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Una consigna más popular que nunca

Vértigos independentistas en Escocia

El Reino Unido se asemeja a veces a un juego de palitos chinos en el que el retiro del palillo “Unión Europea” amenazaría al conjunto con un colapso generalizado. El Brexit, efectivizado a principios de 2021, reaviva las esperanzas de autonomía en Edimburgo. Pero Escocia sigue atrapada entre un futuro británico que ya no desea y una independencia que aún no puede reclamar.

Si el Covid-19 no perturba el calendario electoral, al acercarse el 6 de mayo de 2021 Escocia se encontrará en el foco de atención del interminable drama constitucional que el Reino Unido ofrece al mundo desde hace algunos años. El escenario ya está escrito: a pesar de la pandemia, las sextas elecciones generales de Escocia se centrarán, más que nunca, en torno a la cuestión de la independencia.

El Partido Nacional Escocés (SNP, en inglés) tiene garantizada una cuarta victoria consecutiva y la independencia ocupó el primer lugar en una serie inédita de diecisiete encuestas consecutivas. Si como en 2011 el SNP obtiene la mayoría, exigirá un referéndum sobre el tema; si no, confiará en los Verdes escoceses para conseguirlo.

No obstante, sólo Londres puede autorizar un voto vinculante. Por lo que la determinación del SNP podría estrellarse contra los muros del Palacio de Westminster, garante de la soberanía británica. El primer ministro Boris Johnson –cuyo triunfo en las elecciones generales de 2019 avivó las llamas del sentimiento independentista al otro lado del Muro de Adriano– declaró que tras el referéndum celebrado en 2014, el país no organizaría otro escrutinio sobre el tema hasta dentro de cuarenta años.

La primera ministra
Por lo tanto, de un lado se encuentran el SNP y un puñado de partidos más pequeños –los Verdes, el Partido Socialista Escocés (SSP, en inglés– y organizaciones como la Campaña para la Independencia Radical, de ultraizquierda, o la coalición Yes Alba. En el mundo de la cultura, los artistas y escritores aportan una dosis de glamour e incluso de protesta chic a los grises manifiestos de las formaciones políticas independentistas. El tema también predomina en las redes sociales y en los medios de comunicación alternativos. Tras el referéndum de 2014, la empresa estadounidense NewsQuest aprovechó un mercado en expansión para lanzar un diario, The National.

Enfrente están el gobierno británico y los principales partidos del país, sin otra respuesta a la erosión de su legitimidad en Escocia que el perpetuo recordatorio de la soberanía constitucional del Parlamento. Conservadores, laboristas y demócratas liberales compiten por los cada vez más escasos votantes “unionistas”, prometiendo oponerse a una segunda consulta, cualquiera fuera el resultado de la votación del 6 de mayo. Es lamentable ver a la corriente favorable a mantener a Escocia dentro del Reino intentar alinear a las organizaciones populares que la animan; y peor aun, intentar convocar a otras celebridades que no sean la autora J. K. Rowling. El tradicional escepticismo de la prensa escrita sobre la independencia ha sido compensado ahora con su desprecio por el Brexit y el gobierno de Johnson. Incluso la British Broadcasting Corporation (BBC), cuya cobertura de las elecciones de 2014 había revelado su sesgo anti-independencia, está siendo criticada por los unionistas que la encuentran demasiado complaciente con el SNP.

Entre las quejas figura la forma en que el canal trata a la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon (SNP), cuyo manejo de la crisis del Covid-19 fue apoyado por sus administrados. La popularidad de Sturgeon constituye un factor importante en el éxito electoral del SNP, y la comparación de su estilo sobrio y técnico con el nacionalismo desordenado de Johnson alimentó el apoyo a la independencia durante la pandemia.

Permanecería en la UE
Así pues, la dinámica parece ser favorable al divorcio, lo que podría validar la estrategia gradualista que desde los años 1990 adoptan los sucesivos dirigentes del SNP. Esta apuntó a maniobrar en el seno de las instituciones del Estado británico, liderando el primer Parlamento escocés en 1998, tras la descentralización (devolution of power) votada el año anterior, y luego utilizando el aparato administrativo para demostrar que el país podía gobernarse a sí mismo. En efecto, las Casandras prometían en esa época que la salida de Escocia conduciría al caos y a la pérdida de tótems preciados para una parte de la población. El SNP siempre respondió que una Escocia independiente solicitaría su ingreso a la Unión Europea (incluso si era probable que Madrid se opusiera para no alentar a los independentistas catalanes), conservaría la libra esterlina, seguiría sujeta a la corona (1) y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

El razonamiento gradualista siempre ha sostenido que una acumulación progresiva de legitimidad electoral obligaría a Londres a acceder a las demandas del SNP. Una lógica que se apoyaba en la decisión del primer ministro conservador David Cameron (2010-2016) de celebrar un referéndum vinculante en 2014. En un contexto en el que la independencia parece mucho más popular, (...)

Artículo completo: 2 560 palabras.

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Rory Scothorne

Escritor, Edimburgo. Autor, con Cailean Gallagher y Amy Westwell, de Roch Winds: A Treacherous Guide to the State of Scotland (Luath Press, Edimburgo, 2016).

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