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2022 el viraje cíclico de la política: una mirada desde la educación. Por Luis Osorio

Desde el año 2006, han pasado 16 años, que coincide con la duración del gobierno militar, 1973 a 1989.

El año 2006, ya habían pasado 16 años de los gobiernos concertacionistas, y la historia da cuenta del movimiento de los estudiantes secundarios, en un tiempo en que era suficiente para que se hubiera registrado un gran avance en educación, que incluso pudiera haber evitado esa situación de conflicto. Era requisito la voluntad, la gradualidad y tener presente un acentuado concepto transformador, imprescindible cuando el período precedente ha sido el montaje de una estructura diseñada en dictadura, pero hubo carencia de decisiones y un sumergirse en individualidades, acorde a la esencia del modelo. Período alejado de lo que en los 80 era expectativa sobre lo perdido en el gobierno militar.

Lo que resulta interesante de observar, es que entre el año 2006 y el 2022, también se interponen 16 años. Así, las cifras van cuadrando de manera perfecta, tres ciclos consecutivos, uno de ejercicio pleno dictatorial, y dos de una equivalencia en duración a lo que fue la dictadura. Es decir, aparte de tiempos suficientes para experimentar cambios, éstos se duplican a la duración de la imposición de una doctrina y las bases estructurales que aún son parte de la relación e injusticia social que nos acompaña.

En el libro El liceo en tiempos turbulentos ¿cómo ha cambiado la educación media chilena? (marzo, 2020, editorial LOM), cuyo equipo de coordinación integrado por Cristián Bellei, Mariana Contreras, Juan Pablo Valenzuela y Xavier Vanni, se indica “En el caso chileno, el protagonismo estudiantil agrega la dimensión política. La organización de los estudiantes secundarios tiene larga historia en nuestro país, con centros de alumnos y elecciones democráticas, bajo el liderazgo de los liceos públicos experimentales desde los años 1930. También tiene historia la protesta social de los secundarios, llegando incluso al desborde y la violencia de masas, como recuerda Pedro Milos en su estudio sobre el 2 de abril de 1957, en que pusieron en jaque al gobierno del general Ibañez, o la desobediencia valiente durante la dictadura de Pinochet (Milos, 2007). Pero probablemente el movimiento estudiantil con mayor impacto en la conversación nacional sobre educación y la agenda de políticas educacionales sea precisamente la mencionada revolución de los pingüinos de 2006, reforzada luego por el movimiento estudiantil de 2011. El reclamo de los estudiantes era por cierto multidimensional, pero es claro que en su centro latía la demanda por una mayor igualdad en la educación. El efecto de este movimiento sobre las políticas educacionales ha sido tan vasto que éstas no se entienden durante la última década sino en referencia a la protesta estudiantil.”

La referencia a lo citado, y si consideramos que estamos en un posible ciclo de 16 años más, resulta muy claro que el momento histórico más cercano hablando de futuro, tiene un peso muy significativo, no fácil, pero esperanzador.

El concretar la esperanza, desde la sensibilidad de quienes en su momento fueron en épocas diferentes líderes estudiantiles, secundarios y universitarios, hoy aparte de ser líderes políticos, son los líderes de país a cargo de la gobernanza, es una cuestión no menor.

Puede ser el efecto aun pendiente del despertar de Chile, ocurrido en octubre de 2019, y que es envolvente con variedad de temas pendientes. Desde una mirada sistémica, la intención manifestada en lo sustancial, nos lleva a un escenario en la necesidad de la forma en que, para hacer cambios profundos, estando inevitablemente dentro de un sistema que, al identificar la necesidad y urgencia de iniciar el proceso para realizar esos cambios, fuerzan a cambiar el sistema desde dentro y reestructurarlo. Ello en omisión, indiscutible de gobiernos anteriores post dictadura, de no hacerse parte la modificación de lo estructural y tomar un rol de administrador eficiente de un modelo, asimilados a beneficios.

La cita aludida, habla del reclamo multidimensional, y es eso lo que está latente en el período que viene. Considerando factores claves como la democracia, la demanda social, la interpretación de la historia moderna del país y la generación de actitudes diferentes de observar lo social, son elementos muy relevantes de tener en cuenta, ya que son parte de una traza inicial en que no hay espacios de tiempos para postergar el proceder, no con un estilo de gradualidad, sino con la preponderancia de prioridades y así dar lugar a transformaciones pendientes por décadas. Mantener las mismas actitudes de los gobernantes del pasado, que claramente no dieron resultados de convivir en un clima de justicia social y por el contrario tomaron la esencia de lo individualista que proveía el modelo, con el beneficio personal desde el cargo público o de representación, debe quedar desterrado, para no repetir lo de siempre.

Ya van dos componentes relacionados con el gobierno futuro, lo primero es la instalación y asumir el mando; lo otro es el desarrollo que se torna como una incógnita de la proyección venidera del estallido social hacia un gobierno que engloba muchas características que no son comparables con gobiernos anteriores; y se agrega una tercera componente como lo es el proceso constituyente.

Se trata de la asunción de un mando de espíritu juvenil, alejado de la tradición que no tiene ningún impacto en la sociedad, y que no requiere el uso de corbata. Son grandes símbolos, de cercanía con la ciudadanía de a pie. Hay herencias que no se quisieran tener, porque si el valor de algunos hubiera tenido espíritu de cambio desde 1990 en adelante, no habría habido un movimiento estudiantil ni en los años 2006 y 2011, hace tiempo que no existiría la Constitución del 80, y el impacto en la convivencia sería altamente significativo. Tampoco, habríamos llegado a una acumulación de rabia, que desemboca en un 18 de octubre de 2019. Sin embargo, aún con este panorama hay quienes creen que fueron los artífices de una gran obra de 32 años, la historia no ha podido plasmar en sus páginas, palabras de arrepentimiento, sigue la soberbia.

El tiempo que ha pasado, no logró romper la conexión de algo sobre lo cual la educación no puede pasar por alto, y que resulta totalmente objetivo, como el grado de violencia extrema practicado por la derecha el año 73 y la necesidad de un hito de reparación, marcado por un cambio estructural profundo que en ningún sobre el cual no se intentó pasar la barrera, y de manera paulatina daba señales que en rigor no se alcanzó la democracia. Se transitó pauteado desde lo que llaman el gobierno cívico militar. La violencia no es justificable desde el concepto del diario vivir, pero como huella esparcida en la historia, de manera inevitable trae consecuencias.

La transformación, de tres décadas, debería haber sido muy sustancial para que el diálogo y el acuerdo, superaran la imposición desde el atropello a los derechos humanos. Aunque lejos de ser la violencia un buen método, ésta quedo latente y nunca se quebranto desde los hechos, que fueran demostrables. Un catalizador conveniente, habría sido la inexistencia desde hace mucho tiempo de una desigualdad de gran magnitud. De la cual el 1% más rico no siente vergüenza, son lejanos a algo que nunca han tenido y ni siquiera conceptualizan, como lo es una conducta ética. Esta forma de relacionarse, es sustancial como materias para la educación, ya que ayuda a precisar contenidos valóricos de la convivencia humana, y la relación causa efecto, que hace ver la violencia con derechos de exclusividad para un sector político, que, habiendo alcanzado sus fines, pasan a la crítica férrea de ese método, ya lo habían utilizado y con resultados de largo alcance.

Lo examinado, hace situarse en un clima político histórico trascendente, del gobierno que está por asumir, al encontrarse en un estado de cosas sobre las cuales tiene grandes sensibilidades, pero al contrario de los gobiernos elegidos en el segmento del mal menor, tienen la fortaleza que deben mantenerla, combinada con la oportunidad de recobrar confianzas, en medio de temas pendientes por no ser responsables de lo que en ciertas áreas se denomina “el estado de la cuestión”.

Ciertamente las actitudes son importantes, y no está malo el actuar de forma inclusiva, pero será la ciudadanía en general y los electores en particular, los que vayan juzgando a quienes han sido cercanos a sectores responsables de la herencia pasada de los sectores de los cuales provienen, y se inserten en una era nueva sin la expresión de las responsabilidades pasadas, no se trata que sean excluidos. Hay cargos altos de la nación, que se han sido ejercido con un buen prontuario de respaldo.

Se presenta la situación que se puede nutrir de dos elementos que también invitan a una reflexión en materia de educación.

El primero es la llegada de la política a la educación, como relevancia del próximo plebiscito de salida del proceso constituyente en el cual deben participar de manera obligatoria, jóvenes que a lo menos dentro del primer semestre del año cumplan 18 años. Así, adquiere mucho valor la incorporación de la educación cívica que estará presente en el país.

Va a ser interesante, entre otros aspectos una visión comparativa del nuevo texto en relación a la constitución dictatorial; el conocer las características del sistema político actual y otro que pudiera surgir de la nueva constitución; será necesario tener presente la forma en que se resuelve la transición del marco legislativo actual hacia uno que vaya en sintonía con la nueva constitución, y leyes que eventualmente en un escenario de constitución democrática, podrían finalizar siendo inconstitucionales. Lo trascendente de esta temática, es que resulta la mejor educación cívica que se puede entregar, por cuanto no es un acto de pronunciarse por opciones o por candidatos, sino que la base de la decisión es sobre la profundidad de textos escritos y con una discusión de gran argumentación, con la objetividad con que cada ciudadano realice una interpretación de una etapa de la historia sin precedente.

Por último, haciendo una conexión con la irrupción de dirigentes estudiantiles del siglo XXI, como conductores del siglo XXI, se debe tener presente que, a pesar de modificaciones en algunos elementos del sistema educativo, permanecen brechas en la educación entre lo público y lo privado. Hay otra componente, no menor que entre los jóvenes que hicieron famosa la frase “no eran 30 pesos, eran 30 años”, todavía hay situaciones no resueltas. Hay brechas en educación entre lo público y lo privado, y desde el punto de vista social, persiste el interés de la provisión de mano de obra barata, que han hecho entender la educación con techos y limitaciones. Estamos lejos del modelo de Finlandia.

Hoy llega al gobierno una juventud de mucho ímpetu y seguramente con muy buenas intenciones. Esa característica estuvo ausente en los gobiernos desde el año 90 en adelante, la experiencia enseña y desde el paso de los años se llega a conclusiones contundentes, se asistió a una degradación de convicciones y una transformación de pensamiento, acomodado al interés de cada uno.

Los movimientos estudiantiles, no sería de extrañar seguirán siendo actores del futuro. Siempre lo han sido, aunque algunos hayan renegado de su pasado, con viraje en 180 grados.

11 de enero de 2022

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