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Las fakes news crean nuevos enemigos en EEUU

Fábulas mediáticas

Cuando una guerra se estanca, aquellos que desean prolongarla pueden proceder de diferentes maneras. Sostienen que ha llegado el “último cuarto de hora”, que ceder frente al enemigo sería lo mismo que “apuñalar por la espalda” a los soldados que se han sacrificado durante años. Pronostican, también, que cualquier retirada en el frente precipitará una desbandada general, una “caída de dominós”. Traición del ejército por parte de los civiles, ceguera frente al apocalipsis, pacto con el enemigo: la Primera Guerra Mundial, la Guerra de Argelia y las guerras de Indochina han declinado al infinito esta retórica extremista. Pero, desde hace algunos años, en Estados Unidos se impone otro método: las fake news fabricadas en conjunto por los servicios de seguridad y la prensa liberal. Esta falsa primicia providencial asegura que Estados Unidos, blanca paloma democrática con alas de ángel, sería el blanco de un complot urdido por los rusos en el exterior y por los “extremistas” en el interior. ¡Y ni cuestión de dejarles ganar la apuesta!

Los halcones de Washington han presentado su “carta Putin” respecto de Afganistán. Poco después de que el presidente Donald Trump anunciara el retiro, antes del 1º de mayo de 2021, de todos sus soldados todavía presentes en el país que ocupan desde hace veinte años, el sitio de The New York Times titulaba: “Rusia ha ofrecido en secreto incentivos a los militantes afganos para ejecutar soldados estadounidenses, afirman los servicios de inteligencia” (26 de junio de 2020). Frente a esta “enorme escalada de la guerra híbrida de Rusia contra Estados Unidos”, la Casa Blanca se mantuvo inerte, se indignaban los autores de la primicia (cuatro premios Pulitzer entre los tres), conforme a la tesis defendida desde hace años por el diario: “Trump ha adoptado una postura favorable a Moscú”.

Aunque la revelación de The New York Times no aportaba ningún elemento de prueba, The Washington Post y The Wall Street Journal la confirmaron al día siguiente y los medios estallaron (1). Se desató un escándalo tanto más estrepitoso cuanto que la campaña electoral estaba en su apogeo. Porque, ¿cómo justificar una retirada estadounidense si es también el objetivo que busca Vladimir Putin? ¿No será acaso una nueva prueba “impresionante” y “repugnante”, según sostiene la presentadora de la MSNBC, Rachel Maddow, de la connivencia entre la Casa Blanca y Moscú?

Sin embargo, a priori, el asunto suena extraño. ¿Por qué querría alguien matar soldados estadounidenses cuando están en retirada? Y ¿cómo se explica que los resultados de este fraude sean tan escasos, con sólo 24 soldados estadounidenses asesinados en Afganistán en 2019, el año en que la política de incentivos habría sido puesta en marcha? La indignación también es bastante hipócrita: en los años 1980, Estados Unidos había apoyado, sin esconderlo, a los mujahidines afganos, entre los cuales se encontraba un tal Osama Ben Laden, ofreciéndoles cientos de millones de dólares y misiles Stinger tierra-aire, gracias a los cuales habían matado a miles de soldados soviéticos.

Enseguida, el presidente Trump calificó la revelación de The New York Times como “fake news”. La fuente, como se supo luego, era un agente anónimo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés) que a su vez habría obtenido la información de las autoridades afganas tras el interrogatorio de un prisionero talibán. No obstante, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) dudaba de la acusación; el Pentágono se negaba a corroborarla y el gobierno de Kabul tenía interés en que, verdadera o falsa, desbarate la retirada –que teme—de las tropas estadounidenses.

El 23 de julio, en ocasión de una videoconferencia con su homólogo ruso, Trump no mencionó este asunto. La indignación aumentó entonces dentro del Partido Demócrata, entre los republicanos neoconservadores y en la prensa; incluido, por supuesto, The New York Times, a pesar de que (...)

Artículo completo: 1 960 palabras.

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Serge Halimi* y Pierre Rimbert*

*Director de Le Monde Diplomatique
** De la redacción de Le Monde Diplomatique. Traducción: Emilia Tasende

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