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“Un torrente de rabia y repugnancia”

El mundo árabe a la hora del #Metoo

Argel, 3 de octubre de 2020. En una estación de servicio en desuso de la periferia este aparece el cuerpo sin vida de una joven. Shaima F., 19 años, fue violada y acuchillada repetidamente antes de ser quemada con gasolina. Su asesino, que ya había intentado violarla en 2016, es detenido y reconoce los hechos. Se genera una gran conmoción. La prensa le dedica una amplia cobertura al crimen y, en Internet, el eslogan “Soy Shaima” acompaña numerosas diatribas exigiendo la ejecución del culpable. Mientras las feministas hacen un llamado a la toma de conciencia sobre el carácter sistemático de la violencia infligida a las mujeres, es sobre todo el final de la moratoria sobre la aplicación de la pena capital lo que moviliza a la gente (1). “Había que recentrar el debate –comenta Wiame Awres, cofundadora del sitio Femicidios Argelia (2)–. Como cada vez que se produce un drama semejante, recurrimos a la pedagogía para explicar lo que es un femicidio, es decir, retomando la definición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ‘el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer’.Un asesinato cuyo carácter estructural no va a desaparecer porque se aplique la Ley del talión”. Femicidios Argelia recensó 23 mujeres asesinadas en el primer semestre de 2021, contra 55 para todo el año 2020.

A mediados de noviembre, en un video en árabe argelino de quince minutos, varias actrices toman la palabra de a una (3). Con cara seria, enumeran los mandatos patriarcales, las amenazas o los propósitos misóginos que sus hermanas, sus madres o sus hijas sufren cotidianamente. “Deja la bicicleta de tu hermano y vuelve a casa”, “Los hombres no tienen defectos”, “Nos casamos, pero dejas de trabajar en la universidad”, “¿Y la cena, todavía no está lista?, “Te vieron tus tíos... Te van a matar”, “La golpeó, algo habrá hecho”, sin olvidar el inevitable “pssst” lanzado a cada mujer que pasa, y que sufrirá insultos, o incluso será seguida y acosada, si ignora al inoportuno.

Impacto de un video
El vídeo tiene éxito y provoca muchos debates sobre los femicidios y los tabúes de la sociedad. Algunas cuentan el acoso en la calle o en el trabajo. Otras describen los manoseos en los transportes públicos o la violencia conyugal. Es un torrente de rabia y de repugnancia que brota, pero a veces también de fatalismo ante la amplitud de las afrentas. “La militancia feminista no es nueva en Argelia –recuerda Habiba Djahnine, productora de cine, escritora y militante–. Pero las recientes campañas en las redes sociales permitieron a la vez una amplia liberación de la palabra, una desfragmentación así como una toma de conciencia colectiva sobre el hecho de que la violencia contra las mujeres existe en todos los ámbitos y que resulta principalmente de la naturaleza patriarcal de nuestra sociedad”.

Desde 2017 y el impacto global del movimiento #Metoo (“Yo también”), surgido en Estados Unidos tras las acusaciones de varias actrices contra el productor hollywoodense Harvey Weinstein (4), la mayoría de los países árabes viven, también, una liberación de la palabra. Facebook, Twitter o Instagram permiten una acusación o la expresión de un hartazgo que luego se transforma en bola de nieve. Ciertamente, existieron movimientos anteriores. En 2012, la intelectual Rula Quawas amadrinó el trabajo de cuatro estudiantes que filmaron un video corto sobre el acoso sexual en la Universidad de Jordania de Amán, en la cual daba clases (5). El video, que le costaría a Quawas (fallecida en 2017) su puesto de rectora, hizo ruido en el muy conservador reino hachemita, pero, en medio de la ebullición general provocada por las revueltas populares, su impacto fue modesto.

Diez años después, las redes sociales acumularon influencia y usuarios. A fines de enero de 2021, en Kuwait, Ascia Al Faraj, una bloguera hasta entonces especializada en moda, seguida por 2,6 millones de abonados a Instagram, subió en Snapchat un video en el que dejaba explotar su rabia. “Cada vez que salgo, hay alguien que me acosa o que acosa a otra mujer en la calle. […] ¿No tienen vergüenza? Tenemos un problema de acoso en este país y ya estoy harta”. Enseguida, las internautas kuwaitíes tomaron la posta (6). El hashtag #Lan_Asket (“No me callaré”) reunió, a través de una cuenta de Instagram creada por Shayma Shamo, médica, testimonios en árabe o en inglés. “Tenemos que expresarnos, unirnos y defendernos las unas a las otras, porque lo que está pasando es inaceptable”, escribe entonces Shamo. Los testimonios llegaban desde Kuwait y desde el resto de la península arábica. Casadas o solteras, menores de edad, estudiantes, empleadas o amas de casa, estas mujeres, a las cuales se unieron algunas empleadas domésticas provenientes del Sudeste Asiático, sufren el taharouche (“acoso”) en todas (...)

Artículo completo: 2 398 palabras.

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Akram Belkaïd

De la redacción de Le Monde Diplomatique, París.

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