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Marruecos, Eldorado de los rodajes internacionales

Érase una vez en Uarzazat

Hollywood es más barato en Marruecos. En Uarzazat, Marrakech o Casa Blanca, los extras cobran muy poco, los técnicos no están sindicalizados, pueblos espectaculares funcionan como decorado por nada, el Estado garantiza la seguridad y los apoyos financieros abundan. Como resultado, el cine local se convirtió en un subcontratista de Occidente. ¿Pero cuánto tiempo le queda a este soft-power marroquí?

Crece el entusiasmo en Uarzazat, la puerta del desierto marroquí. Ridley Scott, de 85 años, acaba de anunciar su retorno a la ciudad fortificada (ksar) de Ait Ben Haddu, a 30 kilómetros de la ciudad. En este sitio inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el realizador británico-estadounidense –Alien (1979), Blade Runner (1982), Thelma y Louise (1991) o American Gangster (2007)– decidió filmar la continuación de su célebre película Gladiador (2000). Sin el actor Russell Crowe, evidentemente, puesto que Maximus, el personaje que encarnaba, murió al final del primer opus, sino con el actor irlandés Paul Mescal, estrella en ascenso que se destacó en Aftersun, de Charlotte Wells (2022), y el astro Denzel Washington. En este decorado semilunar compuesto de piedras ocres y polvo, las excavadoras y los obreros luchan contra la roca a fin de construir la inmensa arena de utilería que verá el despliegue de ásperos combates romanos. Como prueba de la ambición del director, se prevé una reproducción imponente del Coliseo.

Sin embargo, en las callejuelas del ksar, sobre el obrador, los comerciantes permanecen circunspectos. ¿Cuántos días tendrán que cerrar sus negocios? Nadie lo sabe. ¿Cuál será el monto de la compensación? 500 dirhams por día para unos, 1.000 o 1.500 dirhams para otros (1). “De todos modos, no tengo opción –explica Aziz, un joven pintor autodidacta que espera cobrar 1.000 dihrams, el precio de una de sus telas pintadas con té y azafrán, la especialidad local–. Si me niego a cerrar el negocio, me va a caer la policía y, como no tengo permiso, voy a vérmelas con un montón de problemas.” Se van a contratar miles de extras, se les va a pagar en efectivo una tarifa fija de 300 dihrams –27 euros– por un día de trabajo de once horas. A título comparativo, en Francia un convenio colectivo impone un salario mínimo para los extras de 105 euros netos por 8 horas, a los cuales se suman, para el productor, las cuotas salariales y patronales. “¡Cuando las personas que viven acá sepan que soy yo quien se ocupa de la nueva Gladiador, mi teléfono va a sonar día y noche! –se inquieta Hamid Ait Timaghrit, nativo de Uarzazat que se convirtió en uno de los principales contratistas de extras locales–. No va a haber trabajo para todo el mundo. Más aun cuando, con el tiempo, ya dispongo de una base de datos de varios miles de personas, con foto, dirección, altura y moralidad: si la persona es disciplinada, si toma alcohol o no, etc.”

La perspectiva del rodaje de una gran producción no parece gustarle nada a nuestro interlocutor, que conserva la nostalgia de un período más fructífero. “Si usted hubiera conocido Uarzazat en los años 1990 o 2000, no lo podría creer –explica–. En aquel entonces se filmaba a más no poder, ¡nueve, diez películas al mismo tiempo! Los hoteles estaban a tope. Hoy, mire a su alrededor: Uarzazat es una ciudad muerta. Apenas un rodaje o dos, y es todo. Tuvimos la epidemia de Covid-19, ahora la guerra en Ucrania. ¡Ya no hay más dinero!” Y enumera los hoteles cerrados en la ciudad: el Belere, un cinco estrellas por el cual pasaron “todos los astros del mundo entero”, el Palmeraie, el Riad Salam…

El rodaje de Gladiador II, ¿podría acaso relanzar esta máquina? No es la opinión de Ahmed Abounouom, llamado “Jimmy”, el productor ejecutivo a cargo de la organización del rodaje en Marruecos del futuro blockbuster. Para el dueño de Dune Films, uno de los mayores prestadores de servicios (o productores ejecutivos) del país, “semejante producción va a abarrotar durante varios meses todos los hoteles, todos los técnicos, y cualquier otro proyecto va a tener que filmarse en otra parte”. En otra parte significa en los países competidores (ver recuadro).

“En Marruecos no tenemos miedo”

No es el primer rodaje de Ait Ben Haddu, ¡lejos de eso! Esta ciudad de calles de tierra apisonada surgida desde el fondo de las eras sirvió de decorado oriental a David Lean para Lawrence de Arabia (1965), de campo de mujahidines afganos en Su nombre es peligro (1987, con Timothy Dalton en el rol de James Bond), de acceso al Grial para Steven Spielberg en su tercera Indiana Jones (1989) o de ciudad bíblica en una cantidad incalculable de grandes producciones estadounidenses o italianas. ¡Hasta para Martin Scorsese, que hizo de ella una ciudad tibetana en Kundun (1997), con las cumbres nevadas del Alto Atlas en el plano de fondo a modo de cadena del Himalaya! Tanta gente iba que hoy en día todos los habitantes del ksar se mudaron del otro lado del oued, dejando a los rodajes, y a los turistas necesitados de autenticidad, sus antiguas casas de fachadas cuidadosamente mantenidas.

La ciudad de Ait Ben Haddu no es para nada una excepción. Desde hace unos cuarenta años, toda la región de Uarzazat se convirtió en la tierra elegida para rodajes de películas llegadas del mundo entero. La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988), Refugio para el amor (Bernardo Bertolucci 1990), La Momia (Stephen Sommers, 1999), Asterix y Obelix: misión Cleopatra (Alain Chabat, 2002), Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004), Cruzada (Ridley Scott, 2006), Misión imposible 5 (Christopher McQuarrie, 2015)… O incluso series como Oficina de infiltrados (cinco temporadas filmadas entre 2014 y 2019), Game of Thrones (ocho temporadas, 2010-2017), Homeland (ocho temporadas 2010-2019), etc. Eso sin contar el número de largometrajes o de series en las cuales una parte, o el conjunto, fue filmado en la región. A eso se agrega una miríada de docuficciones bíblicas y spots publicitarios. ¿Las razones de semejante éxito? “¡Ningún lugar en el mundo puede ofrecer semejante variedad de decorados naturales!”, responden a coro todos los profesionales que conocimos. “En un radio de cien kilómetros a la redonda de Uarzazat, usted encuentra oasis, poblados antiquísimos, montañas, nieve, dunas de arena, desiertos de piedras, ríos, mar… ¡De todo!”, enumera Abounouom. “Y todo bañado por una luz excepcional, y a dos horas de avión de Londres o París”, prosigue.

¿Necesita un riad para filmar Las mil y una noches? Lo va a encontrar en Marrakech, que está sólo a 200 km. ¿Una de sus escenas transcurre en una ciudad europea? La puede ir a filmar a Casablanca, cuyo barrio del mercado central, cerca de la antigua medina, ofrece una variedad extraordinaria de fachadas Art Deco que datan de la época colonial. ¡Y además hay extras! “Las personas que viven aquí pertenecen a tribus muy antiguas, ofrecen una variedad de rostros semitas que corresponden a los rostros de los tiempos de la Biblia, o incluso de la Roma antigua”, afirma con tono seguro un responsable de los estudios Atlas y CLA, construidos en la entrada de Uarzazat (en 1983, en el caso de Atlas, veinte años más tarde en el de CLA) para acompañar el desarrollo de esa industria. Él no se plantea la pregunta acerca de si esos “rostros semitas” o “romanos” no serían una (...)

Artículo completo: 3 746 palabras.

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Pierre Daum

Periodista.

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