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Diagnósticos a distancia, relojes conectados y cada vez menos camas

La mina de oro de la medicina digital en Francia

Frente al cierre de urgencias hospitalarias o la reducción de la actividad en otros servicios por falta de personal, el Gobierno de Emmanuel Macron ha encontrado la solución: ¡consultas médicas conectadas! Teleconsultas y seguimiento de datos a distancia con inciertos beneficios para la salud... Investigamos la nueva mina de oro de la medicina digital, sobre la que se ha abalanzado el mundo financiero.

A finales de enero de 2022, en Francia, el anuncio de la creación de una nueva start-up pasó desapercibido para la casi totalidad de los medios de comunicación, exceptuando algunas cabeceras de la prensa económica. El caso, sin embargo, concernía a un campo que ha copado portadas durante los últimos dos años: la salud. Y aunque los periódicos no dieron señales de vida, el mundo financiero sí que estuvo alerta. “Zoï, la nueva empresa emergente por la que se agitan los inversionistas”, titulaba el diario Les Échos (25 de enero de 2022), puntualizando que esta “quiere digitalizar un protocolo de medicina preventiva personalizada”. ¡Y vaya que si se agitan! Entre los generosos donantes se extiende una lista de multimillonarios de cuidado: Xavier Niel, presidente-­director general de Free, la decimotercera fortuna francesa; Rodolphe Saadé, jefe de CMA-CGM (Compagnie maritime d’affrètement-Compagnie générale maritime), líder mundial de la logística y el transporte, la decimonovena fortuna; Stéphane Bancel, presidente-director general del laboratorio Moderna, la vigesimoquinta fortuna; Hassanein Hiridjee, el segundo hombre más rico de Madagascar y codirector de Axian (energía, inmobiliaria, fintech, servicios financieros y telecomunicaciones); Jean Moueix, copropietario del “grand cru” bordelés Château Petrus; Jean-Marie Messier, banquero de inversión y asesor de Veo­lia en su opa sobre Suez; Emmanuel Goldstein, jefe de Morgan Stanley Francia; y... Jean-Claude Marian, fundador de Orpéa, la multinacional de las residencias de la tercera edad, cuyo modelo de gestión ha dado mucho que hablar desde principios de año.

¿Qué tendrá Zoï para atraer a semejante asamblea de estrellas de los negocios, muchas de ellas totalmente ajenas al mundo de la salud? ¿Cuál será el motivo por el que esta “empresa emergente” –a fecha de hoy, un mero cascarón vacío– se beneficia de una ronda de financiación inicial de 20 millones de euros, todo un récord? ¿Debemos echar la vista hacia uno de los fundadores de esta gallina de los huevos de oro, Ismaël Emelien? Exasesor de Dominique Strauss Kahn, por entonces candidato a la presidencia, y después de Emmanuel Macron durante su etapa en el Ministerio de Economía y posteriormente en el Elíseo, el cofundador del partido La República en Marcha es desde luego la persona indicada para mover relaciones y seducir a esta ristra de multimillonarios. Sin embargo, si se le conoce como profesional de la comunicación, su currículo en temas sanitarios es bastante más escueto...

Cambio de paradigma
Otras razones menos obvias pueden explicar esta variopinta estructura en torno a Zoï. La reciente pandemia, la asfixia de los servicios de urgencias y el colapso del hospital público han hecho que los medios de comunicación franceses centraran su día a día –con toda la razón del mundo– en el malestar del personal sanitario, la supresión de camas y los “desiertos médicos”. Pero esta actualidad también ha servido para ocultar otra cara de la historia, igual de preocupante: al mismo tiempo que se asfixia a la sanidad pública, a lo que asistimos es a un recurso sistemático al sector privado, con la promoción de estructuras –la mayoría de las veces start-ups– ­supuestamente innovadoras y necesariamente digitales, en el marco de una financiarización depredadora.

El presidente de la República francesa, el liberal Emmanuel Macron, ha contribuido en gran medida a esta transformación, durante su primer quinquenio, con un despliegue de planes, declaraciones y programas: “Ma santé 2022”, en junio de 2018, para “acelerar el giro a lo digital”; “PariSanté Campus”, en diciembre de 2020, para “hacer de Francia un líder mundial en salud digital”; “Innovation santé 2030”, en junio de 2021, para “hacer de Francia la primera industria sanitaria europea”. Su predecesor, François Hollande, ya había iniciado en gran medida este cambio de paradigma con su ministra de Sanidad, Marisol Touraine. El 23 de enero de 2016, en la primera Jornada Nacional de Innovación Sanitaria, esta declaró: “La tercera revolución que se abre es la de la medicina digital. Va a alterar nuestra relación con la salud como nunca ha ocurrido, precisamente porque reinventa el propio concepto que [de ella] tenemos. Deja su huella” (1). Y sobre todo si los discursos performativos de los dirigentes políticos van acompañados de medidas concretas, en nombre de una “financiación virtuosa”. Una de las principales demandas de los empresarios cabe en un lema: “liquidar trabas”; en otras palabras, “eliminar los estorbos administrativos” en todos los ámbitos, y la sanidad no es una excepción.

Esto es precisamente lo que ha emprendido el presidente Macron: “Hay que agilizar, eliminar dispositivos o impedimentos, podemos acelerar las cosas” (2). Y ha cumplido su promesa, en medio de una relativa indiferencia de los medios de comunicación. Así es como la Ley de Financiación de la Seguridad Social para 2018 “introduce, en su artículo 51, un mecanismo que permite experimentar nuevas organizaciones sanitarias basadas en métodos de financiación iné­ditos” (3). Esto sin reformar, por supuesto, esa disposición particular de la economía de la salud que permite el reembolso por la Seguridad Social de un determinado número de productos, medicamentos, dispositivos conectados, monitorización remota y telemedicina. Y esto implica garantizar mercados para las empresas.

Fluyen las inversiones
Para ser incluido en la lista es necesario certificar el producto comercializado mediante una serie de ensayos clínicos realizados a partir de un panel de pacientes preciso y de duración ajustada. Este proceso codificado, con la certificación de la Alta Autoridad de la Salud de Francia (HAS, por sus siglas en francés) a través de su Comisión Nacional de Evaluación de los Dispositivos Médicos y de las Tecnologías de la Salud (CNEDIMTS), es lo que ha sido parcialmente “flexibilizado”. La introducción de mecanismos como la “subvención global por innovación” o la “cobertura financiera transitoria” ha permitido obtener un pase anticipado de reembolso por parte de la CNEDIMTS y evitar así tener que esperar a la finalización de los ensayos clínicos. Esta luz verde provisional es lo que entonces desencadena las inversiones, se convierte en atractivos dividendos... y finalmente autoriza la mayoría de los ensayos clínicos.

Esto ha contribuido a transformar el sector. Una visita a “BIG 2021”, gran evento anual del Banco Público de Inversión, Bpifrance, celebrado en octubre de 2021, nos permite tomar una mejor medida de su alcance. En la mesa redonda titulada “Cambio de escala en la salud digital: hacer del mercado francés un trampolín hacia la dimensión internacional”, todo se explica abiertamente ante una sala visiblemente partidaria de la evolución liberal de la economía. Pierre-Yves Frouin, presidente-director general de la start-up BioSerenity, que desa­rrolla determinados productos conectados (cintas para dormir, ropa inteligente) cuyo uso puede ser reembolsado por la Seguridad Social, pide sin cortarse que se suavice el procedimiento reglamentario: “Los ensayos clínicos son muy caros en nuestro campo. En primer lugar, necesitamos capital de riesgo y además necesitamos financiarnos con un horizonte a largo plazo. Así que hemos intentado hacer ensayos clínicos, pero con cohortes de pacientes de tamaño razonable para limitar los costes y, por tanto, calibrarlos a un nivel que sea satisfactorio, pero no necesariamente (...)

Artículo completo: 3 880 palabras.

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Gilles Balbastre

Periodista; director del documental Cas d’école (2015).

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