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Mis recuerdos del golpe

¡Levántense muchachos! Los marinos se han tomado Valparaíso. Con esas palabras, como a las cinco de la mañana, nos despertó el padre del “Chico Toro”, en cuya casa del cerro Barón nos alojamos la noche del lunes 10 de septiembre de 1973.

Habíamos viajado a Valparaíso, tres compañeros de Santiago (El “Chico toro”, el “Flaco Ruiz” y yo), para asistir a una reunión del Comité Regional del Partido Comunista Revolucionario (PCR), llevando también los últimos materiales y el periódico El Pueblo. La reunión se alargó y no alcanzamos a regresar a Santiago, como teníamos previsto, por lo que nos quedamos a dormir en Valparaíso.

Tras el aviso del golpe nos levantamos rápidamente y comenzamos a conversar sobre lo que teníamos que hacer ante una situación doblemente imprevista: un golpe de Estado y además nosotros en Valparaíso, lo que no estaba en absoluto contemplado.

Aunque todo el mundo hablaba de las posibilidades de un golpe de Estado (incluso la portada del periódico El Pueblo que andábamos trayendo alertaba sobre la asonada golpista que se preparaba) evidentemente enfrentar la realidad del golpe no era lo mismo.

Lo primero que hicimos fue “limpiar” los documentos en nuestras ropas y también en el auto, deshaciéndonos de cualquier elemento comprometedor. Llamamos a algunos contactos en Santiago y luego los tres camaradas nos trasladamos a la casa de la hermana del “Chico Toro” en el cerro Polanco. Allí discutimos si poníamos la bandera chilena en el frontis o no, decidimos hacerlo, para evitar problemas y disminuir las posibilidades de ser allanados.

En la casa nos dedicamos a escuchar las noticias en las radios chilenas y luego internacionales. Impresionante fue oír al presidente Salvador Allende señalar que había ordenado al Ejército dirigirse a Valparaíso para sofocar el intento golpista, lo que nos dio alguna esperanza. Más tarde escuchamos que el general Carlos Prats avanzaba con tropas leales desde el sur, pero pronto comprendimos que el golpe se había impuesto y que la resistencia fue menor de la esperada y era aplastada. Los últimos discursos de Allende nos impresionaron y con el tiempo tomaron aún mayor envergadura.

Conversamos intensamente toda la tarde y casi toda la noche ¿Qué sucedió? ¿Qué errores cometimos los sectores revolucionarios y qué errores cometió el gobierno? Pero siempre concluíamos que el golpe no se produjo por los errores sino por la determinación de las clases dominantes de defender sus privilegios a toda costa. El rechazo a las profundas reformas que promovió el gobierno de Salvador Allende hizo que los grandes empresarios y sus partidos políticos, junto a los Estados Unidos, impulsaron y apoyaron una conspiración de las Fuerzas Armadas, como ha quedado finalmente establecido por la historia, incluso reconocido por el Informe Church, del Senado estadounidense, sobre acción encubierta en Chile 1963-1973.

Esa noche del 11 de septiembre dormimos muy poco y el miércoles 12 nos despertamos temprano y seguimos reflexionando y viendo también qué hacer, tanto para conectarnos con los demás camaradas, especial preocupación teníamos por los compañeros campesinos y mapuches del Netuaiñ Mapu que, como confirmamos después, fueron ferozmente reprimidos. También debatimos qué debíamos hacer para enfrentar la nueva situación en que seguramente pasaríamos a la clandestinidad. Yo había terminado la carrera de periodismo en la Universidad de Chile, había hecho la práctica pero me faltaba el examen de grado, pero ya era evidente que no podría retornar a la universidad, pues era conocido como dirigente estudiantil, incluso había sido candidato a (...)

Artículo completo: 1 975 palabras.

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Víctor Hugo de la Fuente

Director de la edición chilena de Le Monde Diplomatique y de la editorial Aún Creemos en los Sueños.

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