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Con una posición estratégica, la isla se siente bajo amenaza

Taiwán, pieza faltante del “sueño chino”

“El lugar más peligroso del mundo”, titulaba The Economist a principios del mes de mayo. La portada de la revista estaba acompañada de una imagen de radar de Taiwán, como si la isla fuera el blanco de un submarino. Se inscribe dentro de una larga serie de artículos con títulos similares, que se hacen ellos mismos eco de una multiplicación de declaraciones alarmistas acerca del futuro de la isla (1). En un informe publicado en marzo de 2021, el influyente grupo de reflexión estadounidense Council on Foreign Relations consideraba que Taiwán se estaba “transformando en el punto más explosivo del mundo pudiendo conducir a una guerra entre Estados Unidos, China y probablemente otras grandes potencias” (2). Al mismo tiempo, el almirante Philip Davidson, comandante de las fuerzas estadounidenses en la región indo-pacífico declaraba, durante una audiencia ante el Senado, que podría estallar un conflicto en el Estrecho de Formosa “en el curso de esta década” (3).

Aunque las declaraciones provenientes de los Estados Mayores no estén desprovistas de segundas intenciones presupuestarias, estos temores se fundan sobre una realidad: la creciente presión militar de China sobre sus vecinos, y particularmente sobre Taiwán. Primero, Pekín cortó todos los canales de diálogo con la administración de la presidenta Tsai Ing-wen, elegida en enero de 2016 y de tendencia independentista (4). Luego, la tensión escaló aun más tras su reelección cuatro años después. Según Antoine Bondaz, investigador de la Fundación para la Investigación Estratégica (FRS, en francés), se produjeron 380 incursiones de la aviación china en la Zona de Identificación de Defensa Aérea taiwanesa a lo largo del año 2020 (5). La frecuencia de estas incursiones siguió aumentando en 2021.

El origen de las tensiones
Las recientes tensiones tienen un doble origen. Uno tiene sus raíces en la historia geopolítica de las relaciones entre las dos orillas del Estrecho de Formosa, el otro está ligado al lugar que ocupa la isla en la rivalidad entre Estados Unidos y China.

En 1945, tras cincuenta años de colonización japonesa, el Kuomintang (KMT), que entonces dirigía China, tomó el control de Taiwán. Cuatro años después, derrotado en la guerra civil que lo oponía al Partido Comunista Chino (PCC), replegó en Taiwán las instituciones de la República de China, fundada en el continente en 1912, tras el derrocamiento de la dinastía Qing. Confrontado a la inminencia de una invasión por parte de las fuerzas comunistas, el KMT debió su supervivencia al estallido de la Guerra de Corea, en junio de 1950 (6) y a la protección estadounidense de Taiwán en el marco de la política de contención del comunismo en Asia. La situación en el Estrecho de Formosa quedó entonces congelada por dos décadas.

Con el apoyo de Estados Unidos, la República de China, dirigida con mano de hierro por Chiang Kai-shek, conservó el lugar de representante de China ante las Naciones Unidas, en detrimento de la República Popular China (RPC) que se vio excluida. Sin embargo en 1971, la resolución 2758 de las Naciones Unidas le otorgó la membresía a Pekín y expulsó a “los representantes de Chiang Kai-shek” (7). Inmediatamente, Taiwán se vio confrontada a una catarata de rupturas diplomáticas y, finalmente, Washington puso fin a sus relaciones con Taipei para reconocer a Pekín, el 1º de enero de 1979. Desde entonces, la política de Estados Unidos con respecto a Taiwán está regida por cinco textos principales (el Taiwan Relations Act, los tres “comunicados conjuntos sino-estadounidenses” y las “Seis Garantías”). Consideran que existe sólo una China, la RPC, pero no toman posición acerca de la “cuestión de la soberanía de Taiwán” e insisten sobre “su resolución pacífica”. Efectivamente, estos textos no hacen más que tomar nota de la posición de Pekín según la cual Taiwán forma parte de la RPC, sin avalarla explícitamente.

En 1979, la isla no disponía más que de veinticuatro aliados diplomáticos, una cifra cercana a las quince cancillerías que al día de hoy reconocen la existencia de un Estado en Taiwán. Consciente de estar en una posición de fuerza, la RPC cambió entonces de estrategia al pasar de la “liberación” de la isla por medio de las armas a la promoción de una unificación pacífica a través del refuerzo de las relaciones económicas y humanas. En un “mensaje a los compatriotas taiwaneses” publicado el día del establecimiento de las relaciones oficiales con Washington, las autoridades comunistas proponían el comienzo de intercambios en todas las áreas. El eventual uso de la fuerza no fue abandonado sino que se relegó al lugar de solución de última instancia.

Dos años más tarde, Pekín fue un poco más lejos al formular las condiciones para la integración pacífica: la isla podría conservar “un alto grado de autonomía en cuanto región administrativa especial” y Pekín no se inmiscuirá en todo aquello que se refiera a “asuntos locales”. Dicho de otro modo, los taiwaneses podrían conservar su sistema económico y su modo de vida. Estas propuestas constituyeron el (...)

Artículo completo: 2 614 palabras.

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Tanguy Lepesant

Profesor asociado en la National Central University de Taiwán e investigador del Centre d’études français sur la Chine contemporaine (CEFC).

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