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El Covid-19 reordena el mundo

Una pandemia, dos futuros

Los economistas rara vez mostraron interés por los procesos mediante los cuales se construyen las reglas del juego, las instituciones y organizaciones cuya convergencia asegura la resiliencia de un régimen socioeconómico. Su incomprensión de la larga depresión que siguió al desmoronamiento del régimen soviético en Rusia es prueba de esta carencia. Ahora bien, salvando las distancias, es exactamente la pregunta que plantea la salida del coma en el que se vieron inmersas las economías para intentar detener la pandemia de Covid-19: ¿cómo reconstituir un sistema económico funcional a partir de componentes desconectados unos de otros?

Ante la falta de un apoyo histórico, cada cual propone una aproximación normativa en función de sus preferencias doctrinales o ideológicas. Para facilitar la recuperación, hay que eliminar los impuestos a la producción, afirman las organizaciones patronales. Hay que restablecer el impuesto a la riqueza, instituir un impuesto transitorio, o incluso permanente, a los altos ingresos y encaminarse hacia más justicia social, proclaman los investigadores y los movimientos de izquierda. Otros sugieren “empezar todo de cero”: tomar finalmente en cuenta la amenaza de desmoronamiento ecológico y prolongar el decrecimiento, cuya posibilidad demostró el confinamiento.

Explorar el legado de las dos últimas décadas se impone como una condición previa. La pandemia interviene en una coyuntura marcada por la difícil salida de la crisis de 2008, que no desembocó en un retorno a una regulación estricta de las finanzas. Al contrario: implicó la conservación de tasas de intereses casi nulas para estimular la actividad económica, fuente de recurrentes desmanes especulativos -por ejemplo sobre el petróleo y las materias primas- en las sociedades dominadas por la financiarización (1). El despegue de los ingresos del capital y la precarización del empleo alimentan un alza constante de las desigualdades. A principios del año 2020, los responsables políticos no podían imaginar que un virus fuese capaz de detener estas poderosas dinámicas.

Testear, trazar y aislar
Ciertamente, a partir de la observación del síndrome respiratorio agudo severo (SARS, en inglés) y del H1N1, algunos especialistas en salud pública habían llegado a la conclusión de que había que prepararse para el retorno de epidemias cuya probabilidad aumentaba con la movilidad internacional. En Asia se acusó recibo del mensaje, pero no en Estados Unidos o en Europa -al contrario-. En general, los gobiernos buscaron limitar el crecimiento de los costos de la salud, a riesgo de invertir de manera insuficiente en los equipamientos elementales de lucha contra las epidemias. Grande fue el desconcierto cuando la rápida progresión de las infecciones obligó a una medida radical -el confinamiento-, por no haber previsto y preparado los medios para una estrategia eficaz: testear, trazar y aislar. Así se explica la desigual letalidad de la pandemia entre las grandes zonas de la economía mundial y entre países geográficamente cercanos (Francia y Alemania, por ejemplo).

La decisión de muchos gobiernos de priorizar la defensa de la vida humana más que perseguir la normalidad económica invirtió la jerarquía tradicional instituida por los programas anteriores de liberalización, que habían debilitado el sistema de salud. Este cambio inesperado y brutal precipita una serie de ajustes que recorren toda la sociedad: pánico bursátil, desmoronamiento del precio del petróleo, falta de crédito, reducción del consumo, volatilidad de las tasas de cambio, abandono de la ortodoxia presupuestaria, etc.

La irrupción del Covid-19 tomó por sorpresa a los mismos comentaristas y actores, incapaces de encontrar las palabras para describir la situación que tenían que enfrentar. Después de la guerra contra el terrorismo, ¿era sensato declararle la guerra a un virus? ¿Era pertinente calificar de “recesión” lo que es de hecho una decisión política y administrativa de detener todas las actividades que no son necesarias para luchar contra la pandemia y para la vida diaria?

Los no especialistas y los dirigentes políticos pudieron creer que los avances de la biología permitirían un control rápido del Covid-19. Pero eso implicaba ignorar la advertencia de los investigadores en virología: no hay virus tipo, cada cual tiene características que hay que descubrir al mismo tiempo que se expande. Las autoridades por lo tanto tuvieron que tomar decisiones de largo alcance ante una incertidumbre radical. ¿Cómo decidir hoy cuando sabemos que aún no sabemos lo que terminaremos sabiendo pasado mañana –lamentablemente, ¿demasiado tarde?–. ¡Adiós al cálculo económico racional! De lo (...)

Artículo completo: 2 325 palabras.

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Robert Boyer

Economista. Autor del libro Les Capitalismes à l’épreuve de la pandémie, La Découverte, París, 2020, que inspiró este texto.

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