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Provocaciones, desestabilización, los conflictos en la frontera sino-india se multiplican

Por qué China e India se enfrentan en el techo del mundo

La noche del 15 de junio de 2020, en los peligrosos relieves himalayos que forman la “zona gris”, ferozmente disputada, de la frontera sino-india, los soldados indios y chinos libraron un combate digno de las guerras medievales. Durante más de siete horas, en una noche cerrada, a 4.200 metros de altura, se enfrentaron a piedrazos, palos con clavos, barras de hierro envueltas con alambres de púas, pero también a golpes de puño, en un cuerpo a cuerpo de una extrema violencia.

Al amanecer, se contabilizaban del lado indio setenta y ocho heridos y veinte muertos, la mayoría de hipotermia o ahogados tras haber sido arrojados a las aguas heladas del Galwan, río abajo. Algunos cuerpos, arrastrados por la corriente, fueron rescatados más al sur, allí donde el Galwan desemboca en las aguas del río Shyok. Pekín se negó a dar cifras, pero fuentes indias muy informadas afirman que el Ejército Popular de Liberación (EPL) habría perdido más de cuarenta hombres.

Este trágico episodio se produjo tras varias semanas de escaramuzas a lo largo de esta frontera de 3.488 kilómetros que nunca fue claramente trazada. Desde la guerra sino-india de octubre-noviembre de 1962, fue designada con el nombre de “línea de control real” (Line of Actual Control, LAC) y abarca una vasta zona gris que incluye territorios pretendidos por ambos países. Al tener cada bando su propia interpretación del trazado, las líneas de demarcación subjetivas se entremezclan y superponen, dando lugar con frecuencia a altercados entre patrullas, incursiones (a veces involuntarias) y muchas otras infracciones. Sin embargo, es la primera vez desde hace cuarenta y cinco años que hay que lamentar muertes.

Sin armas de fuego
Hasta ahora, India y China habían logrado la notable hazaña de evitar conflictos mayores en torno a su frontera; los diferendos se resolvían pacíficamente mediante discusiones a nivel militar o diplomático. En 1988, acordaron que la cuestión fronteriza pasara a un segundo plano con el fin de profundizar sus relaciones en otros terrenos. El acuerdo bilateral del 7 de septiembre de 1993 sobre el mantenimiento de la paz a lo largo de la línea de control real oficializó “en un tratado internacional, el compromiso recíproco de ambos países de mantener el statu quo en la frontera. En los hechos, se comprometían a no tratar de imponer o hacer respetar sus fronteras con otros medios que no fuesen la negociación” (1). A lo que se sumó, en 2016, un protocolo especial que prohibía el uso de armas de fuego por parte de los soldados que recorrían la zona, con el fin de limitar el derramamiento de sangre.

Este acuerdo bilateral se consolidó a través de varios gestos de acercamiento: apertura recíproca de los mercados, cooperación en materia de inversión, educación y cultura, implementación de “medidas de fomento de la confianza” (Confidence-building Measures, CBM), firma de diversos protocolos, el último de los cuales data de 2013... Pero, a pesar de esta voluntad real de preservar relaciones estables, incluso cordiales, el litigio fronterizo nunca pudo resolverse.

India se vio sorprendida no sólo por la brutalidad del enfrentamiento del 15 de junio, sino por la rapidez con que se produjo, en momentos en que se llevaban a cabo discusiones con vistas a un repliegue militar y una desescalada desde las primeras escaramuzas, a comienzos de mayo de 2020, tras una serie de incursiones chinas en zonas administradas por Nueva Delhi o vigiladas generalmente por las fuerzas indias. Aunque el desarrollo de los hechos no esté del todo claro, según los elementos disponibles, los enfrentamientos del 15 de junio se asemejarían a una emboscada cuidadosamente premeditada por los chinos. Éstos habrían desviado particularmente el curso de varios pequeños arroyos con el fin de provocar un diluvio sobre las tropas rivales que avanzaban hacia ellos. Así, varios soldados indios habrían sido desequilibrados terminando su camino en el río, en el fondo del valle.

Una crisis grave
Otro aspecto sorprendente, según los indios: el ataque se desarrolló en tierras que China nunca antes había reclamado. Es la primera vez que Pekín pretende ocupar la totalidad del valle del Galwan, con el pretexto de que le pertenecería “desde siempre” (2). Negándose a expresar claramente sus ambiciones territoriales, los chinos se permiten una constante reinterpretación de la línea de control real, acompañada de usurpaciones permanentes e intervenciones militares para desplazar las líneas. Su avance más reciente, en Ladakh, consistió en posicionarse en la ribera sur del lago Pangong Tso, cuya ribera norte se encuentra ya desde hace mucho tiempo en su radar.

Sin embargo, tras una reunión de alto nivel entre los comandantes de los cuerpos armados de ambos países, el general Manoj Mukund Naravane, jefe de las fuerzas armadas indias, se mostraba extremadamente confiado: “Quiero asegurarle a la Nación que la situación a lo largo de nuestras fronteras con China está totalmente bajo control”, declaraba durante el desfile anual de los cadetes oficiales de la Academia Militar, el 13 de junio, es decir, apenas dos días antes de la sangrienta confrontación en el techo del mundo.

La crisis en curso entre ambos gigantes asiáticos es la más grave desde la breve guerra de 1962, que dejó profundas cicatrices. Para los indios, este conflicto había concluido con una humillante derrota, acompañada por un fracaso personal para el primer ministro de entonces, Jawaharlal Nehru. Los chinos, en cambio, pretendían librar una guerra punitiva con el fin de darle una buena lección a su vecino. Según varios escritores occidentales, entre ellos Alastair Lamb y, sobre todo, Neville Maxwell, en su libro India’s China War (3), India les dio el pretexto soñado al lanzar su “política de avance” (Forward Policy), es decir, decidiendo estacionar tropas a lo largo de la frontera cuyo reconocimiento pretendía.

Una lectura errónea
Otros investigadores cuestionan esta interpretación: Bertil Lintner señala así en China’s India War (4) que los preparativos de guerra chinos comenzaron dos años antes que Nehru expresara este concepto. Según él, la guerra apuntaba menos a conquistas territoriales que a destronar a Nehru, considerado el líder de los países del Tercer Mundo, y a imponerse como la verdadera potencia creciente en Asia. Por su parte, Nehru hizo una lectura profundamente errónea de la situación, que India pagó muy caro. Durante los tres años anteriores al conflicto, a pesar de las numerosas señales de descontento enviadas por los chinos, el primer ministro indio nunca quiso creer en la posibilidad de un ataque. Confiando en el advenimiento de un “siglo asiático”, se dejó engañar por las declaraciones de paz de su par chino, Zhou Enlai. Cometió también un grave error al rechazar categóricamente la propuesta que le hizo este último, en 1960, de reconocer el trazado de la Línea McMahon, al este, si India aceptaba, al oeste, abandonar sus pretensiones en las zonas de Aksai Chin conquistadas por los chinos. Lo cierto es que la invasión china de 1962 fue vivida por Nehru como una total traición.

Luego de la guerra que duró un mes y un día y permitió a China penetrar profundamente en territorio indio, Zhou Enlai sugirió que cada bando retrocediera 20 kilómetros con respecto a la línea de control real, lo que suscitó el rechazo de Nehru: “[Esta propuesta] no tiene ningún sentido. ¿A qué corresponde la ‘línea de control real’? ¿Se trata de la línea que resulta de su ataque de comienzos de septiembre [de 1962]? Usurpar 40 o 60 kilómetros de nuestras tierras por la fuerza de las armas, y luego ofrecer retroceder 20 kilómetros si nosotros nos comprometemos a hacer lo mismo, es una maniobra fraudulenta que no engaña a nadie” (5).

Estrategia del salame
El recuerdo de esta humillante derrota aún perdura. Si bien son perfectamente conscientes del desequilibrio de fuerzas con su vecino –tanto en términos de potencia política como de recursos económicos o veleidades expansionistas–, los indios consideran también que no pueden bajar la cabeza frente a la estrategia del salame implementada para ir comiendo territorios.

A partir de fines de agosto de 2020, el tono se endureció aun más. India acusa al EPL de haber violado el repliegue militar y diplomático acordado entre ambas partes tras el inicio de la crisis. Le reprocha su intento de “modificar unilateralmente el statu quo mediante provocaciones militares” tendientes a desplazar la línea de control real hacia el oeste, atribuyéndose de paso una superficie de 600 kilómetros cuadrados. Reclama finalmente un retorno al statu quo ante, a la situación imperante en abril de 2020.

El gobierno chino, por su parte, asegura que el repliegue previsto fue respetado. Si hubo intrusiones, habrían sido realizadas por (...)

Artículo completo: 4 419 palabras.

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Vaiju Naravane

Profesora en la Facultad de Periodismo, Medios de Comunicación y Cine de la Universidad Ashoka, en India; directora del Centre for Social and Behaviour Change.

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