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En una sociedad ultra patriarcal

La rebelión de las surcoreanas

Detrás de su fachada moderna, Corea del Sur sigue siendo una sociedad muy patriarcal, en la que las mujeres sufren múltiples e insidiosas discriminaciones. Harta de esta situación, una nueva generación de feministas marca la hora de la revuelta, y avanza.

El 11 de abril de 2019, los jueces de la Corte Constitucional de Corea del Sur emitieron un veredicto histórico: por siete votos a favor y dos en contra, dictaminaron que la penalización del aborto, en vigor desde hacía décadas, era ilegal. Las mujeres surcoreanas ya no necesitan esconderse; una gran victoria para las asociaciones feministas. “El resultado de años de lucha”, proclamaba una activista, con la voz alterada por la emoción, al anunciarse la sentencia.

En los últimos años se alcanzaron otros avances significativos. El movimiento #metoo, que llegó tarde al país, tuvo un impacto considerable. A principios de 2018 una fiscal, Seo Ji-hyun, acusó públicamente a su superior de manosearla y relató cómo su carrera quedó destruida después de que se atreviera a protestar. Otras siguieron su ejemplo, rompiendo a su vez la ley del silencio. Dirigentes políticos, cineastas, artistas, académicos: estallaron varios casos resonantes que hicieron saber a todos que las agresiones sexuales, otras veces calladas, ya no lo serían más.

Saltan los tabúes
A raíz de estas revelaciones, muchas mujeres que aún dudaban se unieron al movimiento, se mostraron en público y alzaron la voz. En el verano de 2018, Seúl fue el escenario de las más importantes manifestaciones feministas de la historia del país. Al grito de “Mi vida no es tu película porno”, decenas de miles de mujeres denunciaron la inacción de las autoridades ante la proliferación de cámaras ocultas, llamadas molka, colocadas en lugares públicos (baños, saunas) para filmarlas sin su conocimiento. Estos videos, así como otros sex tapes robadas, se difunden y venden en Internet, arruinando la vida de las víctimas. Se acusa a la policía y a la justicia de ser culpables de laxitud e indulgencia. Estas airadas manifestaciones condujeron, en agosto de 2019 y nuevamente en mayo de 2020, al endurecimiento de la ley que castiga los delitos sexuales en línea.

“Las protestas de 2018 fueron las primeras reuniones feministas a las que me atreví a asistir”, cuenta Seo Ji-eun, una periodista de 22 años. Porque, en Corea del Sur, incluso la palabra es tabú: llamarse “feminista” es provocar la ira de la familia, los colegas masculinos, los internautas... “En ese entonces me escondía, temiendo que me identificaran como una militante y me atacaran. Pero las cosas están cambiando.” El éxito de Kim Ji-young, nacida en 1982 (1), una novela de Cho Nam-joo que vendió más de un millón de ejemplares, lo atestigua. Su heroína, una joven recién casada, se ve agobiada por las expectativas de una sociedad ultrapatriarcal, así como por las humillaciones diarias e insidiosas impuestas a las mujeres.

Así, poco a poco van saltando ciertos tabúes. “Cuando en 1991 creamos nuestra organización, ni siquiera podíamos pronunciar las palabras ‘violencia sexual’ –recuerda Park A-reum, representante del Centro de Ayuda contra la Violencia Sexual–. Ahora las víctimas encuentran el valor para hablar. Es un cambio importante”. En mayo de 2016, cerca de la estación de metro de Gangnam de Seúl, una pasante de 23 años fue asesinada por un desconocido de 34 años, quien confesó haber querido matar a una mujer al azar. Este hecho desencadenó una ola de activismo. La escritora feminista Lee Min-kyung explica: “Esa víctima podría haber sido yo. Después de ese crimen, explotó el movimiento feminista”.

Cuatro años más tarde, en abril de 2020, el primer partido feminista surcoreano se presentó a las elecciones parlamentarias. No obtuvo ningún escaño, pero su mera existencia fue una pequeña revolución. La Asamblea Nacional tiene ahora un 19% de diputadas. Un récord... para Corea del Sur. La vecina democracia taiwanesa tiene un 41,6%.

Techo de cristal
Bajo su apariencia moderna y ultraconectada, la sociedad sigue estando muy imbuida de la ideología neoconfuciana que sirvió de columna vertebral a la dinastía Joseon (1392-1910) y que promueve valores ferozmente patriarcales y conservadores: la mujer debe estar sometida toda su vida a su padre, a su marido y luego a su hijo mayor. Ciertamente, Corea del Sur es una democracia vigorosa que en 2017 pudo destituir a su presidenta Park Geun-hye –la primera mujer elegida para el cargo– tras meses de manifestaciones masivas y pacíficas (2). Pero (...)

Artículo completo: 2 249 palabras.

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Frédéric Ojardias

Periodista (Seúl). Autor del ensayo Les Sud-Coréens, Ateliers Henry Dougier, col “Lignes de vie d’un peuple”, 2017.

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