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Hemos esperado tanto tiempo

Reflexiones en torno a la convención asamblea constituyente

Los últimos dos años han remecido la rigidez de un sistema político encapsulado en acuerdos, ciertos nepotismos, ganadores del tipo mal menor, comicios de baja participación ciudadana y una sensación de amargo letargo respecto a las injusticias; la ostentación de privilegios de sectores acomodadísimos de la sociedad y las ganas profundas de cambios por parte de las comunidades universitarias, trabajadoras, feministas, excluídes y disidencias. Escuchamos a la primera dama estremecida por una invasión extranjera o, quizás, alienígena. Había que compartir los privilegios, había que compartir con les demás.

Este texto no intenta hacer un ejercicio historiográfico de las protestas desde hace dos años, sino más bien abordar esta avalancha de cambios y procesos continuos imparables desde el mayo feminista de 2018 y su expresión en la actualidad. Y es que el estallido social tenía unos antecedentes evidentes y el feminismo venía advirtiendo de desigualdades e injusticias hace mucho tiempo. El mayo feminista evidenció la violencia normalizada y nuestra óptica ya nunca volvió a ser la misma. El velo de la opresión se movió y no tuvo que pasar tanto tiempo para que de pronto cambiara todo.

Hoy, cuando asistimos a lo que se ha conformado como Convención Constitucional, somos espectadoras de una forma de hacer política. Vemos que lo público y lo político se ha instalado en el mundo privado de las conversaciones en la calle, en las filas y transportes; en todas las esferas. Nos vamos involucrando con un proceso del cual no podemos permanecer indiferentes. Resulta lógico pensar que todo esto iba a ocurrir; es decir, era evidente que la construcción treintañera del país iba a colapsar y la transición anhelada se cerraría o se volvería material en el hastío y la demanda por dignidad. Sin embargo, quizás nunca hubiésemos imaginado que el levantamiento popular iba a estallar a tal escala. Un estallido de rabia, lucha, fervor; un estallido de horror, mutilación y violación; un estallido que nos recordó ese pasado dictatorial en el que se sustenta el país llamado Chile; un estallido que nos permitió decir: nunca +.

Nunca + en silencio Nunca + naturalizando la opresión Nunca + naturalizando las violencias Nunca + individuales Nunca + sin nosotres Nunca + sin nosotras.

Porque ahora somos +.

Aproximarnos a la dignidad es divisar un futuro con sobredosis de expresiones artísticas componiendo nuevos paisajes, imaginarios, ritmos que nos invitan a la acción.

Vemos un futuro aproximándose sin pudor, sin estrés, más libre, sin los mismos temores heredados de contextos históricos patriarcales que se desintegran lentamente ante nuestros ojos.

Nos hacemos bloque con las voces de tod-s l-s que ya no están pero contribuyeron con fervor a que este territorio mute.

Nos imaginamos nuestras ciudades re-construyéndose en todo espacio habitable, buscar la armonía, ser respetuoso con cada ser en tránsito, (...)

Artículo completo: 1 488 palabras.

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