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Cuando la única salida es ostentar un peinado loco

Los Shamate a las sombras del “sueño chino”

Los Shamate, un fenómeno de Internet, electrizaron con sus peinados exuberantes las ciudades industriales chinas. Estos jóvenes obreros-campesinos, que abandonaron el campo, tuvieron un éxito fulgurante a inicios del siglo XXI antes de convertirse en noticia. ¿Por qué suscitaron tanto odio en las redes sociales? El documentalista Yifan Li, que los recuerda, aporta elementos de respuesta.

Peinados vertiginosos, cabellos flúo, ropas vistosas…Así aparecieron a mediados de los 2000 los Shamate, esos jóvenes con aire de superhéroes de manga japonés que desentonaban claramente en el paisaje chino. Todo comenzó en 2006, cuando Luo Fuxing, un niño de 11 años, descubrió la música y la moda japonesa y coreana, por entonces de onda. Confiado a sus dos abuelas por sus padres, obligados a partir para vivir y trabajar en las fábricas de las grandes aglomeraciones costeras, el muchacho forma parte de esta generación de jóvenes llamados en China los “niños dejados atrás” (liushou ertong). Vivía en la prefectura de Meizhou, a casi 400 kilómetros de Canton, y pasaba su tiempo en la plataforma de mensajes QQ [se pronuncia en inglés, “kiou kiou”], el ciberespacio preferido de la juventud china en esa época. Frecuentaba varias comunidades on line que sus cientos de miembros, que se encuentran allí para discutir o jugar en red, prefieren llamar “clanes”.

Era también el tiempo de los inicios del “marciano”, esta lengua alternativa utilizada en las redes sociales, compuesta por emoticones como en Occidente, pero también por sinogramas modificados, a veces para evitar la censura. La juventud entera se lanzaba con entusiasmo a contracorriente de la cultura dominante. Asumir su diferencia se hizo algo cool. Surgieron nuevas apariencias.

Luo Fuxing fue atraído por los movimientos más underground. Pero encontraba su estilo demasiado tímido. Inspirándose en los visual kei, esas estrellas del rock japonés con cabellos largos ondulados y con estudiada ropa gótica, se tiñó el pelo de rojo incandescente, se peinó desgreñado tipo super guerrero del espacio, se puso un saco con tachas y sin mangas y se sacó una foto. Faltaba encontrar un nombre para bautizar este estilo, que sería el de su propio clan. Buscó la traducción al inglés de la palabra “de moda, arreglado”, adoptó el término “smart”, que presenta además la ventaja de significar “inteligente”, y lo retranscribió fonéticamente en chino “shā-mǎ-tè 杀 马 特”. Subió su autorretrato a Internet asociado a estos tres caracteres. Algunos días después, la web se apoderó de este neologismo esotérico. Los caracteres así combinados no quieren decir nada literalmente pero, tomados por separado, cada sinograma tiene un sentido: shā significa “matar”, mǎ “caballo” y tè “especial”. El total brinda un sentimiento de libertad salvaje con aires guerreros y diseña una identidad de la que se apropiaron innumerables jóvenes chinos que se ilusionan con ser chicos malos, mitad punks mitad dandies 2.0.

Rápidamente, el término “Shamate”, reservado originalmente a los miembros del clan fundado por Luo Fuxing, se extendió a todas las ramas del movimiento de las subculturas que ostentaban este estilo ultra-llamativo. Su emblema: un peinado hiperbólico, preferentemente de color vivo–puntas erizadas en la cabeza, mechones extra-bajos que cubren la cara hasta debajo de los ojos, exuberantes cortes taza rematados con una medialuna capilar rosa flúo o rubio polar...Los chicos tenían los ojos maquillados, llevaban ropas de cuero con tachas, jeans cortados y remeras ajustadas, las chicas medias de red o medias hasta la rodilla bajo minishorts de tiro alto con cinturones gruesos y tops sexys.

Según la leyenda, Luo Fuxing, que se convirtió con los años en una figura clave del movimiento, administraba varios grupos de QQ que reunían a decenas de miles de Shamates. Bajo su apariencia volcánica, la gran mayoría de ellos son campesinos-obreros (nongmingong) de segunda generación. Como sus padres antes, dejaron sus pueblos para ir a trabajar en las provincias costeras del país, frecuentemente en el Guandong, donde las ciudades industriales del delta del río de las Perlas siguen atrayendo por miles a los campesinos pobres del Oeste. Estos “niños dejados atrás” experimentan un fuerte sentimiento de abandono. Muchos, profundamente desmotivados, dejaron sus estudios muy jóvenes, entre los 12 y los 15 años: “Se decía que ir a la escuela no nos iba a llevar muy lejos porque estábamos destinados a trabajar en la fábrica. Desde que entendimos eso perdimos todas las ganas de estudiar. Sólo teníamos una idea en la cabeza: dejar el pueblo para ir a ver lo que pasaba afuera”, cuenta (...)

Artículo completo: 2 351 palabras.

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Frédéric Dalléas

Traductor de chino, autor de Sonder l’envers, junio de 2021, sonderl’envers@mailo.com

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