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La inteligencia estadounidense, las Panteras Negras y la Nueva Izquierda

Cómo se combatió la vigilancia estatal

Las recurrentes actuaciones judiciales entabladas en Francia contra los movimientos sociales, particularmente los ecologistas, se basan muy a menudo en la actividad de los servicios de inteligencia. Con la llegada de los años 1960, la vigilancia política de la “Nueva Izquierda” fue objeto en Estados Unidos de una feroz contestación. Desde entonces, esta cuestión se ha despolitizado en gran medida.

El 29 de septiembre de 1968, a un paso del campus de la Universidad de Michigan, en la pequeña ciudad de Ann Arbor, una detonación rompió el silencio de la noche. Cinco cartuchos de dinamita pulverizaron el centro clandestino de reclutamiento de la todopoderosa Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). Quince días después, le tocó el turno al edificio del Instituto de Ciencia y Tecnología.

La policía rápidamente estableció un vínculo entre los dos acontecimientos: el instituto era conocido por sus actividades de defensa clasificadas como secretas y desarrollaba sensores infrarrojos utilizados por el ejército estadounidense para rastrear a los guerrilleros en Vietnam o América Latina. ¿Los responsables? “Activistas antisistema”, aseguró entonces el jefe de la policía local (1).

Ann Arbor, vecina de Detroit, gran ciudad industrial de Michigan, era entonces uno de los principales centros de la contracultura en Estados Unidos. Fue allí donde, en 1962, Tom Hayden, entonces estudiante universitario, escribió el manifiesto fundacional de Students for a Democratic Society (Estudiantes por una Sociedad Democrática) (SDS), la organización emblemática de la Nueva Izquierda, un movimiento heterogéneo que se alzaba contra el orden capitalista, racista y autoritario que Estados Unidos encarnaba a los ojos de gran parte de la juventud. En la primavera de 1968, tras el asesinato del pastor Martin Luther King y de un joven líder de los Panteras Negras, Bobby Hutton, SDS se convirtió en partidario activo del Partido Panteras Negras (BPP, por sus siglas en inglés), asumiendo abiertamente su objetivo revolucionario. En 1969, SDS tenía casi 100.000 miembros. Bill Ayers, otra figura destacada de la organización en Ann Arbor, recuerda: “Algunos de nosotros militábamos en barrios pobres y de clase trabajadora, otros establecían contrainstituciones (escuelas, clínicas, cooperativas de trabajo)... y otros luchaban por la inscripción libre y gratuita de los estudiantes negros” (2).

Para las élites gobernantes, después del conformismo y del cerrojo ideológico del período de posguerra, la intensidad de la revuelta que entonces sacudió al país pareció verdaderamente asombrosa. Para hacerle frente, el presidente demócrata Lyndon Johnson dio vía libre en 1967 a los servicios de inteligencia para ampliar las medidas de vigilancia y las tácticas de desestabilización que tenían como objetivo a los grupos de la Nueva Izquierda.

El programa COINTELPRO (Programa de Contrainteligencia) – lanzado en 1956 por el Federal Bureau of Investigation (FBI) para “aumentar el faccionalismo, provocar desorganización y obtener deserciones” dentro del ya debilitado Partido Comunista estadounidense – se extiendió primero al movimiento antirracista. El gobierno apuntaba a grupos que el FBI consideraba de “odio negro”, incluidas las Panteras Negras, la Nación del Islam e incluso la Southern Christian Leadership Conference (Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC) de Martin Luther King. Las principales figuras de estas organizaciones fueron puestas bajo escucha telefónica o fueron presas de informantes y desinformación fomentados por el Bureau para obstaculizar su accionar (3). En octubre de 1968, COINTELPRO amplió su actividad a activistas de SDS y otros grupos etiquetados como “Nueva Izquierda” (4).

Capacidades informáticas

Por su parte, la CIA lanzó la Operación Caos, un conjunto de programas ilegales dirigidos a la disidencia interna. Esta fijación fue acompañada de otro cambio importante para el mundo de la inteligencia: la informatización. Su promesa de infalibilidad fría e impersonal alimentó el optimismo de los espías. Haciéndose eco de las justificaciones que hoy en día acompañan el despliegue de inteligencia artificial en el ejército y otras fuerzas del orden, el “plan a largo plazo” de la CIA, finalizado en 1965, aludía a la “explosión de información” que la agencia enfrentaba entonces y al “déficit de análisis” resultante –: desafíos que sólo la informática podía enfrentar (5). En un futuro cercano, prometían además los autores del plan, “será posible establecer relaciones entre diversos tipos de acontecimientos y de datos gracias a la aplicación de técnicas de correlación”, por ejemplo para (…)

Artículo completo: 2 083 palabras.

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Félix Tréguer

Investigador y miembro de La Quadrature du Net.

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