universal do Reino de Deus) que, a intervalos regulares, invitan a los espectadores a rezar y meditar sobre el drama que se acaba de presentar. Porque Record es propiedad de Edir Macedo, fundador y obispo de esta Iglesia, la tercera iglesia evangélica más grande de Brasil (en términos de número de fieles), presente en noventa y cinco países.

Bajo su apariencia ascética, Macedo, de 75 años, es de hecho un temible hombre de negocios cuyos activos habían sido evaluados en 1.900 millones de reales (unos 450 millones de euros, las últimas cifras disponibles) en 2015 por la revista Forbes. En 1977, cuando montó su primer templo en una antigua funeraria, Macedo buscó de inmediato proveerse de un programa de radio y luego de televisión para atraer a los fieles. En 1989 rescató Record, fundada en 1953 pero endeudada y mal gestionada, y utilizó su congregación para recaudar los 45 millones de dólares necesarios. La justicia examinó el asunto durante 30 años antes de que prescribiera en 2019, sin nunca haber podido determinar la legalidad de la operación. “Macedo vendió a los fieles la idea de tener una televisión evangélica sin pornografía ni alcohol. Pero una vez convertido en propietario, la convirtió en una televisión comercial como cualquier otra con el objetivo de destronar al canal Globo”, el más grande del país, explica el periodista Gilberto Nascimento, autor de una investigación sobre Macedo (2).

Imperio mediático
La programación de Record, temprano en la mañana y tarde en la noche, está reservada exclusivamente a los servicios de la Iglesia Universal del Reino de Dios. Este tiempo de emisión no es gratuito y la carismática estructura evangélica se revela como un cliente generoso para Record: aunque relegada a las franjas horarias menos deseables, la difusión de sus programas representaría el 30% de los ingresos del canal. Una ganancia inesperada, siempre financiada por los fieles de la Iglesia. En diez años se han transferido unos 2.300 millones de reales (casi 350 millones de euros actualmente) de “la Universal” a Record, a pesar de que el (...)

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Anne Vigna

Periodista, Río de Janeiro.

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