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De los Imperios a los Estados-nación

El origen de los conflictos en Transcaucasia

Un odio feroz, relatos irreconciliables: la Guerra del Alto Karabaj enfrentó a dos naciones a las que todo parece oponer. Sin embargo, armenios y azerbaiyanos cohabitaron durante mucho tiempo en el seno de los imperios ruso, otomano o persa. En un espacio de pueblos entremezclados al sur del macizo del Gran Cáucaso, la fundación de Estados sobre una base territorial étnico-religiosa hizo estallar el polvorín.

Fue por medio de la botánica, ciencia de la clasificación por excelencia, que un estudiante de la Universidad de Tartu (Estonia, en ese entonces Imperio Ruso), Nikolaus (Nikolai) von Seidlitz, inició, en los años 1850, el descubrimiento de los confines caucasianos del imperio zarista. Instalado poco después en Bakú, hoy capital de Azerbaiyán, y luego en Tiflis -hoy capital de Georgia-, Seidlitz se convirtió pronto en el responsable del Comité de Estadística del Cáucaso, dependiente de las autoridades rusas en la región. A ese título publicó en 1881 el primer gran mapa etnográfico de la región. En los años siguientes, lo declinaría mediante una serie de publicaciones que aún aclaran el conflicto presente en el Alto Karabaj.

El mapa impresiona, en un primer momento, por sus dimensiones. Con una escala de 1:1.080.000 (1 centímetro en el mapa por cada 10,8 kilómetros en el territorio), muestra de este a oeste todo el espacio contenido entre el Mar Negro al Mar Caspio (1). Comparada con las percepciones actuales, esta representación recuerda que el Virreinato del Cáucaso, establecido por el zar Nicolás I en 1844-1846, cubría un espacio considerable, que corría, al norte, hasta las llanuras del Don y, al sur, hasta los límites de los imperios persa y otomano. El conjunto impacta por su abigarramiento. Este deriva de la voluntad de resaltar la diversidad “etnográfica” de una región particularmente heterogénea. Esta diversidad, que contrasta con la situación presente, era heredada de la historia, en el cruce de tres imperios, y de circulaciones antiguas que hacían cohabitar en espacios restringidos -a veces en un mismo valle o en un mismo pueblo- grupos étnicos, lingüísticos y religiosos distintos.

Herramientas combinadas
La obra de Seidlitz se inscribe en el surgimiento, a fines del siglo XIX, de las tentativas occidentales de llevar a cabo series estadísticas de las poblaciones, gracias a las herramientas combinadas de la antropología física, la lingüística y la geografía. Esas tentativas culminarán en Rusia con el primer gran censo zarista, que, llevado a cabo en 1897, reveló la dificultad de captar la realidad compleja de las zonas fronterizas del Imperio (2). El mapa se apoyaba, en lo inmediato, sobre una serie de volúmenes publicados por Seidlitz a partir de 1871 bajo el título Selección de informaciones acerca del Cáucaso. El cuadro estadístico que acompaña el mapa traduce las principales categorías censadas.

Aunque aparece el término “raza”, la lengua constituye el principal criterio de clasificación. Al sur de la barrera geográfica que conforman las altas montañas del Gran Cáucaso, emergen tres grupos mayores: armenios, georgianos y “tártaros azerbaiyanos”, la apelación más corriente en esa época para designar a los turcófonos musulmanes (generalmente chiitas) de Transcaucasia. Aunque los georgianos y los tártaros ocupan superficies relativamente homogéneas al este y al oeste, se observan poblaciones musulmanas dispersas hasta el borde del Mar Negro, mientras que los armenios se despliegan por toda la región; sin contar a aquellos –más numerosos en aquel entonces- del Imperio Otomano. El observador contemporáneo debe sin embargo cuidarse de interpretar semejante cohabitación desde el punto de vista de una lectura demasiado exclusiva de las identidades, a la cual lo acostumbra la historia reciente. Las formas nacionales se cristalizaron progresivamente. Competían con elementos religiosos, geográficos, lingüísticos o sociales que frecuentemente tenían una importancia igual de grande y que complicaban las primeras tentativas de clasificación.

Un conservatorio de minorías
El mapa de Seidlitz ofrece una introducción visual a la complejidad de los procesos sociopolíticos que se anudan en el Cáucaso al final de la época zarista. Recuerda un tiempo en el cual, lejos de corresponder al modelo del Estado-nación, esos territorios estaban recubiertos con un mosaico de pueblos; y seguirían siendo hasta el siglo XX un formidable conservatorio de minorías. Pero, aunque el mapa de 1881 deja ver una representación estadística de las poblaciones del Cáucaso, la región en realidad se encontraba en plena transformación, con migraciones importantes, asociadas a las actividades agrícolas, mineras e industriales, así como también a la construcción de grandes infraestructuras y un auge petrolero que trastornaba a la ciudad de Bakú.

En 1905, la primera revolución rusa dejó en evidencia las fracturas socioeconómicas, religiosas y políticas que recorrían la región, al combinar un (...)

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Étienne Peyrat

Profesor titular de Historia Contemporánea en Sciences Po Lille, autor de Histoire du Caucase au XXe siècle, Fayard, París, 2020.

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