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El resultado de una lenta colonización del poder

Brasil, una democracia militarizada

Gracias al presidente Jair Bolsonaro, los militares gozan de una representación inédita en el seno del gobierno y la administración pública de Brasil. Los recientes y visibles desacuerdos entre el jefe de Estado y ciertos generales de importancia alimentaron rumores de un golpe de Estado. Pero, ¿por qué los altos grados militares abandonarían el barco que pusieron a flote y del cual tienen el timón?

Esta es la historia de un gran malentendido. El 30 de marzo pasado, los jefes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina de Brasil anunciaron su renuncia conjunta. La prensa estalló de júbilo: para ella, el presidente Jair Bolsonaro, al que vitupera, acababa de ser abandonado por los militares. “Misión cumplida”, tituló el diario Folha de São Paulo el 31 de marzo, mientras su principal competencia, el Estado de São Paulo, subrayaba la “resistencia del Estado Mayor a las pretensiones de Jair Bolsonaro de incluirlo en una aventura autoritaria” (1). Una semana antes el presidente había dicho a sus seguidores: “El pueblo puede contar con las Fuerzas Armadas para defender la democracia y la libertad” –o sea: para defender el derecho a oponerse a las restricciones impuestas por algunos gobernadores frente a la pandemia de Covid-19. Pero esta vez rebalsó el vaso, aseguraban los medios brasileños, a menudo replicados por la prensa internacional: la dimisión del trío de altos mandos demuestra que los militares ya no dejarán que el Poder Ejecutivo dicte su conducta. El diario económico Valor concluía que no existe hoy “riesgo alguno de politización de las fuerzas militares” (2).

La realidad es muy distinta. “Es cierto que los militares activaron sus contactos en el seno de la prensa para hacer pasar ese discurso, pero es muy poco creíble a la luz de los hechos”, estima Christoph Harig, investigador de la Universidad Helmut Schmidt de Hamburgo. En realidad, la operación de comunicación apuntaba a presentar a los militares como querían aparecer: los garantes de la democracia, los únicos capaces de poner un freno a lo que la elite política y mediática denuncia como la “locura bolsonarista”. Especialista en militares brasileños, la historiadora francesa Maud Chirio amplía: “En efecto, hay algunos desacuerdos entre el Presidente y los militares. Pero los militares ya están en el poder. Están más politizados que nunca y no tienen ninguna intención de dejar sus puestos”. La “ruptura” anunciada por la prensa se parece más a una simple rencilla. De hecho, no le quitó el sueño al presidente Bolsonaro: tres semanas después de la renuncia que iba a cambiar todo, amenazaba nuevamente con hacer intervenir a “su Ejército” contra los gobernadores que juzga demasiado poco dóciles (3).

Campeones de la democracia
El discurso que erige a los cuerpos armados al rango de campeones de la democracia es un estribillo muy conocido en Brasil. Ese mismo 31 de marzo, aniversario del golpe de Estado de 1964 y de la instauración de una dictadura que duró 20 años, ofrece tradicionalmente la ocasión de proclamarlo a través del también tradicional comunicado del Ministerio de Defensa que se lee en todos los cuarteles del país. Este año, el flamante ministro –su predecesor había sido destituido dos días antes por el Presidente en una reestructuración de su gabinete– declaró: “Hace 57 años, las Fuerzas Armadas asumieron la responsabilidad de pacificar el país para garantizar las libertades democráticas que disfrutamos hoy”. En aquella época, la amenaza era comunista. Hoy el Ejército se enrola con Bolsonaro en nombre de la “lucha contra la corrupción” y contra la “descomposición de los valores”, estima el general de reserva Paulo Chagas, partidario del Presidente.

Aunque las Fuerzas Armadas no son las únicas responsables de que Bolsonaro accediera al poder (4), de todas formas cumplieron un rol clave. Su toma de posición más significativa (y más eficaz) contribuyó a excluir a Luiz Inácio Lula da Silva de la campaña presidencial de 2018, cuando las encuestas lo presentaban como el gran favorito. El 4 de abril de 2018, en Twitter, en la víspera del juicio decisivo en la Corte Suprema que trataba un recurso del ex jefe de Estado para evitar su encarcelamiento, el entonces jefe del Ejército, el general Eduardo Villas Bôas, había amenazado al país con una intervención militar en caso de una decisión favorable a Lula. Luego se supo que ese tuit había sido redactado con el consentimiento del Estado Mayor: no reflejaba sólo la opinión del oficial al cual Bolsonaro le haría un homenaje en 2019 como “uno de los principales responsables de su elección”. Según un estudio sobre los militares abonados a la cuenta Twitter de Villas Bôas, al menos 115 militares en actividad, seguidos en su conjunto por cerca de 670.000 personas, publicaron 3.427 tuits de carácter político entre abril de 2018 y abril de 2020 (5). Normalmente prohibido por la disciplina militar, este activismo, así como la campaña a (...)

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Anne Vigna

Periodista, Río de Janeiro.

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