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Un ex presidente cuenta su falta de audacia

Barack Obama, de Don Quijote a Sancho Panza

Pocos presidentes estadounidenses suscitaron tanto entusiasmo y fueron tan populares a nivel internacional. En el balance, sin embargo, queda la sensación de una ocasión desperdiciada. En sus Memorias, Barack Obama ofrece algunas claves de esta decepción. ¿Acaso también explican la actual audacia económica de su ex vicepresidente?

Las obras de los dirigentes políticos que repasan su recorrido después de haber desilusionado merecen ser leídas por aquellos que desean hacer las cosas mejor que ellos. Cuando se ven obligados a admitir la desilusión que suscitaron, la imputan a menudo al irrealismo de sus partidarios, al furor de sus adversarios, a la complejidad del mundo, a un juego político que los obligó a prometer más de lo que podían cumplir. Pero incluso una presidencia decepcionante conlleva alguna realización de la cual se gusta presumir. No es casualidad que el primer volumen de las Memorias de Barack Obama concluya con el relato detallado de la persecución y ejecución de Osama Ben Laden (1).

Pero el autor, que ya debe estar pensando en el capítulo que concluirá su segundo volumen, no puede ir demasiado lejos en la presentación eufemística de su balance. Porque su presidencia, iniciada con entusiasmo el 20 de enero de 2009, después de un tsunami electoral y bajo los auspicios del “Sí, se puede”, concluyó ocho años más tarde con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Sin dudas más grave aun para Obama: ya no queda mucho de sus años de ejercicio del poder en la memoria colectiva, al punto que uno de los presidentes más inteligentes y brillantes de su país parece haber marcado la historia en menor medida que su sucesor inmediato, sin embargo menos dotado que él.

En nuestra compañía, el autor parece observar su recorrido y sus realizaciones. Y, con nosotros, se interroga: ¿qué quería entonces ese Barack Obama? El poder, sin duda. Militante comunitario, decidió entrar en política para no tener que seguir contentándose con hacerse cargo de las consecuencias de decisiones ajenas. Luego, se convenció de que un parlamentario minoritario de un Estado del Midwest sería menos poderoso que un representante del Congreso. Después, una vez elegido Senador por Illinois, volvió su mirada hacia la Casa Blanca. Contra todo pronóstico, le ganó a Hillary Clinton en las primarias demócratas antes de suceder a George W. Bush al término de una campaña vibrante y alegre. Casi siempre tomó la decisión correcta –entre ellas, aquella muy valiente de (...)

Artículo completo: 1 269 palabras.

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Serge Halimi

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