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El uso de Inteligencia Artificial para la lucha electoral y el control ciudadano

Cómo llegó el capitalismo de la vigilancia a Chile

Sin darnos cuenta hemos entrado en una forma de capitalismo de la vigilancia que se está apropiando unilateralmente de toda experiencia humana para convertirla en materia prima gratuita, en un mercado de “futuros conductuales”. Nos quieren hacer creer que el futuro está en llegar a ser influencer en redes sociales, cuando la verdad es que nos han convertido en meros productos predictivos de las máquinas de inteligencia artificial.

Esta tesis es la que ha propuesto la socióloga Shoshana Zuboff en “La era del capitalismo de la vigilancia”, obra de referencia mundial, publicada en 2019 (1). La originalidad del análisis de Zuboff es que va más allá de la mera denuncia por la forma en que se mercantilizan los datos personales y los efectos que este proceso tiene sobre las personas. La autora propone los conceptos de expropiación y desposesión digital, vinculándolos a las prácticas más extremas de la psicología conductista, potenciada por la hipertecnologización de las relaciones productivas y sociales. El ejemplo más reputado surgió en 2018 cuando se denunció que Strategic Communication Laboratories (SCL), empresa más conocida como Cambridge Analytica, utilizó información personal de los usuarios de Facebook para crear anuncios políticos durante las elecciones presidenciales de 2016 en EEUU con el fin de apoyar la campaña de Donald Trump.

Por décadas el futuro de la humanidad se presentó en los foros económicos como un horizonte de progreso inevitable, donde la tecnología on line abriría un campo de emancipación general ligada al emprendimiento, la total libre expresión, el intercambio directo y auto-organizado. Este discurso ya ha sido contestado desde las corrientes críticas que han analizado el carácter distópico de esta profecía fallida. Por ejemplo, César Rendueles en su reconocido ensayo “Sociofobia” (2) ya alertó respecto al fetichismo tecnológico ligado a Internet. El fenómeno de la producción en el mundo digital entraña aspectos mercantilizadores del mundo de la vida, y permite que la deliberación política se reduzca a ataques cruzados y a la profusión de posverdades que se difunden en las redes sociales.

Zuboff va más allá al recuperar la vieja pregunta de los ludistas, en un nuevo contexto: ¿Seremos reducidos a trabajar para las máquinas, o las máquinas trabajarán para nosotros? Esta antigua cuestión adquiere un carácter radical en el momento en que ingresamos en la “civilización de la información”. Este contexto determina una forma de funcionamiento del mercado determinado por imperativos que moldean la tecnología bajo fines eminentemente económicos. Se genera así la base para un “capitalismo de vigilancia” que se autonomiza bajo sus propios fines. A diferencia del capitalismo industrial, el capitalismo de la vigilancia hace evidente que la lucha por el poder y el control en la sociedad se expresa en el control de los datos ocultos que se producen por efecto de la producción digital. Este control permite la modificación, predicción, mercantilización y monetización de las conductas humanas.

Espionaje en internet
Lejos de ser un fenómeno meramente tecno-comercial, el capitalismo de la vigilancia es un fenómeno asociado a las decisiones tomadas por Estados Unidos después del atentado del 11-S. Este acontecimiento generó un clima de opinión que permitió el “excepcionalismo de vigilancia” impulsado por la CIA y otras agencias de inteligencia en los países occidentales. El patrón común que se instaló fue el relajamiento (...)

Artículo completo: 1 690 palabras.

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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