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Avances del proceso constituyente

Soñemos lo imposible y hagámoslo realidad

Ya son diez meses desde que la Convención Constitucional entró en funcionamiento, con el fin de redactar una nueva carta magna; pero el proceso constituyente, aquel que emana del mismo pueblo y que busca los cambios, lleva ya varios años. No podríamos estar hablando de Convención Constitucional sin pasar por los movimientos sociales y el estallido del 2019. No podríamos hablar de paridad efectiva sin las luchas del movimiento feminista instalado hace ya décadas; no podríamos hablar de escaños reservados sin la incansable resistencia de todos los pueblos y naciones indígenas por siglos.

Las normas que hoy se están aprobando no estarían presentes sin todas esas demandas que emergieron desde el seno mismo de la ciudadanía, desde lo más profundo de los pueblos. Si hoy se plantea un Estado solidario, es porque por años se señaló al Estado subsidiario y al neoliberalismo como origen de la desigualdad y las injusticias que hoy nos siguen afectando.

Hoy es posible vislumbrar un nuevo amanecer porque ya tenemos normas que nos permiten comenzar a pensar e imaginar el nuevo Chile en que todas y todos estemos presentes. Un país construido desde los derechos de los pueblos, de la ternura de su gente, pero también desde la razón, desde la crítica sincera y meditada. No por nada es que se han logrado grandes acuerdos en el pleno de la convención, muchas veces superando los dos tercios.

Pero me quiero enfocar en lo que se ha logrado en estos diez meses de Convención Constitucional. El 4 de julio de 2021 llegaron al Ex Congreso los 155 convencionales provenientes de todas las regiones de Chile, de todas las identidades, de todos los pueblos con el único mandato de escribir la nueva Constitución. También entraron por las puertas del edificio las distintas naciones indígenas representadas por los escaños reservados; el país por primera vez veía representado con toda su diversidad y hablar desde un espacio que antes solía ser exclusivo de las élites.

Nos encontramos el vicepresidente, la mesa directiva y yo ante una situación tan simbólica como desafiante. No había precedente o modelo preestablecido de cómo debía ser la institucionalidad que albergara este proceso. Sin embargo, fue posible crear un órgano autónomo, paritario, respaldado por las instituciones públicas como las universidades, municipios, personal de la Cámara de Diputados y Diputadas, y por la ciudadanía, entre otros. De la nada, considerando incluso las negligencias del anterior gobierno en cuanto a su falta de colaboración, se logró levantar una institución que funciona, con normas propias y como un espacio para debate democrático, lo que habla bien del país y de su gente, en todo el mundo.

Pero tampoco habría sido posible construir esto sin todas y todos los convencionales que han organizado los contenidos del debate social en normas constitucionales. Como se sabe, el órgano fue conformado por partidos políticos, colectivos independientes y pueblos indígenas, no existiendo ninguna fuerza mayoritaria ni poder de veto de ningún colectivo. Fue esta conformación, pocas veces vista en la historia de Chile, la que impulsó a los convencionales a dialogar para construir acuerdos. El reglamento fue uno de esos instrumentos construidos con el dialogo sincero. Luego se abrió un proceso de audiencias públicas donde participó la ciudadanía, se convocó a instalar las iniciativas populares de normas, donde la ciudadanía o una persona natural podían proponer normas constitucionales. De a poco la futura Constitución se fue llenando de legitimidad política y social, de contenidos, pensamientos del Chile imaginado en tantas luchas.

Por reglamento se establecieron siete comisiones temáticas redactoras de la carta magna; estas definieron sus periodos de audiencias públicas; posteriormente, con todos los insumos reunidos, se inició la elaboración de normas constitucionales, desde enero de 2022 en adelante, aunque los temas sustantivos para la nueva Constitución se fijaron desde el primer momento en la discusión del reglamento, entre ellos: los derechos humanos, la paridad, la plurinacionalidad, los derechos de las regiones, de la naturaleza, todos tienen espacio en ese primer documento. Hasta la fecha, se han hecho cientos de presentaciones de normas con sus comentarios e indicaciones miles de veces. Cada norma que nacía debía crecer y una vez madura llega al pleno; allí quedan para el borrador (...)

Artículo completo: 2 209 palabras.

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Elisa Loncon Antileo

Presidenta de la Convención Constitucional.

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