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La extrema derecha, reconciliada con Bruselas

Italia, un laboratorio político europeo

Cuando se convirtió en una de las principales formaciones políticas italianas, hace tres años, la Liga (extrema derecha) despotricaba contra Bruselas y sus políticas de austeridad. Sin embargo, el pasado mes de febrero, se unió al gobierno de Mario Draghi, el ex presidente del Banco Central Europeo. ¿Como se explica semejante vuelco?

Diez años después de Mario Monti y su gobierno de tecnócratas, otro ex ejecutivo de Goldman Sachs acaba de instalarse en el Palacio Chigi. Como su predecesor, y como Emmanuel Macron durante la campaña presidencial francesa de 2017, Mario Draghi pretende superar la brecha entre la derecha y la izquierda elevándose por encima de los partidos y aportando la visión iluminada del experto, mientras permanece escrupulosamente anclado a las reglas fijadas por Bruselas: ortodoxia presupuestaria y neoliberalismo. El ex presidente del Banco Central Europeo (BCE) logró reunir a todas las agrupaciones italianas, de la izquierda a la extrema derecha, incluso aquellas que prosperaron oponiéndose a ese programa. En efecto, recibió el apoyo conjunto del Movimiento 5 Estrellas (M5S, en italiano) y de la Liga, dos partidos que, tres años antes, ganaban las elecciones legislativas con la promesa de romper con la austeridad y oponerse a los diktats europeos.

Drama en tres actos
Que ministros de extrema derecha formen parte del gobierno de Draghi no impresionó a mucha gente, ni en las cancillerías europeas, ni en los medios de comunicación, donde esta coalición nacional es presentada como un modelo de sentido común. Nadie se molestó tampoco por esta democracia italiana tan particular donde los electores pueden votar mayoritariamente, en marzo del 2018, en contra de las políticas de rigor impuestas por Bruselas, y luego, sin siquiera volver a las urnas, encontrarse en febrero del 2021 con un gobierno defendiendo esas mismas políticas. La historia de este giro es la de un drama político en tres actos.

Acto I, agosto del 2011. Apenas nombrado presidente del BCE, Draghi le escribe una carta a Silvio Berlusconi, el jefe de Gobierno italiano. Le indica una serie de medidas necesarias para obtener la ayuda de su institución: recortes en el gasto público y las jubilaciones, liberalizaciones en el sector de los servicios, revisión de las normas de despido, reducción de la remuneración de los funcionarios. El presidente del Consejo italiano no tiene los medios para oponerse, porque, sin la ayuda del BCE, las tasas sobre la deuda volverían a aumentar y la situación se volvería rápidamente insostenible. Pero la mayoría de la derecha está demasiado dividida como para comprometerse en un programa de este tipo. Tres meses después de la misiva, el presupuesto propuesto por Berlusconi es rechazado en el Parlamento, y Monti, un “experto” sin etiqueta política, es quien toma el relevo.

Se abre entonces un período que durará siete años y que verá sucederse cuatro presidentes del Consejo: después de Monti, vendrán Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni. La acción de estos gobiernos, dedicada íntegramente a reformas institucionales de inspiración neoliberal, se basa en el acuerdo entre el Partido Demócrata (centroizquierda) y la derecha de Berlusconi. El apoyo proviene de las clases altas y de una fracción importante de las clases medias, en una superación singular de las pertenencias fundadas en la brecha entre la derecha y la izquierda: es el “bloque burgués” (1), una coalición social con el mismo perfil de la que será consolidada algunos años más tarde por Macron en Francia.

Acto II. Los partidos que habían seguido la hoja de ruta del BCE son muy severamente sancionados. El bloque burgués se disuelve por su incapacidad de ampliarse a una fracción significativa de las clases populares, al tiempo que incluso las clases medias se le alejan. Forza Italia, el partido de Berlusconi, y el Partido Demócrata, que, diez años antes, reunían el 70% de los votos, no pesan más que el 32%. En paralelo, los que se habían ubicado en la oposición obtienen un resultado notable. La Liga de Matteo Salvini se impone –hecho inédito–, como la principal fuerza a la derecha, mientras que el M5S se convierte en el primer partido del país acercándose a un tercio de los votos.

Un hombre providencial
Acto III, febrero de 2021. Aunque los equilibrios en el Parlamento no cambiaron desde el escrutinio de marzo del 2018, se debe designar un tercer gobierno. Los dos anteriores (la alianza entre la Liga y el M5S, y luego aquella entre el M5S y el Partido Demócrata) fracasaron, habiendo durado cada uno poco más de un año. Así es como Draghi, el mismo que había firmado la carta que sirvió de breviario al bloque burgués, es encargado de formar un gobierno. De una manera que puede parecer sorprendente, el ex banquero es recibido como un hombre providencial, no sólo por los partidos que, aplicando su programa, se hundieron en las urnas, sino también por los que, oponiéndose al mismo, pasaron a ocupar el frente de la escena política (2).

Draghi multiplicó las señales que no dejan ninguna duda sobre su voluntad de retomar el camino de la reforma neoliberal. En este sentido, eligió como Consejero Económico a Francesco Giavazzi, que ya figuraba entre los “expertos” encargados por el gobierno Monti de identificar el gasto público a recortar (3). Durante su primer discurso ante el Senado, el 17 de febrero, Draghi declaró que se anunciarían pronto nuevas reformas. Se tratará de reforzar la competencia, de “simplificar” el sistema fiscal, de reducir los impuestos, de volver la administración más eficaz y de favorecer la emergencia de polos de excelencia en el sistema de investigación. Pero, sobre todo, anunció que la utilización de la ayuda europea prevista por el plan de recuperación “Next Generation EU”, puesto en marcha en (...)

Artículo completo: 2 955 palabras.

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Stefano Palombarini

Economista. Autor, con Bruno Amable, de L’illusion du bloc bourgeois. Alliances sociales et avenir du modèle français, Raisons d’agir, París, 2017.

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