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Plebiscito 2022 e hipersegmentación digital: más peligrosa que fake news y bots

El impacto de la sicometría en las elecciones chilenas

Después de cada campaña electoral se hace cada vez más evidente la importancia que tienen las redes sociales como canales de información, de conexión e incluso de movilización para millones de personas.

Si hasta hace poco la televisión era el dispositivo clave para la comunicación política, el que permitía conectar con amplias audiencias y captar su atención, hoy se suma a ella las redes sociales. Y he ahí la palabra clave: “atención”. Efectivamente, asistimos a diario a una verdadera batalla por capturar la atención de millones, por lograr que su mirada se dirija la mayor cantidad de horas posibles hacia una pantalla -generalmente ubicada en la palma de nuestras manos- donde un bombardeo incesante de mensajes, publicidad y diversos relatos en variedad de formatos operan como anzuelos para mantenerlos interesados. Y nada mejor que las redes sociales para eso. Efectivamente, plataformas como Facebook, Instagram, Twitter, TikTok, Youtube o WeChat son usadas de manera regular por más de 4.700 millones de personas. Más de la mitad de la humanidad pasa tal cantidad de horas diarias concentradas en ellas, que ya no es posible sostener categóricamente una distinción entre el mundo virtual y el no virtual.

En ese marco, se ha desarrollado mundialmente toda una economía de la atención que implementa las más variadas estrategias para la captar la “atención digital” de los usuarios, y que entiende que en un contexto de sobreabundancia informativa, ésta es una variable crucial.

Esa irrupción de las plataformas y el masivo uso que se hace globalmente de ellas ha alterado también las dinámicas del campo político. Y uno de los primeros en hacer un empleo estratégico de alto impacto de las herramientas digitales y el Big Data en una campaña fue Obama en 2008. Se trató de la primera vez que la televisión fue desplazada por plataformas digitales para conectar con los votantes. Desde entonces universidades, centros de investigación, partidos y movimientos políticos comenzaron a explorar el modo en que las redes sociales inciden en el debate público.

A partir de ese momento, también es común escuchar advertencias acerca del riesgo que para la democracia tienen algunos fenómenos propios de esta realidad digital. Públicamente se ha denunciado el negativo rol que pueden jugar los bots, las cuentas falsas, la violencia digital o las fake news en campañas.

La desinformación
En Chile, en el marco del plebiscito constitucional, el debate en torno a esos temas fue intenso y se denunció, entre otros, el uso sistemático de fake news de parte de la derecha. El diario digital El Desconcierto, por ejemplo, recopiló y detectó que al menos 32 personas de derecha difundieron sistemáticamente fake news mediante varias plataformas sobre la nueva propuesta de Constitución. A eso se sumaron iniciativas de la sociedad civil como Bot Check Chile (@BorCheckerCL) que intentaron detectar de modo automatizado el uso de bots en la campaña. El sitio Contexto Factual (https://plataformacontexto.cl) operó como un sitio de chequeo de información ante tanto bulo digital. Nuestro propio equipo (Deep-PUCV) desarrolló un modelo de clasificación de discurso de odio contra la Convención Constitucional -conocido como El Odiómetro- que proporcionaba en línea y en tiempo real datos acerca de los niveles de violencia digital contra este organismo encargado de redactar la nueva propuesta constitucional.

Hay, sin embargo, otra arista que también es propia de la interacción entre redes sociales y usuarios de la que se ha hablado poco en Chile y que, a mi parecer, es la que implica el mayor peligro para salud democrática de un país. Me refiero a la psicometría digital y la consiguiente hipersegmentación que esta posibilita para hacer campañas personalizadas, dirigidas a usuarios de manera no pública. Esto ocurre cuando, gracias a la Inteligencia Artificial y el Big Data, la economía de la atención se encuentra con (...)

Artículo completo: 1 979 palabras.

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Pedro Santander

Periodista, profesor titular PUCV, director de Demoscopía Digital del Espacio Público, DEEP-PUCV.

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