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Constitución abre debate sobre modelo de gestión ambiental

Un Chile verde es posible

Hay quienes creen que el mundo camina hacia un colapso. Otros estiman que esa es una visión pesimista. Una pista local: el 18 de mayo de este año Chile fue el primer país latinoamericano en entrar en lo que constituye un «sobregiro ecológico», según los datos de la Red Global de la Huella Ecológica. Si todo el mundo imitara el tren de consumo criollo los recursos naturales disponibles en el planeta para todo el año, destinado a un desarrollo sostenible, se habrían consumido ya a mediados del quinto mes. Esto implica que la huella ecológica de Chile ha superado el promedio de la biocapacidad global, esto es, la capacidad biológica de los ecosistemas para regenerar recursos y absorber los desechos generados.

Parte del problema arranca de la percepción que el mundo es ancho y ajeno. Por ancho se entendía que era cuasi infinito. Por ajeno se asumió que los costos por su destrucción corrían por cuentas remotas y anónimas. A lo largo de siglos los océanos fueron considerados una suerte de vertederos en que se acumularon deshechos. Los océanos están además en un proceso de acidificación, en la medida que absorbe CO2 de la atmósfera. Hoy ya son un 30 por ciento más ácidos que en la época preindustrial, lo que afecta, entre otras especies, al plancton que está en la base de la cadena trófica.

En los continentes el deterioro ambiental recorre selvas, ríos, montañas y llanuras. En junio el Ártico registró temperaturas insólitas: en la localidad siberiana de Verjoyansk el termómetro alcanzó 38 grados. Este récord absoluto de calor en la gélida zona ártica da pie a una ominosa serie de efectos concatenados: la retroalimentación positiva. Este fenómeno ocurre cuando cada factor nutre al siguiente, configurando un efecto de cascada. La pérdida de las grandes capas de hielo en el Ártico, en Groenlandia, en la Antártica, además de la desaparición de grandes glaciares, tiene varias consecuencias devastadoras, puesto que los hielos reflectan alrededor del 80 por ciento de los rayos solares. La vegetación lo hace en una magnitud del 20 por ciento. Este fenómeno de reflejo de la radiación solar es conocido como albedo. Al derretirse los hielos, los rayos solares penetran en las aguas oceánicas y elevan su temperatura, lo que acelera aún más la desaparición de las superficies blancas. El calentamiento en la región ártica afecta la capa de permafrost (permahielo), que libera grandes cantidades de CO2 y metano. Los gases, a su vez, agudizan el efecto invernadero, que eleva aún más las temperaturas. Todo un círculo vicioso.

Cada año el Ártico altera su superficie: se achica en verano y crece con los fríos invernales. Pero tal como van las cosas, va en vías de desaparecer por completo hacia 2060. El hielo derretido aumentará el nivel de los mares y también la composición de las aguas. Uno de los efectos sobre los océanos es la circulación termohalina: la densidad del agua de mar está determinada por la temperatura y la salinidad. Estos factores provocan movimientos de agua, con las menos densas en la superficie y las más densas en las profundidades.

El amo del universo
La Biblia muestra que las concepciones depredadoras se remontan a la creación misma de la Tierra. Según narra el Génesis, en el sexto día «los bendijo Dios», y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la Tierra» (Génesis 1:27). Muchos siglos más tarde, Pablo VI, en la encíclica Populorum progressio, de marzo de 1967, vuelve sobre la idea de someter a la naturaleza desde una perspectiva antropocéntrica: «La creación entera es para el hombre, al que se le exige que aplique todo su esfuerzo inteligente para valorizarla y, mediante su trabajo, perfeccionarla -en cierto modo-, poniéndola a su servicio». En plena vena productivista, pontifica: «Cada pueblo debe producir más y mejor a fin de, por un lado, poder ofrecer a sus conciudadanos un nivel de vida verdaderamente humano, y por otro, (...)

Artículo completo: 2 078 palabras.

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Raúl Sohr

Raúl Sohr es autor del libro “El mundo será verde o no será” (Constitución y ecología), Editorial Penguin Random House, recién salido de imprenta y destinado al proceso de debate por una nueva constitución.

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