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Un escenario inédito en las elecciones presidenciales

En Colombia, la clave Medellín

Los colombianos acudirán a las urnas el 29 de mayo de 2022. La izquierda de Gustavo Petro podría ganar, lo que supondría un hecho inédito en la historia del país. A pesar del resurgimiento de un fuerte movimiento social, gobernar el país no será fácil. La alianza histórica entre los poderes económicos y las mafias es un obstáculo importante, como lo ilustra el caso de Medellín, la segunda ciudad del país.

Al llegar desde el aeropuerto internacional de Rionegro a la ciudad de Medellín, que cuenta con 2,5 millones de habitantes, la ruta atraviesa las frescas montañas del Oriente Cercano, donde se encuentran algunas de las quintas más costosas del país, entre ellas las del ex presidente Álvaro Uribe (actualmente juzgado por corrupción y manipulación de testigos). Al costado de la ruta se suceden restaurantes chic, bares lounge y centros comerciales cuyos estacionamientos están llenos de SUV y autos deportivos. Hay flores por todas partes, árboles también y, cada tanto, campos. El aire es ligero, con aroma a pino y la temperatura rara vez supera los 24º C.

Es fácil entender por qué las clases medias y altas de Medellín prefieren los alrededores de la ciudad a la ciudad misma. Tanto si se toma la primera ruta, que asciende por las exclusivas localidades de Envigado y El Poblado para luego descender unos 600 metros hasta el valle, o que se elija la segunda, que pasa por el barrio obrero de Guarne y los barrios marginales del noreste de Medellín, el resultado es el mismo desfile de camiones de residuos, tractores, autos y motos, a los que los ojos, nariz y garganta responderán con estornudos, tos, lagrimeo y congestión.

Paraíso turístico
Dependiendo de la estación, la constante contaminación del aire oculta el valle o, alternativamente, las colinas que lo rodean. El ruido de los transportes y las obras es ensordecedor y la pobreza omnipresente, incluso en las calles de los barrios residenciales vigilados por guardias de seguridad privada. Héctor Abad Faciolince, novelista reconocido, compara el valle de Medellín con uno de los nueve círculos del infierno descritos por Dante, aquel en donde están confinados los pobres (1). Y, sin embargo, la ciudad goza de una excelente imagen en el mercado mundial. Courrier International, por ejemplo, elogia la transformación “de la ciudad más violenta a la ciudad más innovadora” (2). Por su parte, The New York Times celebra “la ciudad de la eterna primavera”, una de las “ciudades más progresistas de América Latina”, gracias a “sus proyectos de infraestructura que introducen parques y bibliotecas arquitectónicamente muy interesantes en los barrios pobres y sus creativos medios de transporte” (3).

Este pequeño paraíso turístico ha sido arrasado recientemente por una gran movilización popular, que se extiende poco a poco al resto del país. En términos de escala, duración y determinación, este movimiento no tiene precedentes en la historia de Colombia. Nacido en septiembre de 2018 en las asambleas generales de estudiantes –en particular en la Universidad de Antioquia, la más importante de la región–, se enfrentó rápidamente a la represión de la policía antidisturbios. A esto le siguió una huelga nacional que paralizó Medellín con una serie de manifestaciones masivas, unas quince en pocos meses, para exigir el respeto al derecho constitucional a salir a la calle y una financiación adecuada para la educación pública. A pesar de los esfuerzos desplegados por el gobierno y los principales medios de comunicación dominantes por presentarlos como vándalos o terroristas, los estudiantes despertaron una amplia ola de simpatía en los barrios populares, de los que a menudo proceden, pero también en las oficinas, almacenes y talleres del centro de la ciudad.

Los huelguistas consiguieron sus principales reivindicaciones, en particular sobre el presupuesto de la enseñanza superior, exangüe tras años de reformas neoliberales y sobreendeudamiento estudiantil. Sin embargo, no extraña que el gobierno no cumpliera sus promesas, lo que llevó a los manifestantes a reanudar el movimiento. A fines de 2019, la huelga general se extendió a todo el país, relevada por los sindicatos, asociaciones y partidos de la oposición (4). Mientras que en 2018 el movimiento se centró principalmente en los estudiantes, en 2019 se extendió a toda la sociedad. En las marchas confluyeron jóvenes no estudiantes de los suburbios, trabajadores de todas categorías, defensores de los derechos de las víctimas, comunidades indígenas y afro-colombianas, activistas queer, pacifistas y ecologistas. Al comienzo de las vacaciones de Navidad, el gobierno se encontraba contra las cuerdas, a pesar –o a causa– de la desmedida represión de los manifestantes. La huelga se reanudó en marzo de 2020.

Descontento en las calles
Un año más tarde, la crisis económica y social agravada por el Covid-19, unida a la corrupción y la desidia gubernamental frente a la pandemia, alimentaba el descontento de la calle. En mayo de 2021, la cólera estalló y derivó en un levantamiento en todo el país. Esta vez, fueron los pobres, los jóvenes precarizados de las periferias urbanas y sus familias quienes tomaron la delantera. Nunca antes en la historia del país la movilización de los barrios populares había alcanzado una intensidad tal. A excepción de algunas figuras de la oposición, los representantes políticos parecían haber perdido toda autoridad y legitimidad. El ejercicio de la soberanía popular duró dos meses. Al final de una feroz represión estatal que dejó casi cincuenta muertos y tres mil heridos, el gobierno finalmente se impuso.

Si bien la resistencia popular sorprendió por su audacia y tenacidad, y no solamente entre los jóvenes, aún es demasiado pronto para establecer si se traducirá en una representación política formal o en una mayor participación en la planificación urbana y la acción pública. El candidato de izquierda Gustavo Petro obtuvo el 22% de los votos en Medellín en las elecciones presidenciales de 2018 (5) y parece que mejorará este resultado el 29 de mayo de 2022, a pesar de que el candidato de derecha presentado por Álvaro Uribe, el ex alcalde Federico Gutiérrez (2015-2019), obtuvo el triple de votos que Petro en las elecciones primarias del 13 de marzo.

En el caso de que la izquierda gane las elecciones presidenciales, algo que los encuestadores consideran creíble, se plantea la pregunta de hasta qué punto el nuevo gobierno de Bogotá podrá entenderse con el movimiento social de Medellín para enfrentarse a las elites económicas de la ciudad, por no hablar de las mafias locales y regionales. Como admite Petro, si la transformación de Colombia ha de ser algo más que retórica de campaña electoral, tendrá que empezar en Medellín.

¿De dónde viene la singularidad de Medellín y su aglomeración (4 millones de habitantes) en el siglo XXI? ¿Y a quién beneficia? La economía de Medellín se caracteriza por niveles extremos de concentración de capital. El Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) es uno de los conglomerados más poderosos no solamente de Colombia, sino de toda América Latina. Antes de adoptar su forma actual a fines de los años 90, durante la edad de oro industrial del siglo XX, el GEA controlaba la política de la ciudad, las autoridades públicas, los regímenes jurídicos, los derechos de propiedad y las políticas económicas. Más recientemente, ha ampliado sus actividades a América Central, el Caribe, América del Sur y Estados Unidos. Entre 1980 y 2004, el número de compañías que el grupo absorbió se triplicó con creces, mientras que sus ingresos se multiplicaron por ocho. Esta hipertrofia se resume en una cifra: en 2021, el GEA representó por sí solo el 7,1% del Producto Interno Bruto (PBI) de Colombia. El propio GEA está formado por varios conglomerados, vinculados entre sí por un complejo sistema de participaciones cruzadas, en el que cada compañía posee acciones de otra (6).

Un grupo poderoso
El buque insignia del grupo, Bancolombia (que conserva una cuarta parte de los depósitos de Colombia en sus bóvedas), no solo es la institución bancaria y financiera más poderosa del país. Desde 2013, también se ha consolidado como el principal proveedor de servicios bancarios y financieros en América Central y el Caribe. El Grupo Suramericana (Sura), que domina el sector de los seguros en Colombia, también ha ampliado su alcance en todo el hemisferio durante la última década, incluido Estados Unidos. El grupo Argos, principal subholding de GEA, está presente actualmente en unos (...)

Artículo completo: 4 302 palabras.

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Alcides Gómez, Forrest Hylton y Aaron Tauss

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad Federal de Bahía y de la Universidad de Viena.

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