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Amenaza la partición del país africano

Libia atrapada en una guerra latente

Empantanada en una feroz guerra civil, Libia es presa de mercenarios de todo tipo. En ese escenario, Rusia y Turquía parecen enfrentarse, apoyando bandos opuestos. Sin embargo, ambos países tocan la misma partitura y sueñan con dividirse los restos de una Libia fracturada, para incrementar su influencia en el Mediterráneo.

Desde el levantamiento popular de febrero de 2011 seguido por la intervención aérea de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la muerte de su jefe de Estado Muamar Gadafi, Libia es presa del caos, de la fractura y de las injerencias externas. Las tres regiones tradicionales del país se transformaron en islotes fratricidas (1). Al este, Cirenaica, sede de la Cámara de Representantes en Benghazi, se convirtió en el feudo del mariscal autoproclamado Jalifa Haftar al frente de lo que él llama el Ejército Nacional Libio (ENL). Al oeste, en la Tripolitania, reina el bien mal llamado Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y cuya afiliación política lo emparenta con los Hermanos Musulmanes. En cuanto a la región multiétnica del Fezzan al sur, comarca de la cual se extrae un cuarto del petróleo libio, los que mandan allí son los milicianos tubúes, que se reparten entre las dos facciones.

El GAN cuenta con el apoyo activo de Turquía y, en menor grado, de Qatar, sin olvidar el apoyo más discreto de Italia y Alemania. Lo esencial de sus fuerzas está compuesto por milicianos de la coalición Fajr Libya (Amanecer Libio). En el bando de enfrente, Jalifa Haftar, ex oficial del ejército de Gadafi antes de su defección a fines de los años 1980, reúne también a milicianos locales así como a mercenarios sudaneses y chadianos. Sus padrinos extranjeros son Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita −un frente anti Hermanos Musulmanes−, y sobre todo Rusia, deseosa de acrecentar su anclaje mediterráneo. A ellos se suma Francia que, sin romper con Trípoli, preferiría ver vencer al bando del mariscal Haftar (2). En julio de 2019, el descubrimiento de misiles franceses cerca de Trípoli abandonados por las tropas vencidas del mariscal Haftar ya exponía este posicionamiento ambiguo (3). Un año más tarde, el descubrimiento de fosas comunes en Tarhuna, donde milicias pro Haftar se declararon culpables de exacciones, volvía el apoyo al mariscal cada vez más problemático (4). Como miembro permanente del Consejo de Seguridad, París debería sin embargo mantenerse del lado de la legalidad internacional apoyando al Gobierno de Acuerdo Nacional, el único reconocido por la ONU.

Área de influencia
Francia se encuentra en oposición frontal con Turquía, que desde comienzos de este año está presente en Libia con una gran cantidad de fuerzas. Para Ankara, el interés por esta región se remonta al siglo XVI cuando los otomanos ocuparon el Magreb, creando tres provincias con Argel, Túnez y Trípoli como respectivas capitales. Aunque no se trata hoy en día de reconstituir en África del Norte el imperio desmembrado en 1920, el presidente turco Recep Tayyip Erdoǧan no duda en evocar regularmente la grandeza del mismo. Y multiplica las oportunidades de demostrar las capacidades de proyección de su ejército más allá de sus fronteras: invasión en el norte de Siria, intervención en el Kurdistán iraquí y en Libia, proyecto de una base en Yemen, instalación militar en Qatar y amenaza de apoyar militarmente a Azerbaiyán en el conflicto del Alto Karabaj. Todo eso manifiesta una voluntad de expansión del área de influencia turca. En 2018, Yeni Akit, un diario progubernamental, después de haber enumerado los diez países en los que hay presencia de soldados turcos, no dudaba en afirmar: “Turquía regresa a sus tierras otomanas”. Este ardor expansionista se concreta también mediante la reactivación de una doctrina marítima imaginada en 2006 por Cem Gurdeniz, un almirante retirado, y bautizada Mavi Vatan (Patria Azul). Esta le concede la prioridad a la seguridad a expensas de la diplomacia -el apoyo de Ankara al GAN lo ilustra perfectamente-.

Libia, empantanda en una guerra civil que se eterniza a pesar de las conferencias de alto el fuego (la última tuvo lugar en Berlín en enero de 2020), se presenta como una conquista fácil para una potencia regional determinada. Un “trofeo” que ayudaría al presidente Erdoǧan a fortalecer su autoridad (5) sobre una población cada vez más crítica tal como lo demuestra el duro (...)

Artículo completo: 2 309 palabras.

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Jean-Michel Morel

Escritor.

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