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Cristaliza el proceso constituyente

Ahora es cuando

Los últimos años en Chile han transcurrido de manera vertiginosa. Uno tras otro, se han sucedido acontecimientos políticos y sociales de enorme magnitud que, sin embargo, no han trazado aún una tendencia estable sino que siguen desenvolviéndose en medio de una disputa abierta. A menos de seis semanas del plebiscito que definirá la posibilidad de contar con una nueva Constitución para Chile, el triunfo del Apruebo se presenta como la tarea insoslayable para todos los sectores políticos comprometidos con la democratización de nuestro país.

La incertidumbre y el carácter abierto del momento histórico actual no es algo de lo que extrañarse. Estamos atravesando, hace ya varios años, una crisis de todo orden que no tiene lugar solamente en nuestro país, sino a nivel global. Una crisis general del capitalismo contemporáneo que se manifiesta en una crisis económica, de la reproducción social, de las relaciones sexuales y de género; una crisis política, institucional y ecológica que ha traído consigo una precarización creciente de la vida. En respuesta a dicha crisis, la movilización social se ha ido multiplicando progresivamente. Desde la fuerza de la movilización estudiantil como principal proceso de movilización de masas, pasamos cada vez más a manifestaciones diversificadas de la resistencia: movilizaciones sociales contra las AFP y las pensiones de miseria, movilizaciones por Ni Una Menos contra la violencia femicida y las múltiples formas cotidianas de dominación patriarcal y movilizaciones contra la devastación socioambiental en las llamadas Zonas de Sacrificio.

La llegada de un gobierno que pretendió cerrar la puerta al proceso de transformación exigido desde el 2011 aceleró el tranco de la crisis. En 2018, el asesinato de Camilo Catrillanca tras la arremetida del “Comando Jungla” en Wallmapu encendió la primera protesta callejera. Le sucedió el abril/mayo feminista y el proceso de organización que dio lugar a la primera Huelga General Feminista del 8 de marzo de 2019. En pleno intento de desplegar, en clave autoritaria, lo que el gobierno de Piñera llamó en su programa una “Segunda Transición”, las estudiantes secundarias y secundarios —que habían sido fuertemente criminalizados y perseguidos por las políticas de Marcela Cubillos— se levantaron en acción directa contra la medida antipopular de alza en el pasaje de Metro.

Fue, justamente, la respuesta autoritaria del gobierno la que, con la declaración del primer Estado de Excepción Constitucional de Emergencia desde la posdictadura, extrapoló el conflicto desde la Región Metropolitana hacia todas las regiones del país, que se levantaron también ese sábado 19 de octubre. La revuelta social alcanzó una magnitud nacional y abrió paso a un proceso que, entre otras cosas, se caracterizó por un fuerte ejercicio de deliberación democrática. Las asambleas territoriales, levantadas para coordinar y sostener la movilización y los cuidados, se convirtieron también en espacios fértiles para el inicio de una profunda discusión política sobre el país en que vivíamos y la vida que deseábamos. Mucho ha sucedido desde entonces, pero el carácter de ese primer ejercicio ha permanecido con mayor o menor intensidad durante estos años, siendo capaz de sostenerse incluso en medio de una pandemia, de articular apuestas autónomas para disputar la representación en la Convención Constitucional, volcando en ella los (...)

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Alondra Carrillo Vidal

Exconvencional constitucional.

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