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Un largo debate intelectual

Sacar de la sombra a la mujer prehistórica

¿Y si nuestras ancestras femeninas hubieran pintado las cuevas de Lascaux, cazando bisontes? Al copiar en su objeto de estudio el modelo patriarcal del siglo XIX, junto con su orden divino, los primeros prehistoriadores construyeron mitos desvalorizadores de las mujeres. La labor científica conduce a tomar distancia de esas ideas preconcebidas para reconsiderar el rol del “segundo sexo” en la evolución humana.

Ningún argumento arqueológico confirma la hipótesis de que en el Paleolítico las mujeres tenían un estatus social inferior al de los hombres. Algunos arqueólogos, basándose en la abundancia de representaciones femeninas, incluso sugieren que, puesto que se encontraban en el centro de las creencias, debían tener una posición elevada en esas sociedades (1). Esta idea parece corroborarse en el caso de al menos algunas de ellas, ¿pero era aquella la única razón? Otros investigadores sostienen que, en esos tiempos remotos, las sociedades eran matrilineales, y hasta matriarcales.

Existe a menudo una confusión entre sociedad matriarcal –en la que las mujeres detentan la autoridad social y jurídica– y sociedad matrilineal –sistema de parentesco basado en la filiación por la madre. El término “matriarcado” supone una dominación femenina, como lo indica su etimología (del griego ἄρχειν, “dirigir”, “mandar”). Si ha podido observarse una jerarquía basada en la hembra dominante y su descendencia en varias especies animales, en particular entre nuestros primos hermanos los chimpancés bonobos, y si los Na, pueblo de origen tibetano de los recónditos valles de Yunnan en China, constituían una sociedad matriarcal todavía en los años 1990 (2), el matriarcado hoy ha desaparecido. Sin embargo, muchas sociedades, en todos los continentes, han sido matrilineales y algunas continúan siéndolo aún hoy. Al observar que, desde la Antigüedad, en la mayoría de las civilizaciones los hombres poseen un poder económico y social superior al de las mujeres, muchos autores afirman que lo mismo ocurre desde los orígenes de la humanidad. Refutan la tesis, defendida por estudiosos del siglo XIX, de la existencia de un matriarcado anterior al patriarcado. Su presencia en las sociedades prehistóricas, objeto de debate desde hace más de un siglo y medio, continúa provocando ásperas discusiones. Para muchos autores, “el matriarcado original” no sería más que un mito, para otros, habría existido hasta la aparición del patriarcado durante el Neolítico (3).

Matriarcado primitivo
Dentro de la promiscuidad del clan, al no poder saber con certeza quién era el padre de un niño, la transmisión del parentesco solo podía hacerse a través de la madre. Para el antropólogo polaco Bronisław Malinowski (1884-1942) y el jurista suizo Johann Bachofen (1815-1887), esta filiación matrilineal estaba presente en las primeras sociedades humanas. Ya en 1861, Bachofen, basándose en mitos antiguos y relatos de viaje, en particular los del padre jesuita Joseph François Lafitau (1681-1746), misionero en Nueva Francia (Canadá), sugería que “la época primitiva” fue la era de la “ginecocracia” por el derecho materno. El jurista sostenía que las mujeres habrían utilizado el “misterio” de la maternidad para organizar la tribu en torno al culto de la “Gran Diosa” y la transmisión del poder de madre a hija. La existencia de un matriarcado primitivo, o por lo menos de una igualdad social entre hombres y mujeres, fue asegurada por varios antropólogos y filósofos de fines del siglo XIX. Para ellos, fue durante la transición de la economía de depredación (cazadores-recolectores) a la de producción (agropastores) que los hombres habrían tomado el poder e instaurado el patrilinaje, y luego el patriarcado. Esta tesis, que aún perduraba a principios del siglo XX entre algunos antropólogos, fue retomada en los años 1930. Las estructuras sociales de las sociedades prehistóricas se habrían modificado a lo largo del tiempo. Habrían sido primero clánicas, luego matriarcales y sedentarias y, por último, familiares (en pareja) y nómades. Basado en varias inexactitudes, este esquema evolutivo lineal propuesto por el arqueólogo ruso Piotr Efimenko ha sido totalmente abandonado hoy en día.

“Mitologías eruditas”
Casi treinta años más tarde, Marija Gimbutas, especialista de la Edad del Bronce (-2.200 a -800), describió las sociedades pre-indoeuropeas como “matrísticas” (4) (matrilineales). Éstas habrían perdurado durante aproximadamente 27.000 años, antes de ser progresivamente suplantadas por la llegada, a partir de 3.000 años antes de nuestra era, de tribus nómades provenientes de las estepas de Asia Central. Las civilizaciones mediterráneas llamadas de las “hipogeas” –cuya característica es la inhumación de los difuntos en grutas artificiales cavadas en la roca– se enmarcarían también en ese tipo de organización matrilineal y habrían sufrido la misma suerte alrededor de 3.500 años antes de nuestra era. Las tribus de jinetes habrían impuesto a las poblaciones indígenas matrilineales un sistema patriarcal y guerrero. Esta tesis fue asimismo cuestionada, principalmente, porque se han descubierto armas y rastros de fortificaciones que datan de (...)

Artículo completo: 2 554 palabras.

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Marylène Patou-Mathis

Directora de Investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica, Departamento Hombre y Medio Ambiente del Museo Nacional de Historia Natural, París. Autora de L’homme préhistorique est aussi une femme. Une histoire de l’invisibilité des femmes(editorial Allary, París, octubre de 2020), del cual ha sido extraído el presente texto.

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