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Debate sobre los “Derechos Especiales de Giro” del Fondo Monetario Internacional:

¿Y si la solución a la crisis económica ya existiera?

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) calcula que el continente africano necesita más de 200.000 millones de dólares para contrarrestar los efectos socioeconómicos de la pandemia de Covid-19. Otras regiones del mundo sufren males similares. Las sumas necesarias son, pues, colosales. ¿Quién será capaz costearlas?

El pasado 20 de enero, el director del Departamento de Macroeconomía y Gobernanza de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Adam Elhiraika, propuso una solución: el uso de una herramienta diseñada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los Derechos Especiales de Giro o DEG (1). Su propuesta se hace eco de las de diversos expertos, desde Joseph Stiglitz –ex economista en jefe del Banco Mundial y galardonado en 2001 con el Premio del Banco de Suecia de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel– hasta Mark Weisbrot, del Center for Policy and Economic Research (Centro de Investigación Política y Económica, CEPR). ¿Y si, como sugieren, la solución a la crisis económica actual ya estuviera aquí, ante nuestros ojos?

Formalmente, los DEG son una línea de crédito concedida a los países en función de su cuota en el capital del FMI para completar las reservas oficiales de divisas de los bancos centrales. Se trata, por tanto, de un instrumento monetario internacional a disposición de los Estados para financiar sus transacciones exteriores. Se crearon en 1969 como consecuencia de los malos funcionamientos del Sistema Monetario Internacional (SMI), surgido de los acuerdos de Bretton Woods en 1944.

Una nueva moneda

En ese entonces, Estados Unidos impuso su moneda como “divisa clave” del SMI, uno de los principales pilares de la “pax americana” que estableció tras la Segunda Guerra Mundial. Opuesto a esta idea del patrón dólar, que consideraba poco realista a largo plazo, el economista británico John Maynard Keynes propuso sin éxito la creación de una nueva moneda, el bancor: una moneda verdaderamente internacional, sin ningún vínculo privilegiado con una moneda nacional.

Muy pronto, el funcionamiento del SMI basado en el dólar empezó a fallar, alternando períodos de escasez de liquidez con períodos de exceso de dólares en la economía mundial. Esta disfunción se explica por la “paradoja de Triffin”, según la cual una moneda nacional cuya creación depende de la política del país emisor no puede desempeñar el papel de moneda internacional adaptada al desarrollo del comercio internacional y al financiamiento de los balances de pago de las diferentes capitales. Ahora bien, una de las funciones del SMI es precisamente la de asegurar la regulación de la liquidez internacional para permitir que todos los países tengan acceso a esta liquidez en función de sus necesidades... Ante este problema, el FMI, creado inicialmente para garantizar la estabilidad monetaria internacional, creó los DEG: un nuevo activo de reserva mundial capaz de acompañar la expansión de los flujos comerciales y financieros, incluso en caso de escasez de dólares.

Basado en una canasta de monedas, cuyo número ha variado según las épocas, el valor del DEG también ha cambiado con el tiempo. Desde 2016, se tienen en cuenta cinco monedas: el dólar, el euro, la libra esterlina, el yen y el renminbi, sobre la base de ponderaciones separadas (2). La principal ventaja del DEG es su neutralidad política como instrumento de liquidez internacional. En efecto, la oferta de DEG no depende de la situación de la balanza de pagos de Estados Unidos. Se gestiona multilateralmente, bajo la égida del FMI.

En 2009, el uso del DEG recibió el notable apoyo del gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaochuan. En momentos en que el FMI acababa de realizar la mayor asignación de su historia (182.600 millones de dólares entre 2007 y 2009, frente a 9.300 millones entre 1970 y 1972 y 12.100 millones entre 1978 y 1981), Xiaochuan veía en la institución con sede en Washington las premisas de un banco central mundial capaz de gestionar la liquidez internacional la estabilidad de precios mundial como objetivo. Según esta visión, los DEG podrían considerarse una fuente de liquidez monetaria internacional complementaria, o incluso alternativa, al dólar. Al mismo tiempo, China y los países emergentes exigieron al FMI una revisión de los derechos de voto correspondientes a su nuevo peso económico.

El informe Stiglitz

Ese mismo año, el informe de Stiglitz para las Naciones Unidas sobre “La reforma del sistema económico en el marco de la crisis global” presentaba los DEG como “el mejor (…)

Artículo completo: 2 384 palabras.

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Dominique Plihon

Profesor de Economía Financiera en la Universidad de Paris XIII, presidente del Consejo Científico de Attac.

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