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Ambiciones emiratíes en el Golfo de Adén

La desaparición de la paz en la isla de Socotra

Desde hace un año, Socotra, archipiélago yemení largamente desatendido por el gobierno central, está en manos de los separatistas sudistas apoyados militarmente por los Emiratos Árabes Unidos y, más discretamente, por Arabia Saudita. Sea cual sea la evolución de la guerra, Abu Dhabi pretende reforzar su presencia militar con el fin de controlar esta estratégica esclusa marítima del Golfo de Adén.

En la isla azotada por el oleaje del océano Índico y los poderosos vientos cálidos, Hércules libra un combate a muerte contra un dragón de cien cabezas. La sangre del monstruo fluye y se transforma en savia roja que hoy irriga la drácena, un árbol fósil emblemático de la excepcional vegetación de Socotra, el archipiélago yemení situado al borde del Golfo de Adén. Esta antigua leyenda es conocida por muchos de los de socotríes –en su mayoría pescadores o pastores de cabras— y la repiten con agrado a los visitantes. Insisten en la singularidad de su archipiélago, inscrito en 2008 en la lista del patrimonio mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) a causa de su diversidad y su récord de endemismo: el 37% de las 825 especies de plantas aquí presentes no se encuentran en ninguna otra parte del mundo, y esta singularidad se aplica también a los reptiles, las aves, la fauna marina y los arrecifes de coral (1).

Pero estas consideraciones naturalistas no integran las prioridades de la población local, unas 60.000 personas repartidas en cuatro islas, la principal de las cuales no supera los 3.600 kilómetros cuadrados. Aunque 350 kilómetros lo separan de las costas de la península arábiga, el archipiélago ya no escapa a los violentos sobresaltos de la región, pues atiza las codicias de las fuerzas separatistas de Yemen del Sur y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Si bien ha tenido su cuota de enfrentamientos internos, su aislamiento lo ha preservado durante mucho tiempo de los sangrientos vaivenes de la vida política yemení, de las guerras entre el norte y el sur del país, sin olvidar las intervenciones militares extranjeras (2).

Isla en el subdesarrollo
Lejos del belicismo que incendia regularmente a Yemen, una tradición tribal de mediación y desescalada caracteriza a los socotríes. El conflicto abierto entre las tribus del archipiélago o con fuerzas externas es inconcebible. Además, según la costumbre local, el vencedor de un conflicto armado no tiene derecho al botín. Al contrario: la carga de la reconciliación recae sobre él, así como la obligación de compensar económicamente las pérdidas de los vencidos. Dicho código le ha ofrecido décadas de tranquilidad a la isla, mientras Yemen ha atravesado al menos cuatro grandes guerras, la última de ellas una intervención militar lanzada por Arabia Saudita en 2015 para reducir la rebelión hutí que había derrocado a Abd Rabbo Mansour Hadi (3).

Además, debido a una cultura y unas tradiciones demasiado alejadas de los proyectos nacionalistas yemeníes del siglo XX, Socotra jamás ha sido una prioridad para los gobiernos de la muy marxista República Democrática Popular de Yemen (1967-1990) -o Yemen del Sur- o del Yemen Unificado (1990). “La isla se encuentra en subdesarrollo. El gobierno central jamás se ha interesado en ella. Cuando Socotra se convirtió en patrimonio mundial de la UNESCO, el Estado recordó repentinamente que Yemen tenía una isla”, dice con ironía Bachir Al-Mohallal, ex jefe de gabinete de un asesor del presidente Hadi.

Entre abril y junio de 2020, los sucesivos desembarcos de varios centenares de soldados del Consejo de Transición del Sur (CTS), organización separatista que reclama la independencia de Yemen del Sur y que cuenta con el apoyo de los EAU, pusieron fin a la relativa paz de Socotra (4). Las tropas tomaron todos los puntos neurálgicos de la isla, especialmente Hadiboh, su ciudad principal. La resistencia fue insignificante y Ramzi Mahrous, gobernador representante del estado central, huyó. El golpe de Estado fue exitoso. “Trescientos mercenarios se reunieron un viernes en Hadiboh. Dispararon al aire durante tres horas para asustar a la gente. Sembraron el pánico. Era la primera vez que se producía un evento de este tipo aquí”, relata Ali Saad, colaborador de Aïssa Ibn Yaqout, jeque de todos los jefes tribales de la isla, conocido por su oposición al CTS.

Nacido a principios de la década de 2000, este movimiento pretende separarse de los territorios del norte y volver a constituir dos Yémenes, como antes de 1990. Aprovechando la extrema fragilidad de un gobierno central ocupado en el norte por su guerra contra los hutíes, pero también por la pobreza y marginalización de numerosas poblaciones del sur, el CTS recurre a las armas para extender su control sobre la parte meridional del país. Con el correr de los años, ha ganado popularidad, incluso entre ciertas regiones poco nostálgicas de la época de Yemen del Sur, creando divisiones entre las poblaciones. Es el caso de Socotra. Mucho antes del desembarco de abril de 2020, el movimiento se había establecido de manera marginal en 2007. Recién en mayo de 2018 los militantes comenzaron a salir de su discreción, gracias a la llegada (...)

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Quentin Müller

Periodista, corresponsal de Le Monde Diplomatique.

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