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La solidaridad en tiempos de guerra ante la prueba del mercado

Amargos cereales ucranianos

Mientras que Rusia se retiró del acuerdo sobre los cereales ucranianos, amenazando los envíos por barco, Bruselas intenta mantener a toda costa los corredores protegidos, evitando que ciertos Estados miembro cierren sus fronteras a las exportaciones de Kiev. Más allá de la guerra en curso, esta crisis anticipa las consecuencias de una adhesión acelerada de Ucrania a la Unión.

El 12 de mayo de 2022, la Comisión Europea decretó una suerte de acoplamiento de urgencia de Kiev a la Unión Europea (UE). Bruselas anunció la puesta en marcha de “corredores de solidaridad” para eludir el bloqueo parcial de los puertos del Mar Negro por los que antes transitaba el 90% de las exportaciones agrícolas de Ucrania. Objetivo declarado: permitir que los cereales lleguen a sus mercados tradicionales del Norte de África y de Medio Oriente con el fin de garantizar la seguridad alimentaria mundial y apoyar la economía ucraniana. La Comisión llamó entonces a “los actores del mercado de la Unión a poner urgentemente a disposición los equipamientos, el material rodante, los vehículos, las barcazas y los barcos necesarios” e instó a “dar muestras de flexibilidad, agilidad y resiliencia para garantizar el funcionamiento de los itinerarios de transporte y de las cadenas de abastecimiento” (1). Entre la Unión Europea y Ucrania, los derechos de aduana, las cuotas y todas las dificultades financieras fueron repentinamente levantados. Bruselas alentó a los Estados miembro orientales a reducir a lo estrictamente necesario las formalidades en las fronteras y a aumentar sus capacidades de almacenamiento de los granos. La interconexión de las redes de transporte y la capacidad de las terminales de trasbordo mejoraron rápidamente. Un año más tarde, en mayo de 2023, la Unión anunció haber asegurado la exportación de 38 millones de toneladas de mercancías agrícolas, cereales y oleaginosas en su mayoría, por vía de esas nuevas rutas europeas (2). Y los europeos tienen la intención de reforzar el sistema tras la decisión tomada en julio por Rusia de retirarse del acuerdo sobre los cereales ucranianos que permitía el envío de cargamentos vía el Mar Negro. “Es absolutamente necesario mejorar y reforzar los ‘corredores de solidaridad’ a través de Europa”, declaró el 26 de julio pasado Luis Planas, ministro de Agricultura español, cuyo país asumió recientemente la presidencia del Consejo de la Unión Europea.

La celebración de ese éxito borra cuidadosamente a las víctimas colaterales del sistema. El 23 de mayo, agricultores húngaros, rumanos, polacos e incluso eslovacos manifestaban en Bruselas para mostrar a la Comisión que sus “corredores de solidaridad” no eran herméticos. Cientos de miles de toneladas de maíz y de trigo aparecieron en un mercado teóricamente protegido. La saturación de los silos y depósitos provocó una caída de los precios de las cosechas. A fines del mes de abril, el precio del trigo evidenció en Hungría una disminución del 31% en un año, y el del maíz, del 28% (3). En la mira: la lentitud del mecanismo de decisión de la Unión, que postergó la apertura del corredor ferroviario e inmovilizó en la región una gran parte de los granos. Como explica Tamás Petőházi, presidente de la Asociación de Productores de Cereales, en la primavera de 2022 contaban con “4 a 5 millones de toneladas de cereales ucranianos en Hungría. A partir del otoño, la demanda se desplomó, porque todos los compradores se volcaron hacia el maíz, el trigo y la cebada ucranianos”. Petőházi anticipa una persistente falta de “demanda de las producciones húngaras”.

Budapest denuncia un mecanismo mal concebido a la vez que impuesto a los Estados miembros. “El dumping cerealero ucraniano tornó imposible la supervivencia de los agricultores, porque perdieron sus mercados nacionales y europeos tradicionales”, explica en términos imprecisos el Ministerio de Agricultura húngaro en un comunicado. “La creación de los corredores de solidaridad partió de buenas intenciones –precisa el ministro, István Nagy–, pero con el afán de lucro, aparecieron comerciantes de cereales en el mercado y aprovecharon la disponibilidad de cereales ucranianos a mitad de precio, que almacenaron en Hungría y en los países vecinos” (4).

Competencia anormal

¿Pero quién puso en el mercado esos cereales que supuestamente solo deberían estar en tránsito? “Son los operadores, los cargueros, todo lo que forma parte del gran negocio y que pertenece al (...)

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Corentin Léotard

Periodista.

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