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Tensiones entre los tres países impactan el comercio

Madrid apacigua a Rabat, pero provoca a Argel

Al alinearse con la posición marroquí respecto del Sahara Occidental, el primer ministro español Pedro Sánchez no sólo sorprendió a sus ciudadanos y a su propio gobierno. También provocó la ira de las autoridades argelinas, que tomaron medidas de represalia económicas contra su país. En cambio, la crisis diplomática entre España y Marruecos parece superada.

“Hay que castigar a España”. Como respuesta a ese lema transmitido por las redes sociales argelinas, las autoridades de Argel anunciaron, el pasado 8 de junio, la suspensión inmediata del Tratado de Amistad y Buena Vecindad celebrado entre España y Argelia en 2002. Ese mismo día, la Asociación de Bancos y Establecimientos Financieros (ABEF) argelina decretó el congelamiento del financiamiento de las operaciones comerciales desde y hacia España. La medida está lejos de ser anodina, ya que ese país es el quinto proveedor de Argelia, con 2.700 millones de euros de exportaciones en 2019, el último año antes de la pandemia. Madrid también es su tercer cliente, con importaciones gasíferas por un monto de 2.300 millones de euros.

Aunque las medidas coercitivas tomadas por Argel no atañen al comercio de hidrocarburos –al menos por el momento–, ¿cómo se explica semejante escalada? Todo se debe a la cuestión del Sahara Occidental. Ocupado por España hasta 1976, ese territorio (ver mapa) es reivindicado por Marruecos, que ocupa hoy una gran parte del mismo. Por su parte, Argelia defiende la autodeterminación de las poblaciones saharauis, tal como prevén las Naciones Unidas, a la vez que apoya a los independentistas del Frente Polisario. Una independencia que Marruecos no desea, proponiendo a cambio una amplia autonomía de ese territorio, pero bajo su soberanía. Hasta hace poco, España, en tanto ex potencia colonial, se mantenía en una posición aparentemente equilibrada, reivindicando “el respeto de las decisiones de la Organización de las Naciones Unidas [ONU]”, pero apoyando discretamente los esfuerzos de la diplomacia marroquí en el seno de la Unión Europea (UE), sin satisfacer realmente a Rabat. El 18 de marzo, la decisión súbita de Madrid de alinearse con la posición marroquí al apoyar el plan de autonomía del Sahara generó entonces sorpresa y provocó la ira de Argel.

Para comprender plenamente los desafíos de esta crisis regional hay que remontarse a las últimas horas del mandato de Donald Trump. El 10 de diciembre de 2020, el presidente de Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, y a cambio el reino se comprometió a normalizar sus relaciones con Israel. Ninguna otra potencia occidental había dado ese salto, y esa decisión envalentonó a Rabat. El 15 de enero de 2021, Nasser Bourita, el ministro de Relaciones Exteriores marroquí, hizo entonces un llamado a los países europeos a salir de su “zona de confort”, inspirándose en el ejemplo estadounidense. Hasta entonces, solamente Francia había apoyado el plan de autonomía propuesto por Marruecos para resolver el conflicto del Sahara Occidental. Pero París nunca llegó al punto de reconocer la soberanía marroquí sobre ese territorio, como lo hizo la Casa Blanca.

Flujos migratorios
Fortalecidas por el apoyo estadounidense, las autoridades marroquíes están convencidas de que, si Madrid se alinea con sus argumentos, otros países europeos, e incluso latinoamericanos, le seguirán. En diciembre de 2020, precisamente cuando Trump anunciaba su decisión, Rabat anulaba, bajo un pretexto fútil, la Cumbre Hispano-Marroquí que debía llevarse a cabo una semana más tarde. El 18 de abril de 2021, el recibimiento de Brahim Ghali, jefe del Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), entonces gravemente enfermo de Covid-19, en un hospital público de Logroño (norte de España), proveyó a Rabat de argumentos adicionales para subir el tono. El gobierno español había respondido favorablemente, por “razones estrictamente humanitarias”, a un pedido de las autoridades argelinas. Sin embargo, en un primer momento Madrid intentó esconder su llegada, sin duda para no ofender a Marruecos, para quien Ghali es el enemigo público por excelencia.

Los servicios secretos marroquíes se enteraron no obstante de su presencia en España. ¿Es porque habían puesto bajo escucha, gracias al programa Pegasus, a miles de celulares argelinos, como lo reveló el año pasado el sitio Forbidden Stories (1)? ¿O es porque la jefa de la diplomacia española, Arancha González Laya, tenía ella también su teléfono infectado, como lo reconoció entre líneas el gobierno español? El caso es que la exclusiva de la hospitalización de Ghali primero salió en El Noticiario, un sitio web hasta entonces desconocido, y fue retomada enseguida por diarios cercanos al palacio real marroquí.

La crisis bilateral pasó entonces al siguiente nivel. Primero en el campo diplomático, con la convocatoria del embajador de España en Rabat, Ricardo Díez Hochleitner Rodríguez; y luego con un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores marroquí que repudió un “acto contrario al espíritu de cooperación y de buena vecindad”; finalmente, en mayo, con la llamada a consultas de la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich. Luego, Rabat usó la (...)

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Ignacio Cembrero

Periodista.

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