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Municipalismo y nueva Constitución

Por una vida digna libre de violencias

Nos enfrentamos a una instancia histórica para Chile: Después de 40 años, tenemos la oportunidad de desmantelar los vestigios más profundos de la dictadura, su legado y una forma de construir país que segregó y excluyó a los más sencillos.

He leído el texto de la Nueva Constitución, que será sometida a la voluntad popular el 4 de septiembre próximo, y veo un enorme avance para reencontrarnos como sociedad.

Es una muy buena Constitución, mucho mejor que la actual.

Desde mi perspectiva de alcaldesa de una de las comunas más vulneradas de Chile, que se establezcan claramente los derechos sociales, entre ellos el derecho a la ciudad y al territorio, es un punto de inflexión para lograr la equidad territorial por la que tanto he luchado.

El origen de La Pintana es producto de una decisión tremendamente inhumana: Erradicar la pobreza que afeaba los barrios más pudientes de la ciudad y lanzar a miles a un territorio sin servicios, sin conectividad, sin perspectivas, lejos del progreso y las oportunidades. Abandonados a su suerte. Segregados.

Así, se generaron guetos en los que se multiplicaron la miseria y la violencia. Las balas que hoy matan y hieren a nuestros niños, tienen su génesis en esta acción deliberada del Estado, en la década de los 80.

Crecí y viví en esa realidad. Tuve a mis hijos bajo esas condiciones.

Lo más terrible que le puede ocurrir a un ser humano, es llegar a normalizar la violencia, las balaceras y el narcotráfico como algo cotidiano.

Por eso, leer los artículos 52 y 53 de la propuesta, me emocionó: El Estado retoma su responsabilidad con todos los ciudadanos, sin importar su condición económica, y les asegura vivir en ciudades y territorios libres de violencia y en condiciones apropiadas para una vida digna. Pone esperanza y amor en lugares en donde hubo tanto dolor, por demasiado tiempo.

Se restituye el papel del Estado para gestionar el territorio de manera justa, al asegurar explícitamente el acceso equitativo de nuestras vecinas y vecinos a servicios básicos y espacios públicos, a la conectividad y a la integración socioespacial.

Se me imagina que escribieron este artículo con La Pintana en el corazón. Porque son precisamente los problemas y obstáculos que enfrenta un pintanino o pintanina durante toda su vida: Para realizar un trámite o comprar en una tienda, debe salir de la comuna. Para ir al trabajo o el lugar de estudios tarda dos horas de ida y otras dos de vuelta. Sus casas están hacinadas, porque se construyó pensando que siempre serían pobres y a veces no cabe el refrigerador o la cama nueva. Los pasajes son tan estrechos, que el automóvil, que los ideólogos de este modelo pensaron que nunca podría llegar a tener un pobre, hay que dejarlo afuera.

En este escenario, los jóvenes tienen pocas expectativas: ¿Para qué luchar, para qué esforzarse, si nunca nos quisieron, si nos marginaron del desarrollo? El “Derecho a vivir en entornos seguros y libres de violencia” será deber del Estado, que tendrá que considerar “especialmente las condiciones materiales, ambientales, sociales y el fortalecimiento comunitario de los (...)

Artículo completo: 1 590 palabras.

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Claudia Pizarro Peña

Alcaldesa de La Pintana.

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