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¿Un febrero diferente o para qué adelantarnos a marzo?

Tradicionalmente en nuestro país el mes de febrero es más bien flojito en noticias políticas. Hasta unos días, el receso estival parecía liberarnos de informaciones provenientes del Congreso, de los partidos, municipios, tribunales… Diríamos que nuestras vidas entraban “en modo reposo” y que nos preparábamos a recargaban pilas para el sabido inexorable reinicio en marzo.

Era el momento en que los canales de televisión se repletaban de notas con las bellezas de destinos patrios y extranjeros para vacacionar y de los mejores paquetes y posibilidades de (sobre)endeudarse con la tarjeta que se tuviera más a mano y desahogada para vivir en primera persona y en familia la experiencia que se apreciaba en la imagen. Termas, playas, bosques, ciudades, pueblos se veían siempre tan lindos en las pantallas planas y de fondo se escuchaban compases de músicas folclóricas, bossa nova, más recientemente reguetón. Se aprovechaba también el ambiente de distensión para informar a las audiencias sobre las delicias culinarias, las mejores preparaciones criollas y foráneas, los tragos más a la moda. A juzgar por las cifras de desplazamientos internos y al exterior, parece que incluso durante los meses de este preciso curioso verano 2022 ni el Covid -con la amenaza de contagio y permanencia forzosa por unos buenos días en un destino que se podría llegar a tornar de ensueño en una muy cara pesadilla mediando sólo un PCR- habría podido desmontar del todo este rito de la pausa. ¡Pura vida! dirían los costarricenses; las posibilidades, con sus trampas y peligros, de la modernización capitalista chilena, dirían otros. El momento cúlmine de este paréntesis de descanso y al mismo tiempo su canto de cisne, solía ser el Festival de Viña del Mar, con nuestra versión autóctona de La Croisette y de alfombras rojas pisadas por estrellas locales entre sobrevestidas y en cueros.

Pero al mismo tiempo, también pareciera ser que este año es distinto. Más que las opciones y promesas de solaz y desconexión antes descritas, vemos a diario en los noticiarios problemas serios en el norte del país por la migración y en la Araucanía la persistencia del denominado conflicto mapuche. En ambos frentes observamos un gobierno que adopta medidas de excepción contestadas por ineficaces, poco oportunas y de legitimidad incierta para una administración que baja su cortina. Por otra parte, la pandemia no ceja y los contagios se siguen contando por miles, lo que no se contradice en nada con valorar positivamente el proceso de vacunación gratuita, ordenada y masiva que nuestro país puede exhibir con orgullo. Conocemos cómo hasta hoy subsisten los inaceptables y vergonzosos coletazos del trato de botín que la oficialidad uniformada reservó para los fondos reservados y los recursos públicos en general. Vemos cotidianas imágines de delincuencia, narcotráfico, comercio clandestino, manifestaciones xenófobas, niños con armas, reyertas de pandillas callejeras por controlar espacios para sus actividades ilícitas. Mejor no sigamos sumando y no volvamos a platear en nuestra conversación parroquial la clásica y retórica pregunta sobre el momento en que arrancaron todos nuestros males…

Y en cuanto a noticias políticas, éste ha sido ciertamente un febrero diferente. En semanas asume un nuevo gobierno y desde fines de enero comenzamos a enterarnos de las principales caras del plantel que lo conformará. Además de militantes de los partidos de la coalición que llevó al gobierno al presidente Boric, se cuentan entre sus principales colaboradores a personas independientes, además de algunas figuras de partidos políticos de la antigua Concertación. A juzgar por los sondeos de opinión, la ciudadanía parece haber valorado satisfactoriamente esta apertura del futuro presidente más allá de sus huestes, subrayando en todo caso que es el programa el eje ordenador y la orientación para todo su equipo. Suele llamarse al fenómeno de la popularidad creciente durante el inicio de una gestión (o incluso antes de él) Luna de Miel, toca esperar que ésta sea extensa y que las realizaciones de la administración estén en consonancia con las expectativas generadas.

Al mismo momento pero en curvas asimétricas, las mismas encuestas muestran que la Convención Constitucional conoce desde hace algunas semanas una merma en su aprobación pública. Los motivos parecen ser múltiples y han sido analizados y teorizados hasta el cansancio por políticos, columnistas, líderes de (...)

Artículo completo: 2 347 palabras.

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Claudio Herrera

Director del Departamento de Derecho Privado de la Facultad de Derecho de la Usach.

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