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Jack Ma, un empresario que se volvió molesto para el poder chino

Alibaba, del milagro al vía crucis

Gracias a la recolección de los datos personales de sus clientes y a su idilio con el régimen chino, el grupo Alibaba se convirtió en un poderoso actor mundial del comercio electrónico, de las finanzas en línea y de la salud. En la actualidad, Pekín toma conciencia de su dependencia hacia ese conglomerado que hace temblar a los bancos. Y cuenta con la desconfianza creciente de la población hacia su fundador, Jack Ma.

“Todos sabemos que, cuando uno pide prestado 100.000 yuanes, el banco lo aterroriza. Cuando pide 10 millones de yuanes, uno y el banco están aterrorizados. Y cuando pide mil millones de yuanes, es uno el que aterroriza al banco”. El 24 de octubre de 2020, en el Bund Summit de Shanghái, un coloquio que reunía a las eminencias mundiales del sector bancario, Jack Ma, fundador de Alibaba, el gigante chino del comercio en línea, lanzaba esa amenaza apenas velada. Retirado desde septiembre de 2019 de la presidencia del grupo, Ma –cuyo verdadero nombre es Ma Yun– entablaba entonces, confiado, un discurso sobre la obsolescencia de la oferta bancaria actual y el advenimiento del big data. Al mismo tiempo bosquejaba un “nuevo sistema financiero en el cual la innovación y las regulaciones están en armonía”, y abogaba por la “creación de una moneda digital”. Por supuesto, sin olvidarse de celebrar su propia creación: Ant Group, la rama financiera del grupo, que otorga masivamente préstamos a particulares y a pequeñas y medianas empresas (PyMEs) sin historial bancario. “Estos últimos dieciséis años, el desarrollo de Ant Group giró alrededor del respeto al medio ambiente, de la sustentabilidad y de la inclusión financiera. Si unas finanzas respetuosas del medio ambiente, sustentable e inclusiva, resulta ser un error, entonces cometeremos ese error en toda la eternidad”.

Ese vuelo lírico no fue muy del gusto de Wang Qishan, el vicepresidente chino, ni de Yi Gang, presidente del Banco Central, que se habían expresado los dos poco antes que él. Algunos días más tarde, el 2 de noviembre, Ma es convocado a una entrevista por el regulador financiero. Al día siguiente, la introducción en Bolsa de Ant Group en Shanghái y Hong Kong, anunciada como la más grande jamás realizada, es brutalmente anulada. El mes siguiente se abre una investigación sobre las prácticas comerciales del grupo, consideradas anticompetitivas. El multimillonario más famoso del país desaparece durante ochenta y ocho días, lo que hace temer un arresto o una fuga al extranjero. Reaparecerá en un breve video, dirigiéndose, avergonzado, a docentes de escuelas rurales en el marco de su fundación, antes de ser visto en un terreno de golf de la isla de Hainan.

Si 2020 terminó en un desastre para Ma, ese año de pandemia sin embargo había sido un logro para Alibaba, su imperio del comercio electrónico: sigue siendo consejero de la dirección y segundo accionista individual, incluso tras haber cedido el 1,4 % del capital en julio último, por la bagatela de 8.200 millones de dólares [véase el recuadro adjunto]. Con la crisis sanitaria, las ventas en línea treparon un 11 % el último año, alcanzando un cuarto de las ventas al por menor de bienes de consumo (1). La martingala del grupo es Taobao, una plataforma lanzada en 2003 en la cual PyMEs y particulares pueden alojar sus productos (2). En 2008 se desdobló y dio nacimiento a Taobao Mall, convertido en TMall, consagrado a las grandes marcas chinas o internacionales, así como a sus distribuidores autorizados; la cadena francesa de cosméticos y de productos de lujo Lancôme, por ejemplo, le confió todas sus ventas en línea chinas. Poco a poco se le agregaron el servicio de entrega a domicilio Cainiao, a la manera de Amazon, y la herramienta de pago por smartphone Alipay. De 2008 a 2018, Taobao captó el 80 % del mercado chino de la venta en línea.

Pregoneros de la era digital
Una de las fuerzas del grupo radica en la proximidad ofrecida entre el vendedor y el cliente. Desde su lanzamiento, Taobao abre un chat que permite una discusión en directo entre las dos partes antes de cada transacción. La generalización del smartphone y el despliegue masivo de la red telefónica de banda ancha vuelven muy popular el streaming video y, con él, una comunidad de jóvenes influencers de la Web, los Wang Hong, que reciben propinas a cambio de una canción o de un baile en directo. Taobao los recibe con los brazos abiertos: se convierten en los pregoneros de la era digital, y le sacan el polvo a las telecompras. El “11.11” (once de noviembre), el “día de los solteros” creado en 2009 por Alibaba, en que se hacen rebajas masivas durante veinticuatro horas –583.000 transacciones por segundo en 2020–, consagra su triunfo. Esa jornada de locos celebra la compra compulsiva en el seno de una juventud en búsqueda perpetua de diversión.

Pero el patrón de Alibaba no se contenta con su famosa plataforma. A gran velocidad construye un vasto conglomerado que se despliega en el comercio clásico con cadenas de supermercados, en la entrega a domicilio, en la nube informática, en el cine, propone un sistema de guiado y de navegación del tipo GPS, un sitio de videos a imagen de YouTube… Hasta se permite uno de los más importantes diarios en inglés de Hong Kong, el South China Morning Post.

En forma paralela, se lanza en las finanzas al crear Ant Financial, que se convertirá en Ant Group, también con base en Hangzhou (Zhejiang). De creer en la leyenda que se ocupa de construir, Ma se lanzó en la aventura para lavar la afrenta que él mismo padeció antaño, como todos los no privilegiados, a quienes sistemáticamente se les niegan los préstamos. Así, en un foro económico mundial de Davos, en 2017, contó que, en sus comienzos, en 1995, tuvo que esperar tres meses para obtener la respuesta (negativa) de un banco a su pedido de un préstamo. Entonces intentaba lanzarse en la creación de páginas Web para las empresas. Cuatro años más tarde, con diecisiete asociados, entre los cuales estaba Joseph Tsai, un joven abogado fiscalista canadiense de origen taiwanés, funda Alibaba.com y levanta 20 millones de dólares ante el japonés Softbank, los que darán en 2014 una valorización bursátil total de 60 mil millones, tras la introducción en la Bolsa en Nueva York. Ant, de la cual Alibaba posee el 33 % del capital, se hizo conocer por su aplicación Alipay, establecida desde 2004. Esta herramienta de pago es utilizada hoy por cerca del 56 % de las compras por smartphone (3), lejos por delante de WeChat Pay, del grupo competidor Tencent, en un país donde solo un quinto de la población posee una tarjeta de crédito, según los datos del Banco Mundial en 2017. Incluso en las tiendas más pequeñas, ahora es corriente pagar con su teléfono. Cada vez más comerciantes abandonan el dinero en efectivo, cosa que desfavorece a las personas adultas. En varias oportunidades el Banco Central chino se preocupó por eso. “Las instituciones de pago no bancarias no deben promover el concepto del sin cash o discriminar los pagos en cash de alguna manera”, declaró una vez más el 15 de diciembre de 2020 (4).

Ya se trate de una comprita en TMall o en Taobao, de una cena en el restaurante o de un tratamiento en un salón de belleza, a Alipay le gusta añadir ofertas promocionales… por medio de la suscripción de un préstamo para el hogar, concedido por el servicio Huabei, nacido en 2015. Este último nunca envía el dinero directamente al comprador, sino al vendedor. El cliente tendrá entonces hasta el 10 del mes siguiente para reembolsar el préstamo. La tasa de interés es generalmente nula, pero ese servicio lleva al consumo permanente, sin que haya que esperar el pago mensual. Un sistema similar, bautizado Jiebie, también es propuesto a las PyMEs, largo tiempo ignoradas por los bancos tradicionales.

El “crédito sésamo”
Esos préstamos o prepagos son concedidos tanto más fácilmente cuanto que están adaptados a las necesidades del cliente, sobre la base de su “crédito sésamo”, o Zhima credit, según un modelo cercano al credit score norteamericano (5). Se trata de una nota atribuida a cada usuario Alipay que lo desee, y determinada en función de su historial de compras. Miles de millones de datos son así amasados y analizados cada día para abrir las puertas del crédito al máximo de individuos. Cuanto más alta es la nota, tanto más elevado podrá ser el monto del préstamo y más importante el reembolso.

Un buen “crédito sésamo” también aporta el aval de integrar un club de consumidores virtuoso a quien las cadenas de hoteles ya no le piden garantía para la reserva de una habitación, a quien los restaurantes le prestan una batería externa de smartphone en la comida, a quien las bibliotecas le aumentan la cuota de libros para llevar… La lista es infinita. A la inversa, un mal “crédito sésamo” adopta aspectos de destierro económico.

“Hubo muchas fantasías alrededor de Zhima”, atempera sin embargo Branden Zhang, exejecutivo en Ant-Asia del Sudeste, en Singapur. Alude a las acusaciones recurrentes de porosidad entre el “crédito sésamo” de Ma y el sistema de crédito social experimentado por el gobierno chino desde 2014, que atribuye o retira puntos a los ciudadanos en función de buenas o malas acciones (6). “Por cierto, a ningún otro país le gustaría ofrecer tanto acceso a los datos a una empresa (...)

Artículo completo: 4 769 palabras.

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Jordan Pouille

Periodista.

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