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Cine

Bo Widerberg, el anti-Bergman

Escogió mostrar una huelga desde el interior, rendir homenaje al sindicalista Joe Hill, pero también hablar de amor. Inventó el cine policíaco sueco y alumbró un nuevo tipo de interpretación actoral. Bo Widerberg celebra la subversión del orden establecido, solitaria o colectiva, con una libertad y un lirismo ya olvidados.

Antes de que fuera posible ver en casa la mayor parte de películas que han adquirido el estatus de clásicos, los historiadores del cine, generación tras generación, impusieron más o menos las mismas películas y los mismos cineastas en su panteón.

Ahora, segmentos enteros de la producción cinematográfica son visibles, y algunos directores desconocidos u olvidados pueden resurgir. Así, la reedición y distribución, en Francia, por parte de Malavida (1) de doce de las quince películas del sueco Bo Widerberg permiten devolverlo al lugar que le corresponde. Ya que su cine, que a menudo denunciaba injusticias sociales, no es el preferido del gusto oficial, al cual solo le agradan los hipersensibles si terminan sumándose a los gustos estéticos dominantes –algo que ejemplifica el itinerario de Maurice Pialat, que parte de La infancia desnuda para terminar con El chico (Le Garçu)–.

No fue el caso de Widerberg. Nacido en Malmö en 1930, hijo de un obrero, no completa sus estudios, pero se convierte en escritor (cuatro novelas en la década de 1950) y, en 1960, en crítico de cine de un gran periódico vespertino de Estocolmo. En 1962, Visiones del cine sueco (Visionen i svensk film), la antología de sus crónicas, denuncia el “cine de papá”, el conformismo burgués de las películas de su país, en un equivalente escandinavo del artículo de François Truffaut publicado en 1954 en Les Cahiers du cinéma y titulado “Cierta tendencia del cine francés”. Por supuesto, en esos escritos polémicos arremete contra el maestro Ingmar Bergman, al que le reprocha que refuerce los estereotipos sobre los suecos describiéndolos como introvertidos y neuróticos, y subraya que las cuestiones que preocupan a sus personajes “solo atañen a gente que no tiene que trabajar para vivir”.

Preguntado durante toda su vida por Bergman, Widerberg sobreactuará su conflictiva relación con éste, de quien admiraba su película Un verano con Mónica (1953) y con el que colaboró durante un tiempo en un proyecto teatral. En cuanto a Bergman, cuando en 1994 estableció para el festival de Gotebörg la lista de sus películas preferidas, situó en cuarta posición El barrio del cuervo, la segunda película de Widerberg. Apreciaba la libertad de tono de su joven rival, tanto guionista como montador de sus películas; le envidiaba la naturalidad con la que dirigía a sus actores, su talento único a la hora de mezclar a profesionales con debutantes o aficionados. Para El silencio, en 1963, incluso se plantea contratar a Thommy Berggren, que acababa de darse a conocer en las dos primeras películas de Widerberg y que siguió siendo el actor fetiche de éste –imposible olvidar su interpretación en Joe Hill–.

Ya en sus inicios, Widerberg deja huella. Carrito de bebé (Barnvagnen), presentada en la Semana de la Crítica de Cannes de 1963, recuerda a las primeras películas de Jean-Luc Godard. Pero lo que diferencia a su heroína de la Patricia (Jean Seberg) de Al final de la escapada es que se la muestra trabajando en una fábrica, y que Malmö, en la cual Widerberg rueda e improvisa, es una ciudad popular, muy alejada del París de Godard. Tras su ligereza falsamente “Nouvelle Vague”, la película retrata a una joven moderna y decidida que, cortejada por dos chicos de orígenes sociales contrapuestos, decidirá apañárselas sola pese a estar embarazada.

Películas “apolíticas”
Nominada al Oscar a la mejor película extranjera en 1965, El barrio del cuervo, sin renunciar a ningún arranque poético, sitúa claramente la cuestión social en el centro de la narración. Como el propio Widerberg, Anders crece en una familia obrera de Malmö. Atrapado entre un padre excéntrico y alcohólico y una madre que sobrelleva una existencia miserable, sueña con (...)

Artículo completo: 2 111 palabras.

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Perry Anderson

Nota de la redacción: El Dr. Diafoirus es el personaje del médico de la comedia de Molière “El enfermo imaginario”.

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